El monitoreo de emisiones de gases de efecto invernadero
Los fenómenos del cambio climático y de los gases de efecto invernadero son un problema global y no distinguen fronteras. De ahí que las medidas que adopten cada uno de los países para evitar el calentamiento de la atmósfera serán fundamentales para mejorar la calidad del ambiente. Es por eso que llegaron al país enviados de organismos internacionales para observar cuáles son los sectores y actividades que generan la mayor emisión de dióxido de carbono y metano, entre otros gases que inciden en el cambio del clima.
Se trata de los representantes del Secretariado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y de especialistas de la Red Latinoamericana de Inventarios (que tiene como objetivo el intercambio técnico relacionado a la elaboración y desarrollo de los inventarios de gases de efecto invernadero de cada país), que llegaron a la Argentina para auditar el denominado inventario de gases de efecto invernadero que se lleva adelante a nivel local para cumplir con el compromiso asumido por el país de no liberar al ambiente más de 483 megatoneladas de dióxido de carbono en la próxima década. Cabe recordar que, en el marco de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el Estado argentino se comprometió a presentar cada dos años un reporte de actualización que debe contener los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero. Los datos que ahora son auditados por los expertos de organismos internacionales forman parte del tercer Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero que todavía está en proceso de elaboración y que, se estima, estará completo antes de fin de año. La segunda actualización del inventario, que se elaboró con datos del período que va desde 1990 a 2014, revela que en ese tiempo los sectores con mayor participación en las emisiones de gases de efecto invernadero fueron la ganadería (aportó un 20,7 por ciento), el transporte (15,5 por ciento), el uso del suelo y los bosques (13,1 por ciento) y la generación de electricidad (11,6 por ciento).
El inventario de gases de efecto invernadero es, en rigor, un mapa de las emisiones que se registran en un territorio durante un período de tiempo que, por lo general, suele ser de un año. Se trata de una herramienta clave monitorear las emisiones en cada país y son un insumo fundamental para la elaboración de políticas públicas que contribuyan a reducir las emisiones contaminantes que aumentan el efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. De acuerdo a los datos que aporta el inventario del año 2014, distintas regiones del país ya sienten los efectos del cambio climático que se expresan en, por ejemplo, el incremento de las lluvias y el impacto de las inundaciones en el nordeste argentino, las sequías y el estrés hídrico en el norte y oeste del país por el aumento de temperaturas, el crecimiento del nivel del mar en el litoral marítimo y en la costa del Río de la Plata, y el retroceso de los glaciares en el sur.
Los científicos explican que si bien el clima de la Tierra ha experimentado cambios en varios períodos de la historia, esas transformaciones se debieron a factores naturales que se han producido en el equilibrio entre la energía solar entrante y la energía que sale desde nuestro planeta hacia el espacio. Pero desde la Revolución Industrial hasta nuestros días se han multiplicado en forma alarmante las actividades humanas vinculadas con el uso de combustibles fósiles, los procesos industriales y la generación de residuos urbanos. Esto, advierten, además fue acompañado por la expansión de la frontera agrícola, el incremento de la ganadería y la deforestación. Debe señalarse que esto último -la tala indiscriminada de árboles- sigue siendo en la actualidad uno de los problemas ambientales más graves del planeta, y la Argentina no es la excepción. Junto con Brasil y Paraguay, nuestro país integra el grupo de naciones de Sudamérica que más perdieron superficie boscosa en los últimos años, como producto del avance de las actividades agropecuarias y las explotaciones mineras.
Por otra parte, recientemente la Organización Mundial de la Salud advirtió que el cambio climático puede representar una amenaza emergente considerable para la salud pública, señalando que la relación entre salud y la variabilidad del clima adquiere una gran importancia ya que algunos desastres naturales, como las olas de calor, sequías o inundaciones pueden potenciar ciertas enfermedades. Por lo expuesto es necesario que, además de monitorear las emisiones de gases de efecto invernadero en todas las regiones del país, no se demore la adopción de medidas para controlarlas.










