¿Qué salvará a la Argentina?
“Los pensamientos de los mortales son indecisos y sus reflexiones, precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime a la mente con muchas preocupaciones”, dice la palabra de Dios.

Sin embargo, dice la palabra de Dios también, que los caminos de los que están sobre la tierra se enderezan, cuando el hombre aprende lo que le agrada a Dios, es decir, cuando cumple su voluntad y se deja salvar por su sabiduría. De tanto en tanto la Argentina entra en una crisis que pareciera conducirla a un callejón sin salida, sin embargo, siempre se encuentra el modo de salir de lo que a veces parece una vía sin escape.
Dios es generoso con su pueblo y fiel y así ha sido a lo largo de todos los siglos. Sin caer en una fe mágica, esperando una salvación que nos venga de lo alto sin que nos comprometamos sinceramente con la transformación de la realidad, la sabiduría milenaria de la fe, esa gran fuerza transformadora de realidades nos muestra que quien pone su confianza en Dios, fruto de la fe, nunca resulta defraudado.
El don y los talentos crecen y se multiplican cuando son puestos
al servicio de la comunidad. Un don
existe para ser dado gratuitamente y en
abundancia a todos.
Poner la confianza en Dios supone básicamente también poner la confianza en nosotros, porque la inteligencia y la sabiduría que vienen de lo alto, toman forma real en nosotros. Al hombre se le han dado dones y talentos que Dios en su infinita sabiduría los ha dispuesto para el bien de los que ama, nosotros sus creaturas.
Esos dones y talentos deben ser puestos en movimiento y usados en bien de toda la comunidad, para que esos dones y talentos se multipliquen y fructifiquen en todo tipo de obras buenas. Dios nunca retira el don dado y está siempre esperando que ese don o talento se transforme en una herramienta eficaz que incida en la realidad para el bien de aquellos a los que él ha creado.
Tenemos problemas cuando los dones y talentos son utilizados no para el bien de todos, sino solo para el beneficio individual o particular de algunos pocos. El don y los talentos crecen y se multiplican cuando son puestos al servicio de la comunidad, cuando no es así, por carecer de la razón misma de su ser que es darse a todos, se empobrece y agoniza en un estado de infecundidad, porque el don es don para ser dado gratuitamente y en abundancia a todos.
Dice en otro pasaje la palabra de Dios: “Han recibido gratuitamente, gratuitamente den”. Pareciera que el gran drama de la humanidad tiene que ver con empeñarse en dar respuestas solo desde el punto de vista humano y solo desde sus capacidades intelectuales, sin pensar en ello como un don sobrenatural que viene de Dios. Si el hombre potenciara los dones sobrenaturales que Dios le ha dado podría verdaderamente producir un efecto positivo y transformador en la realidad.
“Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra y lo que está a nuestro alcance lo descubrimos con esfuerzo; pero ¿quién ha explorado lo que está en el cielo?, ¿y quién conoce tu voluntad si tú mismo no nos das la sabiduría y envías desde lo alto tu santo espíritu? La sabiduría milenaria nos dice que el hombre solo no puede y que es necesario que su humanidad se abra verdaderamente al sentido profundo y trascendente que tienen las cosas.
Por lo cual la vuelta a la interioridad parece un camino necesario para incidir de manera eficaz en lo exterior. Devolverles el alma a las cosas, es el amor. Todo lo positivo que podamos hacer por nosotros mismos y por el prójimo pasa por el reconocimiento de ese sentido trascendente que verdaderamente contiene toda la realidad.
Cuando el hombre comienza a hacerse autoconsciente de su condición de creatura y que es parte de un todo que tiene un sentido teleológico que lo supera, se vuelve humilde y dócil a esa sabiduría superior. Dice también la palabra de Dios que es en esa sabiduría que “vivimos, nos movemos y existimos”.
Responder solo materialmente a los desafíos y las preguntas que nos plantean el espacio y el tiempo es de muy corto vuelo y terminan siempre atrapados en el callejón estrecho de los pensamientos humanos. Necesitamos por tanto reflexión, discernimiento, y porque no decirlo también, oración.
Siempre que los lideres entraron en muchos casos exigidos por contextos de alta conflictividad social a reflexionar y discernir y a mirar la realidad no tanto desde afuera como desde el núcleo que desencadenan los fenómenos externos, supieron hallar soluciones adecuadas a las problemáticas más complejas.
¿Qué salvará a la Argentina? Líderes con sentido de trascendencia y con una espiritualidad que los lleve a la búsqueda de la propia interioridad de modo que la subjetividad sea superada por la mirada serena y amplia que da la reflexión, el discernimiento y la oración.
Este ejercicio de volver a la interioridad, para por así decir, leer la realidad desde una mirada más contemplativa, nos vendría bien a todos. Para dejar de lado la manera tan superficial, tan mediocre y tan irreflexiva con lo que enfrentamos e interpretamos todo, incluso a la hora de tomar decisiones que afectan la vida de millones.
Temas en esta nota

Día Mundial contra la Trata de Personas
30 de julio

La posible formación de Los Pumas para recibir a Sudáfrica
Partido en Buenos Aires

12.819.532.788.614.400.000%

Especialistas del Vaticano diseñan en Buenos Aires el operativo para una eventual visita del papa León XIV

La Argentina copó Times Square con un banderazo multitudinario

Por el partido Argentina - Inglaterra no habrá clases en el turno tarde y noche
Este miércoles 15











