Presente y futuro de la educación
Los vertiginosos cambios que experimentan las sociedades contemporáneas, fundamentalmente por el impacto de las nuevas tecnologías, obligan a replantear las estrategias educativas. La alfabetización digital o la incorporación de materias como programación y robótica en los planes de estudios, son algunas de las innovaciones que, de cara al futuro, se plantean como imprescindibles en el aula. Pero a la vez, es necesario que la escuela sea cada vez más inclusiva, una tarea que demandará grandes esfuerzos en un país donde la brecha entre los que más tienen y los más pobres se ha ensanchado en los últimos años. El debate sobre el presente y futuro de la educación adquiere una especial significación esta semana, en la que se cumplen 135 años de la Ley nacional de educación común, gratuita y obligatoria.
La lucha contra la desigualdad fue, precisamente, uno de los temas abordados en la reunión del G7 que se celebró la semana pasada en París, y que contó con la presencia de las máximas autoridades del Ministerio de Educación de la Nación, que participaron junto a ministros de Desarrollo y los ministros de Educación del G7 de una jornada de trabajo que se llevó a cabo en la sede de la UNESCO. Vale recordar que el objetivo de una educación de calidad para todos es una de las metas de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible. Pero garantizar “una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje para todos, a lo largo de toda la vida”, como se plantea en esa agenda, requiere avanzar simultáneamente con acciones que permitan, por un lado, que la innovación y la creatividad ocupen un lugar destacado en las aulas; y por otra parte, que se asegure que la escuela sea inclusiva. “Hay que invertir en educación, en las escuelas. No hay futuro posible de otra forma”, dijo en su reciente visita al país el maestro keniata, Peter Tabichi, en el marco de una gira que realiza por varios países en su carácter de ganador del último Premio Global a la Enseñanza que otorga cada año la Fundación Varkey a un docente cuya tarea al frente del aula sea considerada innovadora y comprometida y que haya tenido un impacto inspirador en los alumnos y en la comunidad. ‘El trabajo de los maestros es esencial. La educación no puede dejarse de lado”, remarcó Tabichi.
El presente de la educación en el país es muy complejo y tiene múltiples caras. Por un lado, Educación de la Nación anuncia que este año se terminará de conectar a la red internet al 60 por ciento de la matrícula de todo el país. Un gran avance, por cierto. Pero a la vez, según un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA), más de la mitad de los niños argentinos son pobres. Así lo advierte el sondeo realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA que señaló que en en los últimos doce meses la pobreza infantil se incrementó un 11,2 por ciento en el país. No se debe diseñar el futuro de la educación sin pensar primero cómo se va a hacer para devolver los derechos fundamentales a amplios sectores de la población que en los últimos años han quedado al margen de casi todo. Es un tema que debe formar parte de la discusión pública, especialmente en este 2019 que es un año electoral.
Esta semana se cumplen 135 años de la promulgación de la ley nacional Nº 1.420 de Educación común, gratuita y obligatoria, que marcó un antes y un después en la historia del sistema educativo argentino. Así como en su momento esta norma generó un fuerte debate sobre la necesidad de garantizar la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza, poniendo a la escuela pública al alcance de todos los chicos del país, hoy es necesario recuperar el rol de la educación como factor de inclusión, aunque debe reconocerse que ese desafío va más allá de los esfuerzos que puedan hacer los distintos actores del sistema educativo y que tiene relación también con la economía, la distribución de la riqueza y la igualdad de oportunidades. El desafío es enorme en estos tiempos en los que la escuela y la educación en general son interpeladas por un mundo inestable en el que, ya se sabe, algunas profesiones que serán necesarias en los próximos años ni siquiera son conocidas hoy.










