Tensiones comerciales entre China y EEUU
Los equipos negociadores de Estados Unidos y China acordaron buscar una salida razonable al prolongado conflicto comercial entre ambas naciones, que alimenta un peligroso clima de incertidumbre en el comercio mundial. Según informó el Ministerio de Comercio del país asiático, los representantes de cada país se reunirán a principios de octubre en Washington para evitar una nueva escalada de la guerra comercial.
El conflicto entre las dos potencias tuvo como detonante las políticas económicas de fuerte proteccionismo de la administración Trump que, desde su llegada al poder en enero del año 2017, fue escalando hasta llegar a los últimos días con la imposición de un arancel del 25 por ciento a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, casi la mitad del total. Frente a ese avance estadounidense, China respondió con la aplicación de gravámenes similares por un valor aproximado a los 110.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses.
Analistas del comercio global señalaron que las políticas de Trump permitieron que EEUU equilibrara el intercambio comercial entre las dos potencias, que sigue siendo favorable a China. La semana pasada Trump dijo que los gravámenes no impactarán tanto a los consumidores del país por la caída en la moneda china, y a la vez pidió que las compañías estadounidenses busquen proveedores que no sean del gigante asiático. Una publicación del periódico The Washington Post señaló que, por primera vez desde que empezó el enfrentamiento comercial, los consumidores norteamericanos tendrán que enfrentar a partir de ahora aumentos de precios en el mercado doméstico norteamericano. De hecho, muchas empresas de EEUU ya anunciaron que se verán forzadas a trasladar a los consumidores el incremento de precios que tienen que pagar por las importaciones chinas.
Pero el problema va más allá de los intereses de China y EEUU. Expertos explican que las tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo afectarán también a los demás países y, en ese sentido, recuerdan que hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI), en sus últimas previsiones de crecimiento global, rebajó sus proyecciones de expansión global al 3,2 por ciento este año.
En los primeros días de octubre se realizará -como se dijo- una reunión en Washington de los equipos negociadores de Estados Unidos y China, pero mientras espera ese encuentro, el gigante asiático no se queda de brazos cruzados y presentó una queja formal contra Estados Unidos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), para protestar contra las sanciones que aplicó Estados Unidos a sus productos en el marco de la guerra comercial que mantienen ambos países. Expertos aseguran que esta movida es, en rigor, más que nada simbólica, ya que se descarta que tenga efectos jurídicos que puedan complicar a la administración de Donald Trump. De hecho, esta es la tercera vez que China presenta un reclamo de este tipo ante la OMC en protesta por las sanciones que aplica Estados Unidos a sus productos (en agosto y septiembre del año pasado hizo presentaciones similares), pero de todos modos la escalada en la guerra comercial viene provocando inquietud en inversores y amenaza con profundizar la caída de los mercados internacionales.
Hasta ahora, todo parece indicar que Estados Unidos es el que lleva la peor parte. En declaraciones a la cadena BBC, el ex asesor económico principal del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Gary Cohn, dijo que la batalla arancelaria impulsada por la Casa Blanca contra China ha tenido un “impacto dramático” en sectores como la agricultura, la manufactura y la inversión de capitales de Estados Unidos. También observó que China podría estar aprovechando la ofensiva arancelaria de Washington para desacelerar su economía sobrecalentada y advirtió que todo el comercio global pierde en una guerra comercial de esta magnitud.
En este complejo escenario global, la Argentina que deja la administración Macri, con indicadores preocupantes en materia de empleo, deuda externa y pobreza, tendrá mayores dificultades para retomar la senda del crecimiento, sobre todo porque el factor incertidumbre puede, en términos financieros, impactar en el programa de gobierno de la próxima gestión, más allá de quien resulte electo en los próximos comicios presidenciales de octubre.










