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Una crisis anunciada que se ensaña con los más débiles

Los obispos que integran la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal se reunieron con el presidente de la Nación, Mauricio Macri, para expresar su preocupación por la delicada situación que vive el país y, a la vez, plantear la necesidad de dar respuestas a las demandas más básicas de los sectores de la población que más padecen esta prolongada crisis social y económica.

Es que la Argentina hoy, al cabo de varios años de ajustes y recesión, se ha transformado en un país más desigual. Basta caminar por cualquier barrio de cualquier provincia y hablar con la gente para comprobar el enorme daño que han provocado a los argentinos más vulnerables las políticas pro-mercado impulsada durante todos estos años por el macrismo, que alentaron la especulación financiera en detrimento de las inversiones productivas mientras se dejaba que se dispararan los precios de los alimentos. Así, en el país que produce nutrientes para 400 millones de personas, millones de chicos hoy no tienen asegurado un plato diario de comida.

La preocupación de los obispos está en sintonía con lo que el propio Papa Francisco había observado en relación a la necesidad de revisar las teorías económicas que sostienen que el libre funcionamiento de los mercados genera las condiciones necesarias para el crecimiento. “Algunos todavía defienden las teorías del derrame, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante lo más mínimo de dicho crecimiento”, advirtió el Papa ya en una de sus primeras exhortaciones apostólicas.

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, integrada por monseñor Oscar Ojea, el cardenal Mario Poli y monseñor Carlos Malfa, también planteó al presidente de la Nación la imperiosa necesidad de buscar soluciones a la grave crisis, con medidas que deben ir, necesariamente, más allá de la coyuntura electoral. “Que la campaña electoral no impida poner la mirada en las necesidades urgentes de muchos ciudadanos”, remarcaron los obispos.

A nadie escapa que la prolongada crisis social y económica que castiga al país causa padecimientos innecesarios en una amplia mayoría de la población que sufre la drástica caída del salario real, la pérdida de puestos de trabajo y el aumento constante de precios de los productos de la canasta básica. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), con datos de mayo pasado, para no ser pobre una familia necesitó 30.337 pesos, mientras que para no caer en la indigencia se necesitan 12.086 pesos. Después de todo lo que pasó en los meses siguientes con devaluaciones y remarcaciones de precios, no hace falta ser economista para comprender la gravedad de la situación. Llama la atención que en todos estos años el gobierno nacional y sus aliados no hayan percibido la magnitud del problema. El precio del litro de leche le ganó al algoritmo, observó acertadamente un analista político tras conocerse el resultado de las PASO. La frase sintetiza la grave desconexión de la realidad que parece sufrir la conducción de la alianza Cambiemos, muy apegada a encuestas, timbreos armados y redes sociales, pero con muy poco contacto con la gente que vive lejos de los barrios cerrados y más allá de la General Paz. Parece que nadie avisó en Balcarce 50 que, por ejemplo, uno de cada tres niños del conurbano bonaerense sufre problemas para acceder al agua potable y a una alimentación que brinde los nutrientes indispensables para el desarrollo, como advierte un relevamiento realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica y la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires.

En este mismo espacio, en junio del año pasado, se advertía que el país se encaminaba “hacia una etapa con mayor recesión económica y con una inflación que golpeará con extrema dureza a los sectores más vulnerables de la población”. También se advertía entonces que “mientras los voceros del gobierno nacional cumplían a rajatabla la tarea de maquillar el auxilio financiero del FMI como un éxito de la gestión de Cambiemos que invita al optimismo, la triste realidad que se palpa en la calle confirma que no hay nada para celebrar”. “Una economía con rumbo de colisión”, se titulaba aquella columna a la que el tiempo, lamentablemente, le ha dado la razón.

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