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Riesgo climático también impacta en las finanzas

Cada vez son más los inversores que entienden que el cambio climático se ha transformado en una amenaza real que afecta las variables macroeconómicas y los resultados de las empresas. Por esa razón, los denominados bonos verdes se presentan, para muchos, como una alternativa válida para sus carteras de inversiones. Lejos de ser una moda pasajera, el análisis del riesgo climático ya forma parte del trabajo cotidiano de varias consultoras.

La reciente decisión de la agencia de calificación de riesgos Moody’s, de adquirir la consultora Four Twenty Seven, especializada en la medición del impacto del cambio climático en la economía y el desempeño de las empresas, confirma la importancia que adquirió la cuestión ambiental en los últimos años. Expertos de esa consultora realizan evaluaciones de riesgo en distintos escenarios y estudian oportunidades de mercado, a partir de un minucioso trabajo que combina modelos económicos con la perspectiva que aporta la ciencia climática para ayudar a reducir riesgos. A modo de ejemplo, se puede mencionar la presentación que hizo la consultora a fines del año pasado de un informe con datos que permiten hacer proyecciones del cambio climático en fideicomisos de inversión inmobiliaria. Este tipo de estudios es clave para aquellas personas que buscan rentabilidad para su cartera de inversiones a través de proyectos que no dañen el ambiente. Según se informa Four Twenty Seven en su página web, sus especialistas también pueden cuantificar de qué manera los fenómenos climáticos extremos, tales como inundaciones, huracanes, terremotos, olas de calor, y el aumento del nivel de los océanos, impactan en las inversiones. La consultora se puso en marcha en Estados Unidos, en octubre de 2012, después de que el huracán Sandy demostrara que la falta de planificación para los impactos climáticos podía afectar incluso a las instituciones financieras más consolidadas. No se trata, por cierto, de una moda. El Banco de la Reserva Federal de Richmond, con sede en Virginia, Estados Unidos, también elaboró un informe en el que se advierte que por cada grado que aumenta la temperatura promedio de verano disminuye el crecimiento de la producción anual en Estados Unidos entre 0,15 y 0,25 puntos porcentuales. Según ese documento, si no se adoptan medidas contra el cambio climático y el calor sigue en aumento, el crecimiento económico de EEUU será un tercio más bajo durante el próximo siglo, sobre todo en los estados del sur. “No solo el nivel de vida de los ciudadanos bajará significativamente, sino que los eventos climáticos, producidos por el calentamiento global, afectarán a su economía y a la de todo el país”, advierten los expertos.

Del otro del Atlántico, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) también muestra interés por esta temática, y por eso publicó su primera encuesta sobre el cambio climático y las impresiones que ciudadanos de los distintos países de Europa, de Estados Unidos y China tienen del problema. En las conclusiones del sondeo se advierte que, en términos generales, la mayoría de los consultados dijo que es consciente del costo económico que supondría no adoptar ninguna medida contra el cambio climático.

Conscientes de que el calentamiento global es una amenaza que puede afectar la capacidad crediticia de empresas e individuos, las calificadoras de riesgo comienzan a poner la lupa sobre el impacto que pueden tener las temperaturas extremas, las sequías, inundaciones o incendios en distintas partes del planeta. Lejos de creer lo que afirma el presidente norteamericano, Donald Trump, cuando sostiene que el cambio climático en un invento de China para restar competitividad a la industria manufacturera estadounidense y desestabilizar la economía del país del norte, las calificadoras de riesgo prefieren ser más realistas y tener en cuenta situaciones que se presentan alrededor del mundo, como la ola de calor que afecta por estos días a Europa, que generó temperaturas récord en un verano que ya es considerado el más caliente de los últimos 200 años. En Gran Bretaña, por ejemplo, el termómetro superó la barrera de los 38 grados centígrados, mientras que en Suecia hubo incendios que dejaron un saldo de más de 25.000 hectáreas quemadas, durante jornadas en las que las temperaturas superaron los 30 grados, cuando la media es de 23. Según el Instituto Meteorológico e Hidrológico de Suecia, el país experimenta su peor sequía en más de un siglo de registros. Frente a estos fenómenos, el mundo necesita acceder a información clara y fiable relacionada con el impacto en las economías del cambio climático, un fenómeno que, sin dudas, llegó para quedarse.

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