El desafío de estudiar y aprender de adultos
El Centro de Educación Secundaria para Adultos Nº 8 de la ciudad de Corrientes atrajo en los últimos días la atención de los medios por una buena noticia: una estudiante de ese establecimiento, de 63 años, obtuvo el mejor promedio y por eso fue distinguida como abanderada. Se trata de la alumna Delia Acosta, cuya vida de esfuerzo y perseverancia es un ejemplo digno de imitar.
La Unesco recuerda que el aprendizaje en la edad adulta beneficia a las personas que aceptan el desafío de continuar sus estudios, al darles los conocimientos y las competencias para mejorar sus vidas. Pero también favorece a sus familias, comunidades y sociedades. La educación para adultos, observa el organismo internacional, desempeña un papel importante en la lucha contra las desigualdades en todo el mundo. En la Argentina, desde el regreso de la democracia, la modalidad se afianzó dentro del sistema educativo de la mano del concepto de educación permanente, aunque debe reconocerse que no siempre fue considerada una prioridad dentro de las políticas educativas nacionales.
“El concepto de educación de adultos está pasando rápidamente de ser una actividad opcional o voluntaria a un requisito esencial que apoya los patrones cambiantes de la sociedad vida saludable, sostenibilidad y recuperación económica. El aprendizaje y la educación de adultos, por consiguiente, tiene que ser un modo de aprendizaje planificado de forma minuciosa pero flexible para una comunidad de educandos mucho más amplia y más extensa”, dijo el entonces director del Instituto de la Unesco para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (también conocido como UIL, por sus siglas en inglés), Kabir Shaikh, en su discurso inaugural de la última Conferencia Internacional de Educación de Adultos que se realizó en Corea del Sur.
Delia Acosta recibir á a fin de año su título secundario, que llegará a sus manos después del enorme esfuerzo que significó obtener las mejores notas siendo, a la vez, madre, abuela y responsable de las tareas en el hogar, un trabajo que, como se sabe, no suele ser reconocido y mucho menos remunerado.
En ese sentido, vale recordar que la Encuesta de Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para dar cuenta de las actividades productivas no remuneradas que se realizan en los hogares, reveló que a nivel nacional el 76,4 por ciento del tiempo total dedicado al trabajo doméstico no remunerado lo realizan las mujeres. Según ese sondeo, la dedicación de un promedio de siete horas diarias por parte de las mujeres para poder llevar adelante las tareas mencionadas, independientemente de la ocupación, el nivel educativo alcanzado o la situación conyugal, resulta un factor condicionante a la hora de analizar las oportunidades de una participación igualitaria en la vida laboral, educativa y social de las mujeres.
Por todo esto es que el ejemplo de Delia Acosta debe servir de inspiración para las nuevas generaciones y también para llamar la atención sobre la necesidad de promover, a través de políticas públicas, el acceso a la educación de las mujeres, haciendo hincapié en aquellas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad social y económica. Ojala que esta madre y abuela de 63 años, que está a un paso de terminar la escuela secundaria como abanderada, logre continuar con los estudios de nivel superior. De de hecho, ha expresado su deseo de hacerlo.
La sociedad, en tanto, debe acompañar y alentar también a los estudiantes jóvenes que, a pesar de pertenecer a grupos vulnerados, se esfuerzan para completar sus estudios. Y para quienes lo intentaron y, por diversas razones, abandonaron la escuela, el ejemplo de Delia también es válido.
En la Argentina de hoy, que sufre un incremento de personas en situación de pobreza (según un estudio de la Universidad Católica Argentina el 33,6 por ciento de los argentinos son pobres), es fundamental que el sistema educativo tenga en cuenta este difícil contexto y sea más inclusivo, brindando una especial contención a las alumnas que son madres, de manera tal que puedan superar las barreras sociales y culturales, como las de género. De lo que se trata, en definitiva, es de garantizar la paridad en el sistema educativo. Al aceptar el desafío de estudiar de grande, Delia Acosta demostró que ese camino es posible.










