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El “efecto contagio” desvela al gobierno chino

En una demostración de constancia que ya roza lo heroico, el doceavo fin de semana consecutivo de protestas en Hong Kong mantiene espectacularmente en alto el masivo rechazo popular al gobierno prochino de la excolonia británica. (Por Rubén Tonzar)

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   Es la movilización más importante desde que Hong Kong fue reintegrada a China en 1997 con la consigna “un país, dos sistemas”. Esto comprometía a Pekín a mantener el sistema capitalista y las libertades democráticas en la ciudad, al menos hasta 2047.

   El intento de la gobernadora (nombrada por Pekín) de hacer votar una ley por el Parlamento (electo por los ciudadanos) para facilitar extradiciones al continente, desató la furia. El posterior retroceso, tardío y a las apuradas, no sirvió para detener lo que ya se había transformado en el reclamo generalizado de nuevas y viejas reivindicaciones. Recordemos que ya en 2014 el gobierno chino había logrado reprimir el intento de los ciudadanos de elegir su propio gobierno.

   Ahora alimentó la hoguera el reclamo de amnistía para todos los arrestados, la denuncia de excesiva violencia policial y, por supuesto, la exigencia de que renuncie la gobernadora Carrie Lam, amén de otras reformas democráticas que ella misma venía conteniendo. Peor aún, el gobierno vio brotar demandas sociales contra la pobreza (llega al 20% en una de las ciudades más ricas del mundo), la falta de vivienda, los bajos salarios y la inflación.

   No solo la persistencia, el ingenio y la audacia de los manifestantes sorprende en la excolonia inglesa, sino también el uso (más o menos disimulado) por parte del Estado de fuerzas de choque paraestatales reclutados entre grupos mafiosos que agredieron a los manifestantes en más de una ocasión.

   Los manifestantes respondieron ocupando el aeropuerto, interrumpiendo cientos de vuelos en uno de los principales hubs de Asia, logrando de esa forma transmitir al mundo entero sus reclamos, pero sobre todo a la población de China continental. Con carteles en caracteres chinos simplificados, interpelaban a sus compatriotas directamente gobernados por Pekín. Detalle notable, recibieron el apoyo de los miembros de las tripulaciones aéreas y del personal del aeropuerto.

   De allí la profunda preocupación del gobierno de Xi Jing Ping, que llegó a movilizar tropas a la frontera, y advirtió en forma nunca vista en Hong Kong, a las autoridades de la ciudad para que “ordenen” la calle. “El desorden compromete gravemente la prosperidad y estabilidad, excediendo el límite de lo aceptable”. Muchos rememoraron inmediatamente los hechos de Tiananmen en 1989 y la terrible represión. Claro que aplicar tal remedio en Hong Kong implicaría una crisis internacional y reacciones populares mucho más allá de las fronteras, hasta volverse un problema aún más grave que el actual para el gobierno chino. ¿Qué será peor? ¿Intervenir, o esperar? 

   En la brecha que abre ese dilema es que la movilización sigue creciendo. Empresarios locales y multinacionales radicadas en Hong Kong al principio apoyaron las protestas, en el entendimiento de que la ley de extradición podría perjudicar a los operadores (y sobre todo las operaciones) de un centro financiero y comercial del calibre de Hong Kong. Pero, a esta altura, ya temen que el conflicto se descontrole, y sobre todo que las reivindicaciones sociales más extendidas, como mejores salarios y condiciones de trabajo, terminen dominando la protesta, lo que una vez más tendría repercusiones internacionales impensadas.

   Justamente a ese respecto, vale la pena destacar la sobria y cautelosa intervención  de Donald Trump, sorprendentemente circunspecto para lo que le conocemos. Washington no se privó de criticar al gobierno chino, buscando obviamente ventaja en su guerra comercial, pero no tiene con Hong Kong el dinamismo ni la persistencia que aplican en Venezuela, en Siria, en la propia Europa. También calcula que un conflicto social y político en Hong Kong puede alcanzar explosivas dimensiones en todo el escenario internacional, ya sacudido por Puerto Rico, Sudán del Sur, los Chalecos Amarillos franceses, los manifestantes rusos, los británicos que protestan contra el “golpe de Estado” de Boris Johnson, etc. etc.

   Todo, en medio de una previsible nueva recesión internacional, con guerra comercial, guerra de monedas, y guerras de las otras. Son demasiados frentes.

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