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Para el campo, el “PASO” es producir

El campo, a través de diferentes medios, en todo el país, ha hecho catarsis luego del resultado electoral del domingo último en las elecciones PASO. Muchos enojados, muchos indignados por este resultado en el sector agropecuario, es lo que se reporta de la mayoría de los grupos de productores, pero el chacarero tiene por arte y oficio producir. Y en esto, no hay marcha atrás.

Entonces sí, esto se convierte en una buena noticia. La historia argentina así lo demuestra, que el campo a pesar de las adversidades no bajo nunca los brazos. Los productores de Chaco, Corrientes y del norte de Santa Fé, golpeados por las inundaciones, en este año así también lo han demostrado y esto implica que hay esperanzas en uno de los motores de la economía regional, porque sin créditos a tasas razonables, con escasa asistencia estatal, con caminos en malos estados como en la zona de Cañada Ombú, sigue apostando por la producción.

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Algunos números

A esta altura de la situación coyuntural que vive el Chaco, para la campaña 2019/2020, se lograron sembrar 110.131 hectáreas de trigo, de una estimación de 123.200. Es decir, que se cumplieron las expectativas habida cuenta del cachetazo que dio el clima en distintas regiones productivas.

En tanto, de las 323.200 hectáreas que se estiman se implanten de girasol, ya se sembraron 71.750 hectáreas.

¿Será la oportunidad para el algodón? Los productores van analizando la situación del clima pero también de los mercados, en momentos en que la Argentina vive una situación complicada de incertidumbre en el campo económico y financiero.

El sembrador salió a sembrar

La parábola bíblica podría adaptarse a lo que sucede con nuestros agricultores chaqueños, el clima y la tierra. El sembrador salió a sembrar trigo-dice la referencia-. Mientras sembraba, algunas semillas cayeron en el camino. Poco después vinieron unos pájaros y se las comieron. Otras semillas cayeron en un terreno con muchas piedras y poca tierra. Allí pronto brotaron plantas de trigo, pues la tierra era poco profunda. Pero las plantas no vivieron mucho tiempo porque no tenían buenas raíces, y se quemaron cuando salió el sol.

Otras semillas cayeron entre espinos. Cuando los espinos crecieron, apretaron las espigas de trigo y no las dejaron crecer. Pero otras semillas cayeron en tierra buena y produjeron una cosecha muy buena.

El mercado internacional, las condiciones de los consumidores del sudoeste asiático, el clima, y la incorporación de un paquete tecnológico que permitió pensar en siembras en mayor escala, hicieron que –apelando a la parábola- la semilla del sembrador cayera en buena tierra y se produjeran mejores cosechas.

De la vieja pick up F-100, don Romildo Samcsuk pasó a una Hilux cuatro por cuatro. Valerio, de Bajo Hondo, de su vieja mochila pulverizadora pasó a tener un “mosquito” fumigador, y Darío, de la zona de Avia Terai, de ser acopiador de algodón pasó a prestar servicio a terceros para lo se compró una cosechadora, una sembradora directa y un fumigador de gran porte. Muchos recuperaron sus casas en Sáenz Peña, otros se animaron e invirtieron en la construcción de departamentos para alquilar a estudiantes. Y todo porque la semilla cayó en tierra buena.

Unos si, otros no

Sin embargo, hay quienes sembraron y sus semillas cayeron en terreno con muchas piedras y poca tierra. Las plantas crecieron rápido, pero no vivieron mucho tiempo porque al no tener buenas raíces, y se quemaron cuando salió el sol. En este segmento, ubicamos a los medianos productores que no pudieron –por las más diversas razones—a un paquete tecnológico para un mejor aprovechamiento de lo que tiene para producir. Muchos vendieron sus campos, compraron casas en la ciudad y ahora son “ex productores”, algunos desocupados. Unos resisten, casi estoicamente, como esperando que las cosas pasen por si solas. Otros, como don Miguel Ruta, trata de diversificar pero no le alcanza para comprar máquinas nuevas, le cuesta el doble aplicar siembra directa, y sigue andando en la vieja Pick up.

Pero eso no es todo, hay quienes sembraron en el camino, vinieron los pájaros y se comieron las semillas. Allí ubicaríamos a los pequeños productores, a los minifundistas, a los que siembran una ó cinco hectáreas de algodón, pero si no es el picudo que les destruye la esperanza de recolectar, es el clima, ó los propios bajos rindes. Y en el mejor de los casos, no le alcanzaría para su propia subsistencia.

Sin embargo, el sembrador (léase el productor) sigue apostando e insiste con la producción, sea Alberto Fernández o Mauricio Macri el presidente de la Nación, porque en estas PASO, han demostrado muchos de ellos que luego de votar, han seguido cosechando algodón, como Sergio Struss en Las Breñas, o cortando alfalfa como German Sanko, de Colonia Necochea, también de la zona de La Capital del Inmigrante.

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