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Con sus piques y desbordes los hinchas se levantaban para gritar un gol

Alfredo “Pepo” Fernández

Corría por la punta derecha cual niño remontando un barrilete, aunque parecía que quien levantaría vuelo sería él. Tanto fervor metía en sus piques buscando el fondo, que una tarde, la más importante de todas en el Gigante, hizo que el público que no se quería perder el final de su obra presionara con tanta fuerza un sector del alambrado que da sobre la avenida que lo terminó derrumbando.

Así como no olvidaremos aquel penal del “Oso” Di Marco, pateado con tierra y todo, tampoco esa pelota larga del Pepo que pasó rozando el poste poniendo dramatismo a la tarde. Pudo ser el dos a cero, también pudo ser un momento trágico, no ocurrió ni lo uno ni lo otro, el alambrado fue levantado por la misma gente que lo sostuvo hasta el pitazo final. Después sí se confundieron con sus héroes en un abrazo que a más de tres décadas aún perdura. Fue el tercer goleador (16 tantos) de aquel campeonato, detrás de Hugo Noremberg y Luis Sosa.

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“El Pepo” posa junto a su hijo Matías. El “wing” derecho dejó registrada su impronta en el Gigante de la Avenida.

Después de aquel momento histórico muchas cosas cambiaron en nuestro querido Chaco For Ever; el contexto es diferente, la entrada ya no se paga con australes, el club no es igual, la hinchada menos, los jugadores son distintos, solo el sentimiento permanece incólume. El Pepo, ese petiso inquieto, velocísimo y goleador que tantos momentos inolvidables viviera dentro de una cancha tampoco ya es el mismo. Su contextura física fortachona ha devenido a más bien menuda. En los últimos años sufrió el embate de una artrosis y artritis que lo tuvo a maltraer, sin embargo el Pepo hoy es un ejemplo de resiliencia y lentamente asoma a la superficie. La última vez que habíamos compartido algo fue hace cuatro años y a decir verdad no se lo veía muy bien. Hoy luce mejorado, mostrando el mismo humor que lo caracterizaba, y nos revela aspectos de su vida que muchos desconocen.

-¿Podemos hablar de tu enfermedad y de cómo la estás sobrellevando?

-Claro que sí, todo ocurrió cuando tenía 43 años y se me manifestó artrosis en una de mis rodillas que después migró a las demás articulaciones. Fui al médico cuando ya no daba más y desde ese momento ya no pude hacer la vida normal que tenía.

Llegué a estar postrado en la cama casi siete meses, de mis ochenta y pico de kilos bajé a cincuenta y dos. Gracias a Dios y después de tanto probar con médicos, lo conocí al doctor Serra, que me sacó adelante en un tratamiento con base en inyecciones. Mucho de lo que me pasó fue culpa mía porque siempre me automedicaba. Desde mediados de los ochenta, cuando me operaron meniscos y ligamentos de una rodilla, que vivía tomando antiinflamatorios. Ya me operaron de la cadera izquierda y quedé perfecto, solo me falta operar la derecha y vuelvo a la cancha (risas). Camino con la ayuda de un bastón y estoy recuperando mucho el peso como tono muscular. Mis salidas hoy son al frente de mi casa caminando hasta la vereda de mis vecinos. Los días con mucha humedad son los que más complican pero mi ánimo está firme siempre. Mis amigos suelen venir a verme y con la contención de mi familia es más fácil sobrellevarlo.

-¿Cómo está compuesta tu familia y donde te iniciaste en el fútbol?

-Mi familia son mi señora que es maestra, la hija mayor que es enfermera pero vive en Buenos Aires, otra que estudia para maestra y la menor a punto de ser profesora de Educación Física. El varón Matías que cursa el 4to año de Ingeniería Química (U-T-N.). Vivo en Vilelas desde mis 22 años, antes en el barrio Capellini. Con 11 años ya jugaba en Defensores de Vilelas pero con carnet de otro chico y de ahí pasé a Los Andes cuando un directivo compañero de mi viejo en la fábrica de plomo me llevó a firmar en La Liga. Debuté en primera con 15 años como puntero derecho y jugué hasta que hice el servicio militar, recién después firmé para For Ever. Con Los Andes subimos a primera con mi técnico Pino Ledesma. Jugué en Sarmiento un año, aquella vez que perdimos ascender al Nacional “B” contra Atlético Tucumán. Regresé a For Ever donde jugué el Nacional “B” incluída la Liguilla Pre-Libertadores pero después de jugar contra Boca y River me dieron el raje.. De ahí pasé a Independiente Rivadavia de Mendoza junto a Astudillo (Hugo), Moro (Fernando) y Retamozo (de Sarmiento). Regresé a San Lorenzo de Formosa y por último, ya con 33 años a Defensores de Vilelas, donde me expulsaron de por vida. Me acuerdo esa situación y todavía siento vergüenza; el árbitro Del Balzo me había expulsado y reaccioné golpeándolo. A Del Balzo después le pedí disculpas, le comenté que no sabía realmente por qué lo había hecho. Creo que eso fue lo peor que me ocurrió dentro de una cancha y nunca voy a terminar de arrepentirme.

