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La grave deforestación en la Amazonia brasileña

El mundo comienza a mirar con preocupación el avance de la deforestación que pone en riesgo el mayor bosque tropical del planeta: la Amazonia brasileña. Distintas organizaciones ambientalistas coinciden en alertar que el problema se agravó a partir de la llegada a la presidencia de Jair Bolsonaro, y de su decisión de relajar los controles para evitar la tala indiscriminada, la minería a cielo abierto y la explotación ganadera ilegales.

No son pocas las voces que alertan sobre el daño que se está provocando a este verdadero pulmón verde del planeta. Desde el Vaticano, el Papa Francisco expresó su preocupación por lo que está ocurriendo y señaló que la selva está amenazada “por los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes de la sociedad”. “Es de la Amazonía de donde proviene gran parte del oxígeno que respiramos”, recordó el jefe de la Iglesia Católica y advirtió que “deforestar, por lo tanto, significa matar a la humanidad‘. El Sumo Pontífice dijo, además, que los responsables políticos deberían “eliminar su propia connivencia y corrupción” y “asumir responsabilidades concretas”, como en el caso de las “minas a cielo abierto” que envenenan el agua y causan muchas enfermedades. También manifestó su inquietud por el hecho de que el 29 de julio pasado ya se hayan consumido todos los recursos renovables del planeta para este año, lo que demuestra la magnitud del problema. Advirtió, por otra parte, que fenómenos como el derretimiento del hielo en Islandia y Groenlandia, los incendios en Siberia, el aumento de los residuos plásticos en el mar y el riesgo de que suba el nivel del mar, confirman que el planeta está experimentando “una emergencia global”. Cabe recordar que en octubre próximo se realizará en el Vaticano el Sínodo sobre la Amazonia, que es definido como un proyecto eclesial, cívico y ecológico que pondrá la lupa sobre los problemas de una de las una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, que concentra más de un tercio de las reservas forestales y de agua dulce del mundo.

También el gobierno de Alemania reaccionó ante los daños que sufre la Amazonia brasileña, disponiendo la suspensión de aportes por 35 millones de euros en fondos destinados a Brasil para financiar proyectos de preservación en la selva amazónica. Según explicaron las autoridades alemanas, la decisión se tomó a raíz de la creciente deforestación que afecta a esa región y que, según un reciente informe del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, basado en datos aportados por su sofisticado sistema de detección de deforestación en tiempo real, la deforestación en la Amazonia brasileña alcanzó los 2.254,8 kilómetros cuadrados en julio, un volumen un 278 por ciento superior a la del mismo período del año anterior. Organizaciones que trabajan por la conservación del ambiente bautizaron al problema como “efecto Bolsonaro”, para graficar el daño que provocan actividades como la minería, la explotación ganadera y maderera sobre la Amazonia brasileña, por la falta de controles en estos temas que caracteriza a la gestión del ex capital del Ejército brasileño. Por otra parte, la BBC reveló que un alto funcionario brasileño, que prefirió mantener su anonimato, dijo que desde que Bolsonaro asumió la presidencia, la deforestación ha empeorado en Brasil. Según esa fuente, la administración que lleva adelante el mandatario -que prohibió a sus funcionarios hablar sobre temas ambientales- no solo ha pasado a la conservación a un segundo plano en la agenda oficial, sino que hoy la deforestación directamente ‘se fomenta”.

La organización Greenpeace, en tanto, observó que la dieta que predomina en el mundo occidental tiene mucho que ver con lo que pasa en la Amazonia, ya que la expansión del cultivo de soja en Brasil se debe en gran medida a la demanda internacional de forrajes que la ganadería industrial necesita para alimentar los pollos, cerdos y vacas, que forman parte de dietas excesivamente ricas en proteína de origen animal.

La Amazonia es, como se dijo, el mayor bosque tropical del mundo y como tal, juega un papel decisivo para el futuro del planeta. Es de esperar que la protección de este valioso e insustituible pulmón verde sume el compromiso de la comunidad internacional, para evitar que la deforestación siga afectando su, hasta ahora, enorme capacidad de absorción y almacenamiento de dióxido de carbono, y dañando su rica biodiversidad. También es necesario que se respete a las comunidades indígenas que viven en esa región y que fueron las primeras en denunciar la degradación de la selva.

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