“Viví en la heteronorma porque era lo que nos imponían”
Mía Colussi nació en los 80, en el retorno de la democracia y su militancia comenzó en un partido político a los 15. Su papá fue clave en la elección de una carrera política con la impronta del entonces presidente Raúl Alfonsín.
Fotos de Miguel Ángel Romero
¿Cómo nace la posibilidad de una candidatura?
-La gente de mi pueblo me propuso. Hace tiempo ya, faltaba construir partidariamente que es otro camino. Soy parte porque presido el comité de la UCR de allá. Esto se fue dando gracias al consenso que existía porque allá también hubo rivalidades, internas. Lo que hice fue trabajar en la unidad, algo que no ocurrió en todos los pueblos, para construir algo nuevo. Esa fue la clave para mi candidatura a la intendencia.

¿La vigencia de la ley de paridad propició tu llegada a ese espacio?
-Creo que los mismos militantes y correligionarios de mi pueblo reconocen la militancia que tengo hace mucho tiempo. Ya van 19 años. Y después la exposición que se tiene también por los derechos que se vienen trabajando.
Antes estuve en la juventud Radical y en cargos partidarios. Fui la creadora de la UCR Diversidad, después fui coordinadora nacional y recorrí todo el país para que la conozcan y la trabajen en cada provincia.
¿Qué percepción tenés sobre las chances de ser electa?
-No lo sé. Dejo que vaya surgiendo. Que la gente elija como cree que va a elegir demcocráticamente. Prefiero caminar y ver con quiénes estoy, decirle a la gente que quiero trabajar por ella.
Ahora que sos candidata, ¿te encontraste con una mirada distinta?
-Sí es diferente. La gente me ve más fuerte, no por cómo me veo sino por las capacidades y por haber acompañado en algunas gestiones con instituciones nacionales o con charlas del Inadi en colegios también, que es donde trabajo.
Además siempre hay alguien que pide cosas. Le digo que no vengo a prometer cosas. Primero hay que llegar a un lugar. Después hablamos y trabajamos para hacerla realidad.

¿Cuáles son las políticas que considerás prioritarias?
-En este momento es prioridad la ruta 13, que se interrumpió varias veces. En el 97 se enripió. Y desde entonces está la promesa del asfalto que no solo es importante para Charadai sino para el departamento Tapenagá, que incluye a Horquilla, Haumonia y La Sabana. Hago énfasis en esa ruta porque las ambulancias del hospital rural de Charadai se rompen y no se puede acceder a centros de mayor complejidad de la salud de Villa Ángela o de Resistencia. Lo mismo con la educación, con maestros o profesores que no llegan a dar clases en días de lluvias. Y el tren que era el único que llega a Cacui y Los Amores, Santa Fe sigue circulando. También apoyar a los microemprendimientos, que la gente no viva solo de una asignación. Al municipio le faltan áreas; por ejemplo hoy no tiene un área de la mujer, de niñez y adolescencia o de discapacidad. Es otra forma de gobernar. Con la ganadería que tenemos hace falta un frigorífico. Otro tema es el de la vivienda. Hay muchas cosas por hacer.
¿Hay algún otro espacio que te interesaría ocupar?
-Claro, por supuesto. Estoy en política porque me interesa trabajar para la gente y para hacer el bien. Además tengo mi trabajo y mis proyectos personales.

La abuela, la familia
Mía completó una tecnicatura en radiología, estudios de auxiliar administrativa contable y en cosmetología en la Universidad Popular.
En el Estado comenzó en el plan de alfabetización provincial; después trabajó como secretaria de la concejala Vanesa Imfeld; y en la Cámara de Diputados en los equipos de Sergio Vallejos, Marcelo Castelán y Carim Peche. De allí fue al Inadi y más recientemente para incorporarse al trabajo de la comisión de Derechos Humanos, en un área que se creó en marzo con respaldo de la presidenta Elida Cuesta y la actual presidenta de la comisión Gladys Cristaldo.
Contaste que tu papá te acercó al partido, ¿cómo fue?
-Sí. Él era un empleado del Estado, en la policía del Chaco. Cuando nací en el 82 él ya se había retirado de la policía para dedicarse de lleno a la política con Raúl Alfonsín, como presidente de la Nación. Mi papá llegó a ocupar una concejalía en Charadai en esa época. Y a los 15 años lo acompañaba al partido. A los 18 me afilié, él me enseñó cómo era fiscalizar una mesa durante los comicios y a mí me encantaba. También estuvimos en Convergencia Social, con Ángel Rozas. Después llegué a la conducción de la juventud por dos periodos y a los 18 ya me vine a vivir a Resistencia.
¿Cómo marcó esa militancia en la vida de una adolescente?
-No sé, siento que lo hicimos de la mejor manera en un lugar donde no había cómo seguir. Después nos venimos a Resistencia a ganarnos la vida y a trabajar en política, que era lo que más nos gustaba. Así se fue dando todo, de a poco. Y mi diversidad sexual también fue un proceso lento, empecé a trabajar siendo una persona gay mientras buscaba otra construcción muy respetuosamente. Vivía en la heteronormatividad porque era lo que nos imponían, aunque yo sabía adónde quería llegar. Después vino la lucha en las comunidades que era donde me movía, por eso sostengo siempre que primero fui militante política y después activista; porque mi activismo nace cuando ya tenía trabajo.

