Hace 50 años el hombre pisaba la Luna
Pasaron 50 años desde que el hombre pisó la Luna el 20 de julio de 1969 y aunque la misión Apolo 11 es la más recordada hubo otros cinco vuelos que se prolongaron hasta 1972 cuando la NASA decidió cambiar de objetivo a la construcción de una estación espacial permanente.

Casi desde ese momento las teorías de conspiración rodearon la misión y aunque hace muchos años se realizó ante periodistas y testigos la demostración del rebote de un rayo laser en el espejo dejado por los astronautas, periódicamente la leyenda urbana gana espacio mediático y luego vuelve a desaparecer.

Pero el interrogante que puede tener más asidero radica en que la “conquista” de nuestro satélite sólo duró 4 años y aunque la fecha es considerada un logro de la humanidad el trasfondo era otro, la Guerra Fría. En 1961, John Kennedy preguntó a su vicepresidente, Lyndon Johnson, cómo superar a los soviéticos en la carrera espacial. “Si un hombre entra en la órbita terrestre este año, se llamará Iván”, había lamentado el mandatario un año antes.

Johnson consultó al diseñador de cohetes de la Nasa, el ex científico de la Alemania nazi Wernher von Braun que había desarrollado los cohetes V2 que bombardearon Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Era la puesta en práctica al extremo de una premisa militar que data desde antes de Cristo: “ocupar las alturas”.
El viaje
Se lanzaron cuatro misiones Apolo exploratorias entre octubre de 1968 y mayo de 1969. En diciembre de 1968, se eligió al comandante Neil Armstrong como comandante de la undécima misión Apolo, con lo que eso conllevaba: sería el primer hombre en pisar la Luna. El viaje a la luna no fue fácil, el enorme cohete Saturno tenía que ser capaz de enviar 15 toneladas de equipo más lejos de la atracción terrestre para lo cual debía consumir una cantidad de combustible equivalente en potencia a unas 10.000 bombas usadas en la Segunda Guerra, y todo en segundos. El 16 de julio de 1969, un millón de personas asistieron al espectáculo desde las playas de Florida, cerca de Cabo Cañaveral.

Los cuatro primeros días del viaje de Apolo 11 transcurrieron como durante el entrenamiento, pero cuando apenas faltaban unos 20 minutos para el alunizaje, el 20 de julio de 1969, llegaron los problemas.
Las comunicaciones por radio con la sala de control en Houston se interrumpieron primero brevemente. Y en pleno descenso sonaron las alarmas en el módulo lunar (LEM) pilotado por Edwin “Buzz” Aldrin y el comandante de la misión, Neil Armstrong. Dos horas antes, el LEM se había separado del vehículo principal, el módulo de mando, donde permaneció el tercer miembro de la tripulación de Apolo 11, Michael Collins.

“Dennos una explicación sobre la alarma del programa 1202”, exigió Armstrong. Houston pidió a sus astronautas que ignoraran esa señal. La computadora de abordo está saturada pero los sistemas funcionan, explicó el mando de la misión. Armstrong tomó entonces el control manual de la nave, buscó una nueva zona mirando por la ventanilla del módulo, pero todo le parecía “muy rocoso” cuando faltaban segundos para que se termine el combustible previsto para descender el módulo lunar tocó la Luna. “Los copiamos en la Tierra”, respondió el responsable de comunicaciones, Charles Duke, desde Houston. “Tenían a un montón de chicos a punto de ponerse azules. Respiramos de nuevo”.
Un gran salto para la humanidad
Para los estadounidenses, el descenso final ocurrió un domingo por la tarde. En Europa ya era de noche. Pero en todas partes la gente siguió la hazaña, solo con comunicaciones de radio crepitantes, hasta que Armstrong instaló una cámara antes de pisar la Luna. “Ahora voy a bajar del LEM”, anunció.

Tras una pausa, pronunció la frase por la que siempre se le recordaría: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”.
Eran las 22H56 en Houston.
“Pensé en ello tras haber aterrizado”, recordó Armstrong en una larga entrevista en 2001. En realidad, el astronauta se equivocó, quería decir “para un hombre”. Durante dos horas y media, Armstrong recogió kilos de rocas y sacó fotos. Aldrin instaló un sismómetro y otros dos instrumentos científicos. Plantaron una bandera estadounidense, dejaron una placa y varios recuerdos, incluida una medalla para Yuri Gagarin, el primer humano en viajar al espacio además del espejo destinado a reflejar un rayo láser enviado desde la Tierra para medir la distancia exacta y otros datos, como que nuestro satélite se está alejando de la Tierra muy lentamente.

Para entonces, Collins llevaba 22 horas esperándolos en órbita.
“Mi miedo secreto desde hace seis meses ha sido dejarlos en la Luna y regresar solo a la Tierra. Si no consiguen despegar o se estrellan, no voy a suicidarme. Volveré a casa, pero seré un hombre señalado durante el resto de mis días, lo sé”, escribió Collins. No tuvo que volver solo. El único motor del LEM se encendió, el acoplamiento funcionó y los tres hombres regresaron a la Tierra. El 24 de julio atravesó la atmósfera envuelta en una bola de fuego para caer como una piedra en el Atlántico, frenada por tres grandes paracaídas. Ningún integrante de la tripulación volvió al espacio. El programa Apolo terminó en 1972, y hubo que esperar la llegada de Donald Trump para que Estados Unidos decidiera lanzar la hermana de Apolo, la misión Artemisa.










