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Un chaqueño que cumple su sacerdocio a 17.500 kilómetros de casa

Gustavo Benítez nació en Resistencia y se instaló en Nom Pen, Camboya, para servir a personas con necesidades. Cómo fue su paso como laico y sacerdote.

Fotos: Miguel Romero y de Gustavo Benítez

Estar lejos de casa suele ser difícil. Un viaje a un país limítrofe de vacaciones puede servir para distenderse unos días después de un año de arduo trabajo. Sin embargo, hay personas que en la vida les pasa exactamente al revés. Y no en un país limítrofe. 

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El sacerdote en una entrevista en el salón de NORTE.

Es el caso de Gustavo Benítez, quien pasa casi todo el año en Camboya, un país del sudeste asiático, precisamente en su capital, Nom Pen. Y regresa sólo unos pocos días a su lugar natal para reencontrarse con la familia y amigos.

Gustavo nació en Resistencia hace 47 años, es hijo del barrio Villa Alta, y dedica su vida al sacerdocio, a servir en Camboya, a más de 17.500 kilómetros de Resistencia.

Tras realizar sus estudios en profesorado en Educación Especial (para personas con discapacidad mental) en el Instituto San Fernando Rey, viajó a la capital de ese distante país como laico a través de una ONG, permaneciendo allí entre el 2000 y el 2002.

“En el 2000, la vida en esa comunidad era difícil, apenas recuperándose de la dictadura del genocida Pol Pot y con una capital devastada. Esta experiencia marcó mi vida como persona y luego como sacerdote”, introduce Gustavo en una charla con NORTE.

“Con esta organización teníamos un centro de día y acogíamos niños, jóvenes y adultos con discapacidad”, repasa.

Luego, continuó sus estudios teológicos en Roma, Italia. Vuelve a Resistencia, y en 2009 se ordena sacerdote en la Catedral de Resistencia. Es así que siete años después regresa a Nom Pen, con una realidad distinta, tanto para él como para la capital.

Ese año volvió ya como sacerdote para hacer su misión y el país había cambiado. Con signos de recuperación, vio cómo una comunidad resurgía de las cenizas.

“Pertenecía a un instituto misionero de Canadá, del cual tuvo representación en Resistencia por más de 40 años. El párroco era un cubano que había estudiado en ese país de Norteamérica y era sacerdote de la capilla San Cayetano (San Buenaventura de Monte Alto 55, Resistencia), la parroquia donde pertenezco”, señala Gustavo.

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Gustavo Benítez fue ordenado sacerdote en 2009 en la Iglesia Catedral de Resistencia.

Con voz serena, armoniosa, ademanes calmos, cuenta que mientras trabajó con la ONG en Camboya, asistían a chicos con discapacidad brindándoles información, talleres, o lo que pudiesen necesitar. “Yo en ese momento si bien tenía contrato con el instituto canadiense de sacerdotes no tenía de título de sacerdote”, aclara.

Recuerda que los laicos debían buscar algún trabajo para subsistir, ya que la Iglesia pasaba muchas necesidades en el país asiático.

“Era un cristiano común con la inquietud de poder misionar, así fue que firmé un contrato por seis años de servicio en Camboya y en 2009 regresé a ese país como sacerdote”, recalcó.

Primer vistazo

La llegada de Gustavo a Nom Pen fue en el 2000 a los 28 años. La ciudad no se veía en su mejor versión.

-En tu primera visita ¿con qué te encontraste?

Hay que tener en cuenta que yo llegué en el 2000, cuando hubo un golpe de Estado sólo tres años atrás. Se venía de años y años de guerra, tras la asunción del genocida Pol Pot en la década del 70. Aniquilaron, mataron, devastaron la ciudad. Todo, las iglesias católicas, monasterios budistas. Su objetivo era comenzar un país de cero.

El dictador invadió la capital y obligó a los residentes a salir al campo, a las plantaciones de arroz, el principal motor productivo de Camboya.

Encontré una ciudad devastada, con calles sin construir, poca señalización.

-¿Cuál es el humor de los pobladores?

Al principio sentí desconfianza en la gente. Al turista lo reciben con una sonrisa, esa es la primera impresión, pero difícilmente te muestra su dolor, sus angustias o sus problemas.

Siempre primero una sonrisa, trato amable y cortés. En esos años estaban más preocupados en reconstruir la ciudad. Después de todo lo que pasaron había bastante calma.

Yo no encontré odio, rencor o deseos de venganza. Para nada, no eran esas sus palabras. Por miedo también, por que se estaba saliendo de Pol Pot y estaba todo muy controlado.

Ellos mismos decían que no se podía confiar ni en el hermano, por eso siempre hablaban bajo, o al oído, que el otro no escuche.

Es la situación que encontré entre el 2000 y el 2002. Desconfianza, temor, miedo, pero también un pueblo que quería emerger, reconstruirse.

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Expresiones religiosas en Camboya del budaísmo.

Continuar el proceso

Tras su primer paso por Camboya, Gustavo deja el país para ingresar al seminario. “Estuve siete años en Italia, regresé a Nom Pen en 2009 ya ordenado como sacerdote, y ya me encontré con la capital muy cambiada, más avanzada, más desarrollada, más linda, más habitable”, destaca.

