Gustavo Daniel Ferlatti
El arquero de 22 años un día asomó en silencio, fue allá por 1989 y en ese momento tal vez no imaginaba que se perpetuaría con la foto de Chaco For Ever Campeón del Nacional ”B.
“Pechito” era su apodo debido a su amplio tórax, tenía mediana estatura aunque por su postura erguida dentro de la cancha daba más alto; piernas de saltarín y su despegue formidable lo hacían rápido de reflejos. En los peloteos lo llamaban Caimán por la manera rápida de arrastrase con su cuerpo. Sus pocos partidos como titular impidieron que no se lo conociera más. Gustavo era un rosarino locuaz que a pesar del aspecto formal buscaba ser visible entre los suyos.

El campeonato con Chaco For Ever fue su segundo logro, el anterior había sido con Rosario Central campeón de primera división. Allí fue suplente de Alejandro Lanari.
Su familia la conforman su mujer, sus dos hijos; Danilo de 26 y Agostina de 22 años. Alejado de las canchas es un apasionado por las armas y compite en escuelas de tiro (tiro a la hélice y al plato), obteniendo reiterados primeros puestos en esa especialidad.
-¿Cómo se produjo tu vinculación al club siendo que en Rosario estabas atajando en la Reserva?
-José Pascuttini (D.T.) me recomendó a Tojo (Miguel Angel). En Central era suplente de primera y titular en la tercera. A Chaco llegué como titular pero enseguida trajeron a Giménez Aguilera (Américo), aduciendo que buscaban experiencia, me la banqué y Tito Vilchez pasó a ser tercer arquero. Cuando llegó Palavecino (D.T.) también me dijo lo mismo, de vuelta al banco, hasta que faltando seis fechas se lesiona el paraguayo (Giménez Aguilera), a quien esperaron hasta la última fecha pero no se repuso. Atajé mis últimos partidos en la liguilla pre-Libertadores contra Boca y River que nos pegó un baile (5 a 1), no así en el Monumental (1-1). En el Chaco había estado a préstamo y no se utilizó la opción, entonces fui a Talleres de Córdoba. Chaco tenía jugadores de sobra, Tojo había llevado un millón de jugadores, era un quilombo ese vestuario.
-A pesar de tus inicios como ”ganador“ en los arcos, ¿por qué creés que lo que siguió después te tuvo tanto tiempo postergado?
-Estando en Talleres un empresario de La Plata compró mi pase y ahí comenzó otra historia. Un tipo adinerado que también compró a Calderón (José Luis) con la promesa de llevarnos a Estudiantes cuando fuera presidente, mientras tanto nos ubicó en Cambaceres para no estar parados. Al asumir como presidente de Estudiantes llevó a Caldera (Calderón) pero se olvidó de mí a pesar de mi gran momento en la primera ”B“ metropolitana. También Zucarelli (D.T.) me quiso llevar a Quilmes y este dueño de mi pase le dijo que me cedería solo si renunciaba a la deuda que Estudiantes tenía con él. Una turrada, yo tenía la edad justa (27 años). Tampoco pude jugar en Perú o Chile porque les pidió fortunas. Cuando me entregó el pase yo tenía 31 años y mucha amargura.
-¿Cuál crees fue el motivo para que cortara el mejor momento de tu carrera?
-No lo sé, entonces fui a Almagro y de ahí a Douglas Haig donde jamás pagaron el documento firmado y tuve que volver con el mismo empresario, quien cuando estuvo muy enfermo, por su diabetes; me llamó para devolverme el pase y confesarme que conmigo se había equivocado. Lo perdoné pero ya me había cortado la carrera. Con el pase en mi poder pasé a Mendoza y de ahí a Bolivia. En el 2000 en Catamarca jugué el ascenso de la B, luego en San Martín de Monte Comán (Tucumán) y de ahí a San Martín, donde ascendimos al Argentino A. Ya cansado de tanto trajín colgué los guantes cuando era titular indiscutible. San Martín quería que siga y con el mismo equipo ascendió al Nacional B y después a Primera A.

-¿Una vez retirado de la actividad cómo siguió tu vida?
-Me incorporé a las escuelitas de fútbol de la Fundación Messi en Renato Cesarini. Fui ayudante de campo de Miguel Fullana en Argentino A y en Argentino B, también en la C.A.I. de Comodoro (Nacional B). Pasé por El Linqueño (Lincoln) y mi última etapa de viajero del fútbol la cerré en Bolivia.
-¿Te siguen visitando los recuerdos de aquella tarde gloriosa con Chaco For Ever?
-Siempre, cómo olvidar el partido contra Lanús; ya se iba cuando Villagrán me pateó un tiro libre que hizo una comba rasante por encima del segundo hombre de la barrera que había armado. Sin tiempo a nada solo miré cómo la pelota se fue cerrando y pegaba en la parte superior del travesaño elevándose por encima del alambrado. Antes había sacado dos pelotas terribles en el primer tiempo, una arriba y otra abajo en el arco sobre la avenida. Corté centros importantes en el segundo tiempo en un partido parejo y un tiro al arco de media distancia que la desvié con la punta de los dedos. Cuando cayó el alambrado lo vi todo porque estaba de frente; Pepo (Fernández) eludió a Perazzi (arquero), entonces Wicktor (central) lo cruza haciéndole penal. El peso de tanta gente apoyada que quiso ver cómo entraba la pelota hizo que caiga el alambrado.
-¿Volviste al club alguna vez?
-Una vez para un Argentino B y como ayudante de Fullana con Gualeguaychú. Ahí me volvieron recuerdos de esa tarde que no podíamos llegar a la cancha por la cantidad de gente que había en la avenida. Una locura con gente colgada de las torres de luz y otros parados en el tinglado. Eso no me olvido nunca. Con Daniel Sperandío, que vivíamos en el mismo departamento, llegamos en su auto sobre la hora. Estábamos por entrar en calor cuando aparece Polo García para decirnos que había premio por salir campeones. No nos habíamos concentrado porque no nos habían querido pagar premio por campeonar.
-¿Cómo fue aquella aquella cábala que cumpliste hasta el último partido?
-Una viernes, yendo a entrenar con Sperandío llegamos tarde para cambiarnos y el partido siguiente había que ganar sí o sí. El Pala se puso reloco: “Eh, tarde, tardee, hijo...a ver si son más responsables”. Al otro día jugamos y ganamos, entonces con el gringo decidimos tomar por cábala llegar todos los viernes tarde porque así íbamos a ganar. No te imaginás lo que se calentaba el viejo (Palavecino) que de esto no estaba enterado. No podíamos decirle a nadie, era un pacto de no contar hasta el último partido y por suerte nos dio resultado.










