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“Cada 2 de Febrero muchos olvidan que acá ya había gente”

En una charla íntima María Cristina De Pompert de Valenzuela habla de una búsqueda personal, familiar y profesional. En armar rompecabezas colectivos, propios de cada época. También menciona una certeza: la de pertenecer a la identidad guaraní por ascendencia materna. Fotos de Jorge "Punky" Flores

La Historia del Chaco en sus protagonistas se llama el reciente libro que acaba de presentar hace una semana en la Feria del Libro Resistencia 2019, que finaliza hoy.

“La mía es una búsqueda de respuestas a interrogantes tal vez ancestrales”, lee de una primera página de un libro que toma de su enorme -e intrigante- biblioteca. La entrevista empieza con una presentación que contiene una definición: “Trabajo en lo que se llama la nueva historia, la de gente común, aunque prefiero decir que es la historia del común de la gente”. Y de inmediato lamenta que la historia del Chaco no se estudie ni en la escuela primaria, ni en la universidad: “Muchos salimos con el título de profesores sin conocerla”.  

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Una de las investigaciones en las que se aboca actualmente es el papel de los aborígenes en la historia del Chaco.

Es una parte de nuestra identidad…

-Exactamente. Confieso que hasta hace unos 30 años tampoco me interesaba la historia del Chaco. Luego me di cuenta de la riqueza que hay en ella; así como hoy las esculturas y el coro nos prestigian como cultura. En 1929 Eduardo Miranda Gallino, a quien se considera el creador de la literatura chaqueña, decía: ‘la historia del Chaco ni tiene atractivos, tiene campañas memorables pero no tiene héroes para colocar en pedestales, solo guerreros del trabajo enfrentados a la naturaleza’. En mi libro hay una historia de un inmigrante patriota (se emociona cuando lo dice), que lucha contra las plagas y las adversidades de la vida de campo. ¿Decime si ése no es un héroe?

¿Cuáles son y dónde están esas fuentes que permiten contar con ‘otros ojos’?

-El periódico, por ejemplo. Trabajé mucho con archivos particulares o de instituciones como la Cultural Inglesa, el Círculo Dante Alighieri, o la Alianza Francesa. Pero no siempre hay archivo, ése es otro problema del Chaco: la legislación de archivos se puso en marcha tarde. Entonces está muy destruido todo.

Reconstruir hechos con tan poco material suena a armar un rompecabezas… 

-Sí. Por ejemplo el libro que presento ahora se enfoca en personalidades, y no biografías ni individualidades. Concibe a las personas como emergentes de un grupo social, con características del conjunto, de una situación particular. Así se van armando imágenes como si se tratara de un rompecabezas. Este libro abarca personas de la primera mitad del siglo veinte, cuando el Chaco se estaba gestando: faltaban médicos, maestros, jueces, faltaba todo. Muchos vinieron de otras provincias, sobre todo de Corrientes. Con eso hoy ya tengo en mi cabeza cómo fue esa primera mitad de siglo, aunque después siempre sigan apareciendo otras cosas, claro.

¿Qué nuevos sentidos tiene leer nuestra historia regional y provincial?

-Veo en Facebook que cuando alguien publica una foto de otra época muchas personas comentan y dicen que se acuerdan de tal o cual cosa. Hay un movimiento que nos muestra que necesitamos hacer resurgir nuestras raíces.

¿Forma parte de una necesidad?

-Yo creo que sí. Hay un muchacho que compartió su trabajo sobre la historia de Barranqueras (en Facebook). Yo que no suelo intervenir le escribí: ¡Bravo, adelante! Y él contestó: “Usted fue mi maestra en segundo grado”. Fue muy gratificante. Tengo varios de esos momentos por haber sido maestra en primaria (en el sistema público y en el privado), en secundaria y en la universidad.

Además de la docencia, ¿qué otras satisfacciones te dio la investigación?

-Muchas y me sigue dando. Por ejemplo haber trabajado durante diez años la política indigenista en el Chaco y que el vicecónsul británico haya leído un libro mío (sobre ese tema). Cada 2 de Febrero, cuando todos se movilizan por el desembarco, muchos se olvidan que acá ya había gente. En esos diez años me propuse buscar material para hacer la situación del indígena ante la autoridad. Recopilé por ejemplo cómo los trata la Constitución, las leyes sobre ciudadanía y cómo no se cumple. También entablé contacto con un grupo indígena de Fontana y una vez me pidieron diez libros para repartirlos allí.

Así como existe un 11 de octubre, último día de los pueblos libres, ¿acá podría haber un equivalente en un 1 de febrero? 