En tanto, era todo un desafío llegar a ese país con una cultura tan distinta a la argentina e incluso a la latinoamericana. Además, ver crecer a los jóvenes en ese país que supo ser tan pobre y devastado, también supone un impacto en su cotidianidad.

-¿Qué diferencias encontrás entre los camboyanos y el chaqueño común?

Hay diferencias. Una de ellas es que son más formales en el trato y hasta en el saludo. Con el camboyano no hay contacto físico, no hay abrazo, no hay beso, sólo un gesto. En eso ya marcan distancia con el otro, a pesar de que son amigables.

No son efusivos, no es que uno llega a las casas, o se encuentra en las calles, y a lo mejor se quedan a hablar y lo abraza o le pasa la mano. Son más formales.

Es ancestral, en la historia misma de esos pueblos se guían mucho por la jerarquía. En el mismo lenguaje camboyano entre ellos no se tratan por el nombre sino por lo que representan. Si es un hermano mayor hay una forma de referirse, si es un hermano menor tiene otra.

Inclusive para cosas simples. Hay 20 formas distintas de decir el verbo ‘comer’ dependiendo a quién uno invita a comer. Si llama a un joven, a un adulto, a un niño, a un anciano, monje budista, o sacerdote. En eso son distantes, formales, ya en el lenguaje se crea la distancia. El sacerdote o monje budista para ellos está en un nivel superior.

Vale aclarar que a nivel general, la iglesia católica en Camboya es muy pequeña. Si voy vestido así por las calles, con la sotana, no me reconocen como sacerdote, sólo los católicos. Sin embargo, no hay choque de creencias con el budismo, en algunas cosas se asemejan, en otras no.

Son más tolerantes y pacíficos. Tenemos en Camboya muchas personas que hicieron un camino de catecumenado, es decir, pasarse del budismo a la religión católica. Esto sin imponer nada, sino porque ellos han querido. Hicieron su catequesis de 4 o 5 años, y luego se bautizaron. Eso no provoca efectos a nivel familiar ni hay persecución.

Hay encuentros interreligiosos con presencia de católicos, budistas. Hay que entender que estamos en un contexto budista. En la parroquia donde yo estaba, la señora que limpiaba el edificio era budista, lo aceptan con mucha docilidad.

-¿La niñez es difícil en ese país?

En el 2000 era más difícil, había campos minados por la guerra de Vietnam. Estados Unidos hizo base en Camboya. Teníamos chicos que jugaban, las minas saltaban y terminaban con piernas amputadas. En esa época tuvimos mucha gente con discapacidad física.

También se veían muchos chicos que tenían que sobrevivir, niños y familias enteras que iban a basurales para buscar algo de comer. En vez de ir a la escuela, los pequeños iban al basural a ver qué podían llevar a su casa.

Ahora la situación cambió mucho.

Si bien no se llegan a índices de riqueza, ya no es un país tan pobre.

Se estimula más aprendizaje en las escuelas, aunque las públicas del Estado dejan bastante que desear.

Cómo continúa su agenda

Gustavo también tiene “vacaciones” de su sacerdocio. Un mes por cada año que se encuentra en el país.

Se encuentra en Resistencia reencontrándose con los suyos, reviviendo recuerdos y visitando familia y amigos.

Su agenda continuará en Italia tras su descanso, ya que en Milán continuará por cuatro años sus estudios superiores en Teología Moral. Una vez finalizada la especialización regresará a Camboya a continuar su misión.

Ficha

Gustavo Adrián Benítez

Nació el 28 de enero de 1972 en Resistencia, Chaco.

Tiene 47 años.

Se crio en el barrio Villa Alta de la capital chaqueña.

Estudió Profesorado en Educación Especial en el Instituto San Fernando Rey.

En 2009, fue ordenado sacerdote en la Catedral de Resistencia.

El cristianismo es minoría

La religión oficial de Camboya y la que hace parte de la identidad cultural camboyana contemporánea es el Budismo Theravada. Sin embargo, esta religión en Camboya tiene un fuerte elemento hinduista debido a la larga historia hindú del país.

Camboya fue entre los siglos I y XIV básicamente hinduista y esto solo cambió por el budismo por un decreto real. De esta manera, el pueblo continuó con prácticas sincréticas que aún subsisten.

Pero también existe le presencia del antiguo animismo que se puede encontrar históricamente en el tiempo previo a la indianización jemer. Con el difícil periodo de guerras y conflictos a partir de 1970 y sobre todo con la prohibición religiosa por parte del régimen de los Jemeres Rojos entre 1975 y 1979, muchos monjes murieron y otros fueron rebajados de su condición religiosa, mientras pagodas fueron destruidas o convertidas en graneros.

Ello llevó a una decadencia del budismo camboyano que con la constitución del moderno Reino de Camboya se ha tratado de restablecer y se han recuperado numerosas pagodas. Sin embargo la crisis del budismo en Camboya y de la sociedad camboyana en general debido a las guerras, atrajo además muchos extranjeros que llegaron con sus propias religiones.

La segunda religión en número en el país es el Islam debido a la presencia del grupo étnico Cham.

El cristianismo (0,4% de la población, 20.000 personas) tiene su presencia especialmente en la Iglesia católica e iglesias, congregaciones y grupos protestantes, así como numerosas sectas que, sin embargo, no hacen un porcentaje significativo en el país en donde se ha establecido la libertad de cultos, pero existe una censura a la propaganda religiosa.

Fuente: Wikipedia

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