-¿Cómo fue aquel momento del partido final cuando la gente derrumbó el alambrado y que por suerte no terminó en desgracia?

-Estábamos uno a cero después que Di Marco metió el penal que le habían hecho a Luis Sosa (uruguayo). Recibí una pelota que se la tiré larga a mi marcador para que no me alcance y quedé solo contra el arquero definiendo contra un palo. La pelota se fue afuera, muy cerca del palo pero los que estaban en la otra punta gritaron creyendo que había sido gol y empujaron con tanta fuerza que el alambrado se derrumbó. Esa tarde el Pala había recomendado a los defensores que se cuidaran de los “foules” cerca del área y dicen que fui yo quien provocó esa falta que de tiro libre pegaron en el travesaño cuando terminaba el partido. ¡Qué momento increíble aquel!, salir campeón de locales y en el último partido.

Yo terminé totalmente desnudo porque tenía la mala costumbre de jugar sin slip, eso que los vagos me habían dicho que esa tarde me lo pusiera porque si la gente entraba nos iba a sacar todo para tener algún recuerdo. No hice caso y salí al segundo tiempo así nomás, creyendo que me iban a reemplazar. No me cambiaron y de no ser por “Mojarra” (Inocencio González), que me pasó una remera para taparme, capaz que los negros me violaban. Hoy los amigos de mis hijos me cuentan que ven por TyC aquel gol que le hice a Navarro Montoya cuando después de recibir un centro de Raúl Valdez me metí entre los centrales y definí dejando parado al “Mono”... los amigos de mis hijos me siguen preguntando si ese tipo era realmente yo.

-¿Cuánto de bien te fue en lo económico en los años que jugaste al fútbol?

-Recién cuando volví de Mendoza pude comprarme mi casa, ya que allá cobraba en dólares. Cuando salimos campeones, un directivo me había prometido darme un premio importante pero al final me dejó afuera. Tenía mucha bronca, hasta que Julio Wacjman, también dirigente, me citó al canal 9 para entregarme un sobrecito con dinero. Eso compensó en algo aquello que bien merecido lo tenía. Lo mismo, eso ya fue, gracias a Dios pude jubilarme debido a que me sumaron los años de aportes en agremiados a los casi veinte años en la Municipalidad. Hoy mi vida es junto a mi familia y al fútbol ni siquiera lo sigo por la tele, ocasionalmente veo partidos de Primera B Nacional. Ya hace más de dos años que dejé la “gaseosa” (?) que era lo que más me gustaba y mi deseo es caminar normalmente. Pensé que el “Mati” iba a jugar al fútbol pero me salió folclorista, espero que se reciba pronto de ingeniero. Creo que si era yo el que iba a la facultad ya estaría recibido, pero después me acuerdo que no hice la secundaria, solo terminé la primaria.

-De tener que armar un equipo eligiendo a los que fueron compañeros en todos los años, ¿cómo estaría formado?

-Natalicio (Dávalos) en el arco, “Pirulo” Escobar, “la Coca” Benítez y “Caña” Franco y Carlos Carril y Fresco. No pueden faltar los correntinos Raúl Mansilla, “Cabezón” Villalba, “Canilla” Saucedo, Pablo Cáceres, “Quique” Barriento y Pablo Sierra. Les daría consejos como me los daba “la oveja” (Roberto Telch), también motivarlos como lo hacía “El Pala”. De todos los técnicos aprendí algo, de Roberto Puppo, también de don Osvaldo Diez que me hacía correcciones técnicas ya que lo había tenido a Paúl Caniggia en las inferiores de River. Alguna vez me contó que Caniggia estuvo a punto de venir a For Ever.

Ya caía la tarde cuando el goleador, apoyado en su bastón, me acompañó hasta la vereda. Se había calzado una camiseta del Negro para “salir lindo en la foto” y me tiró la única anécdota, esa que le habían hecho entre “Caña” (Roberto Franco) y “La Coca” (Jorge Benítez) en su primera concentración en un hotel de Buenos Aires.

“Me había levantado y ya bajaba para desayunar cuando los vagos me hicieron volver a tender la cama... ¿Vos pensás que acá estás en tu casa?... No, antes de salir tenés que tender bien tu cama. Y yo, que jamás había estado en un hotel, la armé como la mejor de las mucamas. No te imaginás lo que se burlaron después”.

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