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Peligrosa brecha en la inversión ambiental

En el encuentro internacional sobre biodiversidad que acaba de concluir en la bella ciudad de Cartagena, Colombia, expertos en el estudio de la amplia variedad de seres vivos que habitan nuestro planeta alertaron que en los países de América latina existe una peligrosa brecha entre la responsabilidad que tienen los Estados para conservar el medio ambiente y la baja disponibilidad de recursos que se destinan para ese fin.

Este llamado de atención tuvo lugar en el Quinto Diálogo Regional de América Latina y el Caribe, organizado por la Iniciativa para la Financiación de la Biodiversidad (Biofin) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Allí, especialistas de distintos países de la región coincidieron en destacar la necesidad de acortar esa brecha y mejorar la inversión ambiental, para evitar un mayor riesgo sobre la rica biodiversidad del continente. El encuentro fue organizado por la Iniciativa para la Financiación de la Biodiversidad y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Uno de los expositores, el profesor de la Universidad de Cornell de Estados Unidos, John Tobin de la Puente, observó que América Latina enfrenta una paradoja: por un lado, tiene una buena porción de la biodiversidad mundial, por lo que está obligada a conservarla; pero, por otra parte, la región cuenta con presupuestos limitados para cumplir con ese objetivo. Tobin de la Puente estima que la diferencia entre lo que se invierte en conservación y lo que debería volcarse para asegurar el cuidado de la diversidad biológica en la región oscila entre los 200 mil y 500 mil millones de dólares al año. Frente a esta situación, en la que gobiernos y fundaciones parecen haber encontrado un límite de recursos para volcar a la conservación, el experto se mostró a favor de buscar el respaldo que se necesita en los mercados de capitales privados. La propuesta, por supuesto, alimentó aún más la polémica con organizaciones no gubernamentales que sostienen que buscar apoyo de grandes empresas para la conservación del medio ambiente implicará, en algunos casos, hacer concesiones a sectores que no siempre han demostrado tener un compromiso serio con el cuidado del planeta. En ese sentido, citan como ejemplo la instalación de grandes emprendimientos en áreas protegidas o en zonas que debieran estar bajo una protección de conservación ambiental, pero que no lo están por la falta de actualización de leyes o directamente por la ausencia de un marco normativo. Las voces más críticas a la idea de apelar a los capitales privados también recuerdan que un estudio realizado por la organización sin fines de lucro The Carbon Majors reveló que solo un centenar de empresas son las que generan más del 70 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero desde 1988.

El grupo de expertos que participó del encuentro en Cartagena concluyó, por otra parte, que las legislaciones desactualizadas y también la vulnerabilidad de los habitantes de áreas protegidas son dos de los principales desafíos que tiene por delante América Latina para lograr una mayor eficacia en la conservación del medioambiente en la región. Vale recordar que en Colombia, por ejemplo, recién en los últimos años se ha empezado a legislar en favor de la conservación con estrategias como la aplicación de impuestos a los grandes emisores de carbono, un proyecto de ley que fue aprobado en el año 2017. Al respecto, la representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia, Jessica Faieta, fue muy clara al señalar que, si bien se han empezado a hacer grandes esfuerzos en la región, América Latina todavía tiene por delante grandes desafíos para garantizar el cuidado de la diversidad y para evitar que siga aumentando la temperatura.

Por último, debe recordarse que el más completo informe global sobre el estado de la diversidad en el planeta que fue presentado en mayo en París, por encargo de las Naciones Unidas, reveló que cerca de un millón de especies de plantas y animales están en riesgo de extinción en todo el mundo; y alertó que la fuerte degradación que sufren los ecosistemas por la acción del hombre pone en peligro la supervivencia humana. Es necesario, entonces, plantear nuevas formas de interactuar con la naturaleza, mejorar la inversión ambiental y revisar los paradigmas económicos que se apoyan en actividades que generan daños en el ambiente.

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