-No. Porque acá fue diferente el contacto. Eran recolectores nómades. Hay un libro que reproduce cartas donde algunas personas cuentan que los aborígenes venían al pueblo a buscar restos de comida.

Más reciente, durante un curso en el Archivo sobre la historia del Chaco, dos docentes contaron que los chicos -de un barrio qom- ya no quieren aprender su lengua materna sino el inglés. Esto tiene que cambiar.

El primer gobernador que pudo

cambiar la realidad de los indígenas  

De Pompert dedica un capítulo aparte al general Manuel Obligado, militar que da nombre al salón donde se realizan las principales actividades en la Casa de Gobierno de la provincia.

“Siempre lo admiré no solo porque fue el primer gobernador que lo organizó todo, sino porque antes de serlo fundó un pueblo que hoy se llama San Antonio de Obligado” -que está entre Las Toscas y Villa Ocampo-, en el norte santafesino. “La finalidad era que funcione como reducción y funcionó. Y cuando fue gobernador propuso que se funden nueve reducciones más; las autoridades nacionales le aprobaron el proyecto pero nunca le enviaron la plata. Otra hubiera sido la realidad de los indígenas si se hubieran creado”, sostiene.

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“Tengo un nieto adolescente que se interesa todo, hablamos de historia; aunque económicamente no se lo aconsejo”, bromea.

La historiadora agrega que la filosofía de crear comunidades de pueblos originarios partía de la base de incorporarlos (verbo que prefería René James Sotelo, reconocido indigenista local ya fallecido). Y subraya ese ‘incorporar’ a diferencia de integrar, entendiendo que esto último implica ‘hacer que acepten a otra cultura’, la europea, la blanca. 

Un paréntesis amerita una estancia en Colonia Benítez, donde hay registro de que sus dueños los trataban muy bien y les pagaban lo que correspondía por su trabajo. “Mc Lean también fue un personaje extraordinario y admirable lo que hizo. Después hubo otros que pensaron medidas de coyuntura, pero ya no en incorporar. Igual era tarde”, lamenta.

Tres medallas y una marca en la piel

María Cristina resume en dos anécdotas personales qué movió su ya preexistente curiosidad por los hechos históricos. 

La primera. Cuenta que su padre coleccionaba medallas. En tres de ellas además de la imagen de un prócer (Rivadavia, Moreno y Belgrano) detrás había una inscripción: Asociación Patriótica del Chaco. “Eran de 1916, una época en la que se consideraba que no había nada en Resistencia”, se entusiasma. Ese mismo año la primera comuna socialista de Latinoamérica celebró el centenario de la Independencia argentina con una muestra comercial industrial. Mientras que los integrantes de la asociación, entre otras acciones, acuñaron medallas para la fecha. “Pusieron afiches, marcharon por la ciudad y protestaron frente a la municipalidad porque las autoridades ni siquiera habían colocado banderas. Eso (entendían) era honrar a la Patria, un sentimiento; era la primera manifestación patriótica local”, resume. 

La segunda. Un día mientras cambiaba a uno de sus tres hijos notó una pequeña mancha en la base de la columna, que también se hizo visible más adelante en sus nietos. Así supo que ella también la tuvo cuando era pequeña. Se puso a indagar y terminó por relacionar esa marca efímera en la piel con un origen indígena. “Me puse a averiguar y resulta que por parte de mi padre los dos abuelos eran de origen alemán; y por parte de madre, su padre era alemán y la abuela hija de paraguayos, descendientes de guaraníes. Por eso digo que busco responder a preguntas ancestrales”. 

Representante de la Academia

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María Cristina es académica correspondiente que significa que representa a la Academia de la Historia en el Chaco. Mientras que los integrantes de número son historiadores que ocupan los 34 asientos vitalicios de la academia y que se renuevan cada vez que fallece alguno.

¿Pertenecer a la Academia de la Historia implica alguna diferencia con los pares varones?

-No.

¿Pero tienen la misma cantidad de historiadoras?

-No. Somos muy pocas mujeres; es algo que viene de arrastre, nunca se nos dio mucha bolilla.

Tendrá sus dificultades si entre los proyectos se suma el de maternar…

-Sí. A mí nunca me discriminaron. Al contrario, siempre me trataron muy bien porque era del Chaco, “la chaqueña” (estira la voz, marcando un ‘allá ité’). Como si fuera del África-bromea- aunque por muchos años éramos solamente dos mujeres, siempre me sentí muy bien en la Academia. Tengo publicados muchos trabajos ahí.

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