Grave deterioro del sistema científico
La decisión del gobierno nacional de continuar con severos ajustes sobre las distintas agencias y organismos que llevan adelante proyectos de ciencia, tecnología e innovación ha provocado la lenta agonía del sistema científico argentino. Una sola cifra basta para graficar el abandono de este sector, que en todo el mundo es clave para el desarrollo: el presupuesto de este año representa un 33 por ciento menos que el asignado en 2015.
El doctor en Física e historiador Diego Hurtado es autor del libro “La ciencia argentina. Un proyecto inconcluso”. En esta obra sintetiza, de alguna manera, el drama que padece un sector que en los países más desarrollados está fuera de toda discusión. En esa obra, Hurtado repasa las diferentes etapas del desarrollo científico argentino, desde la oscura década del 30 hasta estos días y advierte que por diversas razones, la Argentina no pudo o no supo generar políticas a largo plazo de ciencia y tecnología. Según este autor, uno de los mayores problemas que tuvo el país para desarrollarse en este sector fue la falta de vinculación entre investigación y sociedad; a lo que habría que agregarse el desconocimiento o desinterés de algunas figuras políticas hacia la producción científica nacional. En ese sentido, el exabrupto del ministro de Economía de la Nación de los años 90, Domingo Felipe Cavallo, que descalificó el trabajo de los investigadores fue, tal vez, una de las expresiones más claras de ese desinterés. Vale detenerse un momento en una reflexión que hizo hace poco el mismo Hurtado en el segundo cabildo abierto por la Ciencia que se realizó en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular, de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, ante directores de institutos de investigaciones, el historiador recordó que en los países desarrollados, la alternancia democrática no pone en tela de juicio los objetivos de largo plazo en ciencia y tecnología. “Hay sectores que no se pueden refundar, porque requieren de continuidad”, sostuvo.
Es que los países que más invierten en ciencia y tecnología son, precisamente, las naciones que han alcanzado un gran desarrollo. Israel, por ejemplo, invierte el 4,21 por ciento de su PBI; Corea del Sur el 4,5 por ciento y Japón el 3,47 por ciento. En la Argentina, en tanto, desde que comenzó la gestión del presidente Macri, se pasó de un 0,58 por ciento a un 0,28 por ciento.
El doctor, Fernando Stefani, vicedirector del Centro de Investigaciones de Bionanociencias, un centro fundado por el Conicet el 6 de septiembre de 2012, que tiene como objetivo la investigación y manipulación de sistemas biológicos a nivel nanoscópico, advierte que entre los años 2016 y 2017, por ejemplo, la inversión total en investigación y desarrollo que se volcó en todo el país fue de 3.500 millones de dólares, esto es lo mismo que invirtió en Estados Unidos solo el Instituto Tecnológico de Massachusetts a lo largo de 2018.
No es casual, entonces, que frente al desalentador panorama del sistema científico nacional, investigadores de todo el país hayan expresado su preocupación por la decisión de la gestión de Cambiemos de desfinanciar todo lo que esté relacionado con ciencia e investigación en la Argentina. En lo que va del año se realizaron movilizaciones y debates, con la participación de científicos e investigadores, en distintas provincias y en la Ciudad de Buenos Aires bajo la consigna “No a la extinción de la ciencia argentina” para denunciar las políticas de desmantelamiento aplicadas por el gobierno nacional sobre el sistema científico. En uno de esos encuentros, el director del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular, Marcelo Rubinstein, denunció que el sistema nacional de ciencia sufre “serios déficits y postergaciones muy grandes que podrían llevar a un colapso, a una catástrofe”. “Los valores de nuestros salarios, los subsidios que recibimos, el funcionamiento de los institutos y el dinero para insumos han disminuido drásticamente. No podemos hacer nuevos experimentos ni relacionarnos con colegas del exterior”, explicó. Es de esperar que, más allá de los resultados que arrojen las urnas en octubre, la próxima gestión nacional tenga la firme decisión de respaldar el trabajo de científicos y técnicos con políticas de Estado que permitan revitalizar la labor de quienes, desde sus laboratorios, pueden aportar valiosos conocimientos para volver a colocar a la Argentina en la senda del desarrollo.










