Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Internet en pocas manos

En los grandes negocios que giran alrededor de internet la libre competencia ya es parte del pasado. Gigantes tecnológicos como Google y Facebook concentran en sus manos el 75 por ciento de la publicidad en línea y con ello reciben fabulosas ganancias, gracias a la facilidad con la que acceden a los datos de sus usuarios. Las otras dos compañías que pisan fuerte en la gran red, Amazon y Apple no se quedan atrás y también utilizan la misma estrategia de comprar empresas más pequeñas para quitar de su camino a potenciales rivales.

Google por ejemplo, desde que se fundó en septiembre de 1988 no para de crecer; y como sucede con los gigantes que se mueven sin mayores regulaciones, compró cerca de 300 empresas tecnológicas, de las cuales la mitad podían representar una incipiente competencia para sus lucrativos negocios. La compañía de Mark Zuckerberg, a su vez, se quedó con unas 90 empresas para luego cerrar la mitad de ellas con el fin de evitar así cualquier atisbo de competitividad en un mercado cada vez más concentrado.

Este fenómeno de la concentración de internet en pocas empresas genera preocupación en expertos y activistas que ven cómo la idea inicial de una red abierta es amenazada por estas grandes compañías que, en pocos años, cambiaron la fisonomía de la gran red transformándola en un espacio cada vez más centralizado. Algunos especialistas responsabilizan a la falta de regulaciones que evitaran los comportamientos monopólicos que ahora exhiben Google, Facebook, Amazon y Apple y que cada vez acaparan más espacios y poder, gracias a un modelo de negocios que consiste en promocionar la gratuidad de sus servicios y ocultar el enorme aprovechamiento de los datos sobre preferencias personales y gustos que dejan inocentemente sus usuarios.

En julio pasado, el gobierno francés decidió avanzar con el cobro de un impuesto a estas cuatro empresas. “Francia es un Estado soberano, decide soberanamente sus disposiciones fiscales y seguirá haciéndolo” dijo el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, al rechazar las presiones de Estados Unidos para que el país galo no obligue a pagar un impuesto a Google, Apple, Facebook y Amazon, que consiste en un tributo de un tres por ciento sobre los ingresos declarados de estas cuatro empresas tecnológicas.

A esta altura de los acontecimientos, la tarea de regular la actividad de estos gigantes digitales no resultará sencilla, ya que las cuatro empresas tienen suficiente poder y dinero como para poner obstáculos a gobiernos y legisladores de todo el mundo. El investigador de la Universidad de Columbia, Timothy Wu, un estudioso de la libre competencia, no oculta su preocupación por el grado de concentración que exhibe hoy, casi sin pudor, la industria tecnológica. Asegura que, a juzgar por el actual estado de cosas en internet, la concentración de la red en unas pocas manos ha llegado a un punto que no duda en calificar como “extremo”. En ese sentido, observa que a Facebook, por ejemplo, le resulta cada vez más difícil identificar cuáles son sus competidores, simplemente porque los ha comprado a todos. Los usuarios más memoriosos recuerdan que cuando Google surgió en internet, el negocio de los buscadores contaba con la participación activa de empresas como Lycos, AltaVista y Yahoo, pero en estos días esos motores de búsqueda parecen estar en franca retirada si se los compara con la omnipresencia de Google en la red. Algo similar puede decirse del camino que siguió Facebook en la lucha por imponerse como red social, dejando de lado a rivales como MySpace y Friendster.

Un artículo publicado el año pasado en el periódico The New York Times, se advierte que más temprano que tarde se tendrá que decidir si Google, Facebook y Amazon son monopolios naturales que necesitan regularse, o si se permite que continúe el statu quo, fingiendo que los mercados sin restricciones no infligen daño a la privacidad de los ciudadanos y a la democracia. Debe coincidirse con lo que plantea el investigador de la Universidad de Columbia, Timothy Wu, cuando observa que, en rigor, no es cuestión de usar la legislación como arma, sino de aplicarla.

Te puede interesar