Algo que no todas las personas trans pueden decir
-Claro esa es la diferencia. Porque yo era heteronormativa, aunque no me gustase. Lo hice y así pude lograr cosas.
¿Qué fuiste encontrando en una vida política en contacto con tantos espacios?
-Fui asombrándome de muchas cosas. Después de escuchar tantas historias de personas trans pensaba pero ¡qué bien la pasé yo!. Eso me incentivaba a seguir. Hay chicas del mundo LGBTTTIQ+ que no tuvieron acceso a la educación porque les fue negado o porque fueron excluidas por su propia familia. Algo muy doloroso que lleva a entrar en el alcohol, la droga, la prostitución, las enfermedades de transmisión sexual. También te hace pensar en cómo trabajar todo esto desde un partido y en espacios donde nosotras no existíamos o de épocas en las que ni siquiera se tocaba el tema de la diversidad sexual. Así fue como empecé a buscar respuestas. Y en ese camino nos encontramos con Úrsula Sabarece. Nos cruzamos en los pasillos del Poder Legislativo. Fue un conocernos y un hablarnos con la mirada. Me contó cómo trabajaba, cómo estaba y me involucré por fuera de las diferencias políticas que tenemos. Siempre le digo que aprendí mucho de ella, de mirarla, de querer hacer las mismas cosas y de acompañarla a hacer el bien a nuestras congéneras que venían a la par o detrás. Nos empezamos a reunir para hablar de nuestras historias de vida. De la importancia de la educación.
Cuatro focus group a jóvenes dieron que eligen a una mujer egresada de la universidad pública, que se haya hecho a sí, provenga de una provincia y que sea feminista. ¿Qué pensás de esto?
-Que es muy bueno. Tenemos que saber a quiénes ponemos al frente. Hay personas que tienen que saber luchar por nuestros derechos. Estaría muy bueno por el machismo que hay que más mujeres ocupen esos lugares, que vengan de otros espacios incluso, no solo de la militancia en un partido político.
¿Cómo te llevas con la heteronorma hoy y con algunas estructuras conservadoras?
-Muchas veces me preguntaron cómo hice para haber ocupado espacios de representatividad en un partido tan cerrado en algunas cuestiones. Y respondo que con mucho respeto y no me fue nada fácil abrir la cabeza de muchas personas. Ángel Rozas es mi padrino político y nos tenemos un gran cariño. Su liderazgo me abrió muchas puertas para trabajar las diversidades.
¿Y la familia cómo vive este grado de exposición actual?
Mamá nunca estuvo del todo de acuerdo ya ni con mi papá. Ahora se tiene que bancar que seamos dos (sonríe). Igual acompaña desde su lugar sin meterse mucho porque tiene miedo de que me lastimen. Le digo que no tenga miedo de que eso pase porque ya no va a pasar. Después tengo sobrinos de 17 a 30 años.
La abuela que le dio su segundo nombre
La abuela merece un capítulo aparte. Mía nació el 8 de marzo del 82 y la abuela falleció dos días antes, el 6. Aunque la madre por la ecografía sabía que iba a tener un varón, la abuela Ernestina -a la que llamaban Ernesta- sostenía que no, que iba a ser nena y por eso tejía ropita rosa. Cuando Mía nació su mamá nunca le puso esas prendas aunque sí las guardó en memoria de quien no conoció a ‘ese nieto’. Hoy llevo el nombre Mía Ernestina por ella por esa abuela que no conocí y que sin embargo sabía mi destino. Cuando mi mamá me contó fue muy fuerte.
Con Mía pasó algo parecido. Me lo dio un compañero del secundario, que lo tomó de una telenovela y un día me dijo te vas a llamar Mía. Y cuando salió la Ley de Identidad de Género ya tenía decidido cómo me iba a llamar.
Mamá me ve hoy y dice que lagrimea. A ella le costó entenderme más que a mi papá. A los 12 años cuando sentí eso que podemos llamar diversidad me preguntaba por qué y nadie me daba una respuesta. Tuve tres intentos de suicidio en la adolescencia porque creí que era yo quien estaba mal y por eso el mundo no me aceptaba. Me aferré a Dios, no a una religión. Solamente quería ser una persona común, que pueda juntarme con mis amigos, estudiar, trabajar. Y siento que es un Dios vivo que me sigue ayudando.
¿Está en tus planes maternar?
Sí. Hoy no tengo una pareja estable. La tuve por muchos años y no anduvieron bien las cosas, ahora prefiero estar sola porque a la pareja hay que darle un espacio y un tiempo. Podría sobrellevar una maternidad sola, aunque ahora no es el momento y de manera legal cuesta más, seguimos de la misma manera que hace mucho tiempo. También pienso que la edad se me va.
En competencia
En Charadai el intendente Eladio Fabián Aguirre que va por su reelección y gobierna hace 25 años. El otro candidato es Ramón Ibarra, que viene de haber sido parte de la gestión de Aguirre. Los dos son peronistas y Mía es la candidata por el radicalismo.
Con leyes como la de inclusión laboral y de identidad de género ¿qué sigue?, ¿qué falta?
Si bien hay leyes, artículos y derechos que seguimos logrando, hay que seguir militándolos porque hay muchas falencias y el tema de la violencia de género es tremendo. Hay mucho por hacer. Hoy tenemos una ordenanza municipal y una ley en la Legislatura que tenemos que seguir empujando porque no se reglamentan o no se cumplen. Esto lo sabíamos con congéneres como Úrsula, Dalex (Galloso), Mariano Galeano y Sofía Díaz. Por eso invitamos a que más personas nos acompañen para seguir caminando hacia adelante.
A las personas en general, sin géneros, les diría que durante muchos años nosotras fuimos sujetas de derechos y que esos derechos estuvieron negados y que ya no los van a avasallar.










