Evitar el maltrato en la crianza de los niños
En la Argentina, el 46,4 por ciento de los padres admite que emplea violencia física para criar o disciplinar a sus hijos, aunque la mayoría de esos adultos reconoce que no está bien utilizarla. Así lo confirma un informe elaborado por el área de Protección de Derechos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), donde se advierte que considerar que la violencia es un elemento natural en la crianza impide construir entornos protectores y libres de maltrato para los niños y adolescentes.
¿Cómo promover un desarrollo saludable de los hijos? Éste es uno de los interrogantes que plantea el trabajo realizado por expertos de Unicef, volcado en la publicación titulada “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos”, que se redactó en el marco de la iniciativa “Crianza sin violencia”, impulsada por la agencia de Naciones Unidas, con la colaboración de profesionales de la Fundación Encuentro Entre Padres y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género. Se trata de una guía que plantea a padres, madres y cuidadores la necesidad de revisar el quehacer cotidiano en la tarea educar y criar a los niños. Según este trabajo de investigación, aunque en la Argentina solo el 3,7 por ciento de las familias cree que los niños deben ser castigados físicamente, casi la mitad del total de encuestados utilizó el castigo físico como mecanismo de disciplina. Los especialistas que participaron del trabajo, remarcan que la violencia, en cualquiera de sus formas, es una violación de derechos que tiene múltiples consecuencias negativas no solamente en el bienestar presente sino en el desarrollo a largo plazo de los chicos y chicas.
En ese sentido, en la publicación de Unicef se advierte que la violencia, en todas sus formas, perjudica la salud física y emocional, el desarrollo cognitivo, la autoestima y debilita y dificulta las relaciones interpersonales, por lo que se impone la necesidad de reflexionar sobre la importancia que tiene dejar de lado viejas y falsas creencias relacionadas con la educación de los niños, niñas y adolescentes para reemplazarlas por prácticas que se desarrollen en un marco de respeto, sin malos tratos ni violencia. No se trata, por cierto, de desconocer los límites que se deben enseñar ya desde temprana edad, sino de llevar adelante la tarea de criar y educar siempre teniendo en claro que lo más importante es asegurar el bienestar físico y emocional de los chicos.
“La manera en que los tratamos y educamos tendrá impacto en la manera en que nuestra sociedad será cuando ellos sean adultos”, señala la guía que tiene como propósito acompañar a madres, padres, abuelas y abuelos, tías y tíos, docentes y a todas aquellas personas responsables del cuidado de niños, niñas y adolescentes en el ejercicio de una crianza responsable y libre de violencia.
La guía ofrece a todos los interesados en este desafío, el de criar sin violencia, una invitación a reflexionar acerca de los diferentes momentos de la crianza; a entender que desde el amor y el respeto se puede ayudar a los chicos a crecer y desarrollarse de manera tal que, siendo adultos, puedan enfrentar la vida con la suficiente autoestima y fortaleza para atravesar las diferentes situaciones que les toque vivir. Merece destacarse este trabajo realizado por especialistas de Unicef, la Fundación Encuentro Entre Padres y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, que pone el centro de atención en la importancia clave que tiene el apoyo a las familias, que son la base de la sociedad. Está sobradamente demostrado que la violencia no es necesaria para lograr una buena educación. Por eso es necesario reflexionar sobre la enorme responsabilidad que se tiene como adulto a la hora de criar y educar a los niños. Como bien señalar la guía de Unicef, se debe desnaturalizar, es decir, no tomar como algo normal, la idea de que los castigos físicos son una forma de enseñar algo positivo o que constituyen un derecho de los padres y madres frente al que no hay que intervenir.
Por último, debe remarcarse que la violencia, en cualquiera de sus formas, es una vulneración de derechos que tiene consecuencias negativas en el bienestar presente y en el desarrollo futuro de los niños y niñas. Perjudica su salud física y emocional, su desarrollo cognitivo, su autoestima, y debilita y dificulta las relaciones que establecen con otras personas.










