Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Las consecuencias del consecuente

La muerte de Rolando Núñez, un fiscal sin fueros como no hemos tenido ninguno y como no volveremos a tener otro, no necesita de ningún otro ingrediente más que su efecto más directo -su desaparición física- para volverse desoladora. Pero metida en el contexto de una realidad social dolorosa frente a la cual se despliega una batalla sin cuartel por el poder (por sus privilegios, no por su potencial para mejorar la vida de las personas), protagonizada por los mismos capitanes de siempre, se torna también asfixiante.

Al cabo de más de veinte años de trabajo, Núñez había posicionado al Centro de Estudios Nelson Mandela -la organización de la que era mentor, cara visible y motor principal- como una referencia insoslayable para abordar las temáticas de fondo del Chaco (educación, salud, políticas sociales, seguridad) o los escándalos y hechos escabrosos que nos exponen como lo que somos: un territorio marcado por el atraso, en el que -como canta Manu Chao- mentira es la mentira y mentira es la verdad. Este bosque en el que los lobos son los favoritos de cada elección.

DR.jpg

El mérito principal de Núñez fue, centralmente, su valentía. Si logró ser lo que acabó siendo fue porque a esa cualidad le sumó compromiso, capacidad de trabajo, inteligencia, honestidad, temple y un bien escasísimo por estas tierras: coherencia.

El chico solitario

Núñez hubiese cumplido 66 años en agosto próximo. Nació en Resistencia, adonde llegó su padre desde el Ingenio Las Palmas. Núñez padre era albañil, y había sido un obrero más en el gigantesco complejo azucarero del departamento Bermejo. Se instaló en la capital provincial cuando Rolando era un niño. La familia abrió un pequeño almacén en la zona de Villa Chica.

Es probable que a ese chico callado, tímido y más serio que lo habitual, la semilla de su vocación adulta le haya llegado de ese padre que solía contar las injusticias que ocurrían en el ingenio palmeño, la factoría más grande que tuvo el Chaco. “Una vez el papá de Rolando me confesó que tenía una mala imagen de mí porque mi abuelo había sido interventor del ingenio, y me mencionó que en su época la relación entre lo que ganaba un obrero y lo que ganaban los directivos de la compañía era de mil a uno”, recordaba ayer, con una sonrisa, Emilio Quenardelle, amigo de Núñez.

Rolando concluyó los estudios primarios y luego siguió la secundaria en la Escuela Normal. “No era un chico integrado al grupo más grande, no por malo ni nada por el estilo, sino porque tenía una personalidad muy fuerte. A veces prefería estar solo en los recreos”, cuenta Roly Pérez Beveraggi, que lo conoció por aquellos años. “Yo creo que era más timidez que otra cosa”, opina Emilio, que lo recuerda como “un amigo de fierro en toda la vida”, con quien Rolando compartió un sueño que rebotaba en su cabeza de adolescente: “Decía que le atraía la idea de que nos fuésemos a Europa en barco, sin plata, a trabajar de lo que sea para viajar y conocer más lugares”.

Tiempos de lucha

A mediados de los ’90, Núñez comienza a trabajar la idea de un foro de análisis y debate que permita procesar la historia reciente del país y de la provincia. Le había impresionado particularmente que con los crímenes de la dictadura tan frescos aún, en 1991 ganara la gobernación del Chaco el partido Acción Chaqueña, creado tres años antes nada menos que por uno de los interventores militares que tuvo la provincia durante el “Proceso de Reorganización Nacional”, el coronel José David Ruiz Palacios.

En 1995 hay batacazo electoral, y cuando parecía un hecho el regreso de Florencio Tenev a la gobernación (el dirigente peronista ya había tenido un mandato entre 1983 y 1987), quien gana agónicamente las elecciones es el radical Angel Rozas, estrenando el sistema de balotaje o segunda vuelta introducido el año anterior en la Constitución local.

Rozas se aboca de inmediato a construir un liderazgo firme. Núñez, sobre todo en el segundo mandato de la UCR y sus aliados, comienza a ser conocido por sus denuncias de incremento de la pobreza en paralelo al manejo clientelar de las políticas sociales. Los documentos del Centro Mandela inician una práctica que se volverá casi permanente: hablan de aquello que los demás omiten y que las autoridades de turno quisieran poder mantener oculto.

La estrategia comunicacional del rozismo pone en foco a ese abogado semicalvo, de gesto adusto, que expone el fenómeno de la miseria en la provincia. Legisladores radicales, para descalificarlo, lo llaman “Don Mandela”. La administración radical recarga crédito en sus comunicadores leales y busca llenar de sospechas el trabajo de Núñez. ¿Qué pretende al atacar el “Modelo Chaco”? ¿De qué vive? ¿Quién le paga?

