Los torrentes, cortas y poderosas corrientes
Las aguas continentales, provenientes de las precipitaciones, que discurren sin curso fijo se designan aguas salvajes.
Se presentan cuando el aporte de agua es superior a la capacidad de absorción del terreno. Además cuando las aguas de las lluvias discurren por pequeños cauces o canales, se denominan aguas de arroyada. Estas aguas fluyen formando mantos o películas de agua más o menos continuas. Se pueden formar canales esporádicos (de medio metro de profundidad como máximo) cuyo desarrollo puede concluir en la formación de cárcavas si el terreno es suficientemente plano. La acción erosiva de estas aguas está favorecida por la ausencia de vegetación, la presencia de rocas blandas, la sequedad del suelo y las lluvias torrenciales.

El agua cumple un destacado papel en el modelado del paisaje terrestre. Las aguas salvajes, o las de cursos estacionales como las de los torrentes, producen relieves distintivos y fácilmente reconocibles.
LOS TORRENTES Y EL RÉGIMEN FLUVIAL TORRENCIAL
Los torrentes son cauces fijos de escasa longitud y fuerte pendiente que llevan agua de forma temporaria. Por ende tienen un régimen fluvial irregular de tipo torrencial, ya que su fuerza es normalmente estacional y está relacionada con el deshielo, con la lluvia o con una combinación de ambos.

Por su analogía con estos cursos -breves en el tiempo pero crecidos en el volumen de sus aguas- se clasifica a muchos ríos como de régimen fluvial torrencial o torréntico, debido a la intensidad de las crecidas y a la breve duración de las mismas, correspondiéndole un comportamiento muy irregular de su caudal, casi seco durante la mayor parte del tiempo y con crecidas violentas y destructoras en ciertos momentos.
Son de régimen irregular los ríos de las regiones áridas y semiáridas. Algunos torrentes de áreas muy secas en las regiones propiamente desérticas reciben el nombre árabe de uadis y representan el caso extremo de un torrente con crecidas ocasionales e impetuosas en cauces que permanecen secos el resto del tiempo.

Por extensión también reciben el nombre de lluvias torrenciales las que son muy intensas y de breve duración.
Volviendo a nuestro tema, en los torrentes se distinguen tres partes: la cuenca de recepción, el canal de desagüe y el cono de deyección.

LAS PARTES DE UN TORRENTE
La cuenca de recepción es la zona alta del torrente. Tiene forma de abanico, y en ella se juntan las aguas que fluyen laderas abajo, provenientes de las precipitaciones o de la fusión de nieves e hielos. Es una zona de gran pendiente, por la que el agua corre con gran violencia arrancando y arrastrando materiales. Por consiguiente, en la cuenca de recepción se da una intensa acción erosiva.

El canal de desagüe es el cauce por donde circula el agua profundizando el valle y arrastrando los materiales que la erosión arranco más arriba. Los grandes fragmentos rocosos, acarreados por torbellinos de agua, originan en el fondo del cauce un efecto de torno, que ocasiona oquedades. A estas, según su tamaño, se las denominan ollas, pilancones o marmitas de gigante.
Una marmita de gigante es una depresión de forma cilíndrica, muchas veces perfecta, que afecta a las rocas situadas en el fondo del cauce fluvial.

El cono de deyección es la desembocadura del torrente en el valle. Allí se depositan todos los materiales sedimentarios removidos y acarreados por éste, conformando una masa de forma cónica, integrada por guijarros de distintos tamaños no seleccionados como gravas, arena, arcillas. En general predominan los cantos, fragmentos angulosos, ya que, por el corto desplazamiento, no se han podido redondear. La formación del cono esta vinculada directamente con la pérdida de velocidad, debida a la disminución de la pendiente, por ello las aguas pierden fuerza y depositan los aluviones, primero los más gruesos, arriba; luego los más finos abajo, en la base, donde el torrente se divide en brazos.
BREVE RECORRIDO, ALTA PELIGROSIDAD
Este tipo de corrientes, si bien son breves y temporales, son verdaderamente peligrosas en épocas de fuertes lluvias y de la fusión de nieves. En la cuenca de recepción la fuerza de las aguas producen desmoronamiento de barrancas, arrastran la vegetación y grandes trozos de roca, mientras, en el cono de deyección las corrientes descontroladas divagan, inundando y socavando poblados y cultivos asentados imprudentemente sobre estos terrenos.
Fuentes:
http://www.kalipedia.com/ciencias-tierra-universo/tema/modelado-relieve/ aguas-salvajes-torrentes. html
http://espanol.istockphoto.com/index.php
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