A 75 años de la Liberación de París
La liberación de la capital francesa, ocupada desde junio de 1940 por los nazis durante la II Guerra Mundial, fue obra de una confluencia de fuerzas de muy diversa procedencia. Comenzó diez días antes, con la sublevación de la Resistencia (Maquis) dentro de la ciudad.
Más tarde, la Brigada 9 de Republicanos españoles, encuadrada en la División Leclerc, obligó a la rendición de los altos mandos alemanes, e hizo de punta de lanza para la entrada de la 4a División de Infantería estadounidense, que consolidó la victoria.
¡Libertad, libertad querida,
Pelea junto a tus defensores!
¡Que tus enemigos moribundos
Vean tu triunfo y nuestra gloria!”
(La Marsellesa)

Con la Liberación de París fue liquidada la República de Vichy, el sector francés colaboracionista de los nazis, y se consolidó el Gobierno Provisional de la República, con el general Charles de Gaulle al frente. Además, de Gaulle pasó a ser el emblema del renacimiento de Francia, dejando sin crédito las pretensiones estadounidenses de emplazar a un político francés de su confianza con el que entenderse.
La batalla por (eludir) París
A pesar del avance arrollador de los Aliados desde el desembarco en Normandía (6 de junio de 1944), la batalla por desalojar a los nazis de la capital fue relativamente prolongada. Tomar París era un problema dual para los Aliados, militar y logístico. En lo militar, el general Eisenhower y su estado mayor consideraban que lo mejor era llevar las tropas directamente hacia la frontera alemana, sin desvíos hacia el sur, para aprovechar mejor la dispersión de la Wehrmacht tras la batalla de Normandía.

Los estadounidenses ya competían contra las tropas soviéticos por ver quién llegaba antes a Berlín, y suponían que un desvío hacia París podía perjudicar ese objetivo. En cuanto a la logística, los 5 millones de habitantes de París obligarían a desviar gran parte de la carga de suministros que se remitían a Francia, al menos mientras no se consiguiera liberar otros puertos importantes (por entonces, Cherburgo y Brest continuaban en manos alemanas).
Por su lado, el Gobierno provisional de la República Francesa, encabezado por el general Charles de Gaulle, pretendía la inmediata recuperación de su capital para poner definitivamente a Francia en igualdad de condiciones con el resto de los Aliados en la ofensiva contra los nazis. Los EEUU y el Reino Unido no estaban interesados en conceder esa ventaja política, y preferían que el territorio francés quedara bajo el control del Gobierno Militar Aliado para los Territorios Ocupados (AMGOT, por sus siglas en inglés), al menos mientras el Partido Comunista Francés siguiera siendo una fuerza importante en el Maquis.

La sublevación de Varsovia
La clave para la salida del laberinto, como suele suceder, vino de arriba. El 1 de agosto se había iniciado la sublevación de Varsovia, la mayor rebelión civil contra la Alemania nazi, que esperaban liberar Polonia antes de la llegada de las tropas de Stalin. Inspirándose en la forma y en el objetivo, De Gaulle y su estado mayor ordenaron a las Fuerzas Francesas del Interior (las FFI, que desde hacía poco encuadraban a gran parte de las fuerzas del Maquis) la preparación de una insurrección en la ciudad. La idea era, en primer lugar, una victoria de la insurrección para establecer un gobierno civil francés antes de que Eisenhower entronizara un AMGOT en el territorio francés. O, en el peor de los casos, si se fracasara y los nazis lanzaran represalias, obligar a los aliados a acudir en ayuda de la ciudad rebelada.
Huelga general
El comunista Henri Rol-Tanguy dirigía las FFI en la Isla de Francia, junto con el delegado militar Jacques Chaban-Delmas designado por los gaullistas. Aun con pocas armas y movilidad, y sin radios, fueron capaces de rodear los núcleos de vigilancia alemanes el 12 de agosto. El 13 salieron a la huelga los trabajadores del subterráneo y el 15 se sublevaron la Gendarmería y la Policía. El correo fue a la huelga el 16, y Rol-Tanguy mandó a requisar vehículos para blindarlos para la batalla.

Ese mismo día, el comando Aliado llamó a cancelar la revuelta, ya que finalmente había decidido ocupar París en los primeros días de septiembre. Los gaullistas razonaron que si se replegaban, la iniciativa de la sublevación quedaría en manos de los comunistas, por lo que resolvieron seguir a Rol-Tanguy cuando el 17 de agosto llamó a lanzar una lucha más intensa. Ese día se conoce como “la gran huida de los alemanes”, pues el mando nazi, a la vista de la creciente sublevación, decidió empezar un éxodo, y extensas caravanas (llevando también muchos tesoros artísticos) dejaron París.
Guerra civil
El 18 de agosto el Partido Comunista declaró la huelga general en la ciudad y ordenó levantar barricadas para dificultar los desplazamientos alemanes. De las escaramuzas se pasó a las batallas calle a calle con las tropas alemanas, que fueron ganando en virulencia día a día. Luego de un extenso combate, los sublevados tomaron la Prefectura de Policía.

