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Preocupa la deforestación de la Amazonia en Brasil

El “efecto Bolsonaro”, como bautizaron algunos defensores del ambiente al rápido avance que comenzó a registrar la actividad minera y maderera sobre la Amazonia brasileña, ya se siente sobre la superficie de la mayor selva tropical del mundo. Según un reciente informe del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, basado en datos aportados por su sofisticado sistema de detección de deforestación en tiempo real, la destrucción de este enorme pulmón verde aumentó el mes pasado un 60 por ciento respecto a junio del año pasado.

Basado en imágenes de satélites de observación de la Tierra, el sistema denominado DETER (Detección de deforestación en Tiempo Real) está diseñado para guiar la inspección de campo por parte de los organismos brasileños competentes. Las autoridades de esta organización estatal del país vecino encendieron las luces de alerta al comprobar que la destrucción de la selva amazónica brasileña, el mayor bosque tropical del mundo y donde vive cerca de un diez por ciento de la biodiversidad del planeta, trepó en junio pasado al pico más alto en los registros tomados en los últimos tres años. El monitoreo de la superficie de la selva realizado con la ayuda de satélites mostró que solo en el último mes se perdieron 762,3 kilómetros cuadrados de especies vegetales nativas, siendo el estado de Pará, ubicado en la región norte del gigante sudamericano, el más afectado por la feroz deforestación. Según distintas organizaciones ecologistas, la explotación de minerales y la extracción sin control de maderas son las responsables de esta destrucción de la cubierta forestal. El servicio de noticias en español de la BBC reveló esta semana que un alto funcionario brasileño, que prefirió mantener su anonimato, dijo a ese medio que desde que Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil, el problema de la deforestación ha empeorado. Según esa fuente, la administración que lleva adelante el polémico mandatario (que prohibió a sus funcionarios hablar sobre temas ambientales con los medios de comunicación) no solo ha pasado a la conservación a un segundo plano en la agenda oficial, sino que hoy la deforestación directamente ‘se fomenta‘, según señala el informe de la BBC.

Las imágenes de satélites de observación de la Tierra, que aporte el sistema DETER brasileño revelaron también que en los primeros seis meses de este año la deforestación alcanzó a 2.273 kilómetros cuadrados, el equivalente a 318.000 canchas de fútbol del tamaño del estadio Maracaná. De esta manera, Brasil parece haber olvidado el compromiso que asumió cuando firmó el Acuerdo de París en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que realizó en el año 2015, para reducir la deforestación y, a la vez, bajar en al menos 37 por ciento hasta el 2025, respecto a los niveles del 2005, sus emisiones de gases de efecto invernadero. Algunos especialistas observan que, en rigor, el avance de la deforestación en la selva amazónica tuvo ya un fuerte impulso durante el gobierno de Michel Temer, que precedió a Bolsonaro. Por su parte, Greenpeace advirtió que si la comunidad internacional quiere, realmente, evitar el agravamiento del cambio climático, la pérdida de su rica biodiversidad y garantizar la supervivencia de los pueblos indígenas, es fundamental detener la deforestación y degradación de la Amazonia. La organización ambientalista recordó que la Amazonia es la mayor región de bosque tropical del planeta y que desde 1970 se ha perdido solo en Brasil una superficie forestal más grande que toda Francia. Según Greenpeace, la ganadería ha sido la responsable de la mayoría de esta deforestación, aunque advierte que la expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja también está relacionada directamente con este problema, junto con la explotación forestal industrial, en gran parte ilegal, que empeora las cosas luego mediante el uso del fuego.

A la luz de estos datos, distintas organizaciones de defensa del ambiente reiteraron sus reclamos al gobierno de Brasil para que detenga la deforestación en la selva amazónica y cumpla sus compromisos internacionales para respetar el ambiente y los derechos de los pueblos indígenas; y también los pedidos a las empresas que operan en Brasil para que actúen con responsabilidad, respetando el ambiente, evitando participar en proyectos que puedan impactar en forma negativa en los ecosistemas amazónicos y en su población. Es de esperar que se detenga la destrucción de esta selva tropical, que regula el clima de la región, y que se adopten medidas para evitar que siga siendo amenazada por la mano del hombre.

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