Núñez se mete en temas densos: los negociados con tierra pública (que recién ahora comienzan a tener sentencias judiciales a favor de la restitución de campos al Estado), la cooptación del Poder Judicial mediante jueces amigos del Ejecutivo, las muertes por tuberculosis y hambre en las comunidades indígenas. Los pocos peronistas que por entonces salían a las calles a resistir la corrupción y las persecuciones lo felicitan. Le mentan el coraje. Años después, cuando denuncie cosas muy similares en la gestión del Frente Chaco Merece Más, dirán que es “un tirabombas”.

Giros a la chaqueña

La labor del Centro Mandela tuvo, seguramente, muchísimo que ver con que Rozas no lograra en 2007 el puñado adicional de votos que le hubiese permitido acceder a un tercer mandato como gobernador. En aquella dramática elección, el receptáculo del rechazo mayoritario al retorno del caudillo radical fue Jorge Capitanich, perdedor por amplios márgenes en los dos comicios anteriores para la gobernación (1999 y 2003).

La nueva gestión pareció, en sus comienzos, querer hacer las cosas bien. Pero pronto aparecieron señales de que no habría giros importantes en las cuestiones de fondo. El notable incremento en los ingresos de fondos federales permitió disimularlo en gran medida, pero la realidad estructural siguió escapándosele a los telones y apareciendo de manera brutal en escena. Como cuando Núñez denunció que en El Impenetrable persistían la discriminación y la desidia en las políticas sociales y sanitarias, y lo retrató con la muerte por hambre de un niño de Villa Río Bermejito. “Es un caso aislado”, respondió Jorge Capitanich desde Buenos Aires, en una de sus conferencias de prensa matinales como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner. Rolando, papeles y documentos en mano, demostró que el drama no era pura casuística.

Más recientemente, fue una pieza clave en las investigaciones que lleva adelante la justicia federal por lavado de activos y que alcanzan a otros delitos que, por cuestiones de competencia, aterrizaron en tribunales provinciales. Hay en esos expedientes un mix tenebroso de desvíos de fondos, enriquecimientos ilícitos, invención de entidades truchas para robarle millones al Estado, desaparición de recursos siderales destinados a viviendas, y otras maniobras que llevaron a la cárcel a funcionarios de la administración actual y a figuras de la oposición radical y del arco sindical local.

El Centro Mandela también cuestionó severamente la investigación formal por la desaparición de casi trescientas toneladas de leche (o de su valor en plata) destinadas a chicos desnutridos, el rol de la Fiduciaria del Norte en esa y otras grandes compras del Estado, las vistas gordas que permiten la continuidad de los desmontes, las monarquías municipales del oeste, las traiciones de cierta dirigencia indígena a sus representados, la impunidad -también en el Chaco- del negocio de los agrotóxicos. Y tantos, tantos temas más en los que se comprometió y buscó cambiar la historia. Sabiendo que llevaba las de perder, sabiendo que el largo brazo de la publicidad oficial taclearía en los medios a los documentos que él enviaba, sabiendo que había mucho más mercenarios enfrente que soldados a su lado. Pero siguió, y aun en esas condiciones logró verdaderas victorias pírricas.

Una pérdida gigantesca

Recién con los años lograremos ser más conscientes de la inmensa pérdida que hemos sufrido con la muerte de Rolando Núñez. Para organizaciones y medios del resto del país y del exterior era una fuente segura de acción y de información. Aquí, dentro del Chaco, fue un enemigo incómodo para muchos que deben haber recibido con alivio la noticia de su fallecimiento. “Es parte de las reglas del juego, consecuencias previsibles”, diría él con su habitual tono calmo y firme. Fue una referencia moral como no la hubo antes. Por eso, el domingo pasado la novedad de su deceso colmó de tristeza a los hombres y mujeres nobles que todavía pisan esta provincia. Ese afecto y ese respeto ganados por él también deben ser computados entre las consecuencias del consecuente. Lo han llorado los buenos. ¿Cuántos más podrán decir eso cuando partan?

Las leyes que no están escritas tal vez logren que la huella que dejó Rolando no concluya en el punto en el que él la dejó antes de subirse al barco de este otro viaje, lejano del que soñó en la adolescencia y que aquel muchacho silencioso y vibrante dejó de lado porque la vida le tenía preparados otros mares.

Te puede interesar