El día 23, Dietrich von Choltitz, comandante alemán de París, recibió orden de Hitler para destruir la ciudad. El Fuhrer pensaba transformar la batalla de París en otra Stalingrado. Pero tanto von Choltitz, como la mayoría de sus oficiales, creían que se trataba de un daño inútil: el grueso de las tropas alemanas pertenecían a logística y administración, y no estaban siquiera en condiciones de empezar una resistencia de tales características, mucho menos con casi toda la población en contra.
Mientras tanto, en las afueras de París aumentaban las escaramuzas y emboscadas perpetradas por los Maquis. Aunque tenían un parque de municiones muy insuficiente y no podrían haber mantenido semejante lucha por muchos días, les bastó para forzar la decisión del general De Gaulle, quien autorizó al general Leclerc, comandante de la 2a División Blindada francesa a avanzar aceleradamente hacia la ciudad sin esperar la conformidad del mando Aliado. Se estima que entre 800 y 1.000 combatientes del Maquis murieron durante la Batalla de París, y otros 1500 fueron heridos.
Liberté!
Del asalto a París propiamente dicho fueron protagonistas activos miles de españoles republicanos exiliados, la mayoría anarquistas, como combatientes del Maquis o como integrantes de “La 9”, el grupo de elite de la 2a División Blindada francesa. Desde el 21 de agosto, sin apoyo aéreo de los aliados, “La 9” había encabezado un avance de 200 km, rodeando por el sur las posiciones defensivas alemanas al oeste de París. En cada pueblo eran recibidos por auténticas explosiones de júbilo popular. Combatieron sin dormir por dos días y dos noches. Ellos fueron el primer batallón aliado que rompió la línea defensiva de la Wehrmacht y penetró en París por la Puerta de Italia, a unos 7 km al sur de Notre Dame, cuando caía la noche del 24 de agosto.

Unos 150 antiguos miembros del Ejército Popular Republicano comandados por Amado Granell, exmayor de Milicias de esa fuerza, con uniformes y armamento norteamericanos, llevaron sus blindados Cosaco, Madrid, Pingüino, Teruel, El Ebro, Guernica, Resistencia, Santander, España Cañí, Almirante Buiza, Guadalajara, Don Quijote, Brunete, Nous Voilà, Cap Serrat y Tunisie hasta L’Hôtel de Ville de París, lo rodearon y establecieron una formación defensiva para rechazar cualquier contraataque de los nazis. Junto a la bandera francesa con la cruz de Lorraine izaban la tricolor republicana española, igual que en cada una de sus blindados Sherman. “¡Son los franceses, los franceses de Leclerc!”, los vivaba la multitud y cantaba La Marsellesa, aunque en verdad “La 9” estaba formada ahora por poco más de cien españoles exiliados. Dos decenas de ellos habían caído en aquella ofensiva. Más atrás, sí, venía la 2a de Leclerc, barriendo los últimos focos nazis en la zona.
La 4.ª División de Infantería estadounidense, mientras tanto, entró por la puerta de Italia, el 25 de agosto. Con varios agentes de la Resistencia como guías, trepados a los blindados o manejando motocicletas, las tropas Aliadas llegaron a las puertas del Louvre, en la rue de Rivoli, sin dejar de mantener combates por toda la ciudad con tropas alemanas que rechazaban la rendición. Hubo incluso intercambio de disparos de artillería en cada recodo del Sena, lo que se intensificó por la noche, y un último intento alemán de contraataque con autoametralladoras y carros de combate que dejó numerosos muertos.
El Estado Mayor alemán, incluido el general Dietrich von Choltitz, había sido apresado la madrugada del 25 por los españoles Francisco Sánchez, Antonio Navarro y Antonio Gutiérrez, soldados de Amado Granell. La firma de la rendición de la guarnición alemana de París fue en Montparnasse, la tarde del 25. De todos modos, siguieron algunos combates en varios sitios, sobre todo con tropas de las SS que rechazaban la capitulación de von Choltitz, también a cargo de los soldados de “La 9”, esta vez con apoyo de tanques estadounidenses.
El mismo 25, el general Charles de Gaulle, jefe del Gobierno provisional de la República francesa, llegó al Ayuntamiento, desde donde dijo a la población su histórico discurso: “¡París ultrajada! ¡París destrozada! ¡París martirizada! Pero París ha sido liberada, liberada por ella misma, liberada por su pueblo, con la colaboración de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la colaboración de toda Francia, de una Francia que lucha, de la única Francia, de la verdadera Francia, de la Francia eterna”.











