Ichoalay, Cacique de Abipones
Hacia 1949 Inés García de Marqués fundaba el Seminario Ichoalay, origen del hoy Museo Histórico Regional, y piedra fundamental en los estudios sobre la identidad, memoria, historia y cultura chaqueña.
Por Ernesto Fabián Flores y Juan Sebastián Socha, Museo Histórico Regional Ichoalay, Instituto de Cultura del Chaco
En su 70 aniversario retomamos las inquietudes que en su momento trazó Delia Teresita Álvarez de Tomassone y volvemos sobre la pregunta: ¿quién fue Ichoalay? ¿Por qué Inés eligió su nombre para bautizar el entonces seminario de estudios? ¿Por qué es una figura importante en la historia de los chaqueños?
Para comprender la figura de Ichoalay debemos situarnos en la región del Gran Chaco durante el Siglo XVIII, y para ello es necesario abordar la obra de Martín Dobrizhoffer (1717-1791), Historia de los Abipones, con su primera publicación en 1784. Dobrizhoffer fue un misionero de la orden jesuita que trabajó en nuestra región con la misión de evangelizar y consolidar las reducciones de indios, aprendió la lengua del abipón y escribió sobre sus prácticas sociales, culturales y económicas.

Su obra es considerada de gran valor para los estudios sobre el accionar de la Compañía de Jesús en América y a su vez como uno de los documentos etnográficos que nos permiten el estudio de los pueblos originarios de nuestra región. A través de la pluma del jesuita, desde su mirada, nos adentraremos en algunas características de la vida de Ichoalay.
Del cacique abipón podemos rastrear tres nombres. Ichoalay, su nombre guerrero, que fue ganando reconocimiento al calor de los combates y los acuerdos diplomáticos de los cuales fue parte, tanto entre pueblos originarios como entre estos y los españoles. José Benavidez fue su nombre criollo, tomado de uno de sus patrones. Y en su comunidad, los suyos, lo conocían también como “Ohahari”, que significa niño en abipón.
Sus diferentes nombres son pistas que nos permiten comprender el ir y venir entre mundos diferentes, cualidad que lo destacaría entre los suyos a la hora del ejercicio diplomático en tiempos de fronteras en tensión. Según el jesuita: “Ninguno de nosotros duda, que él fue el principal instrumento de la paz concertada entre los abipones y todos los españoles, autor y conservador de la colonia de San Jerónimo. Siempre cultivó escrupulosamente la paz iniciada con los españoles y veló diligentemente que ninguno de sus abipones la violara, aun con peligro de su cabeza” (Dobrizhoffer [1784] 1969).
Los relatos nos señalan que a temprana edad entabló relaciones laborales en la ciudad de Santa Fe, entre españoles “como domador de caballos o como guardián de los campos” (Dobrizhoffer [1784] 1969). Para el jesuita, uno de los motivos por los cuales Ichoalay buscaba conchabarse, fue su inquietud por aprender la lengua española. Peón de campo, domador de caballos, cultivador y soldado fueron algunas de las labores que le permitieron recorrer diferentes espacios de la sociedad colonial del Siglo XVIII, las ciudades Santa Fe y Mendoza entre ellos.
Desilusionado del mundo hispanocriollo y con problemas por la falta de pago en uno de sus trabajos, decide retornar al norte de Santa Fe con los suyos e inicia junto a pueblos Qom y Moqoit diferentes incursiones fundamentalmente en Córdoba. Aquí comienza una nueva etapa en la vida de Ichoalay, que lo erigirá como el futuro cacique entre abipones, y su nombre se replicaría suscitando el temor de la sociedad colonial.
Sin embargo, hacia mediados del siglo XVIII, se abriría un canal de diálogo con el objetivo de establecer una zona de paz y el establecimiento de diferentes reducciones. En esta oportunidad Ichoalay será el mediador entre “indios amigos” de la colonia y el sector hispanocriollo, ya no con una relación de dependencia laboral para con los criollos, sino como reconocido líder abipón en las zonas fronterizas del norte de Santa Fe y Córdoba.
Esta situación establece un nuevo período histórico en las relaciones fronterizas donde los abipones acordarán junto a las instituciones coloniales y la Compañía de Jesús el establecimiento de cuatro pueblos de abipones en las jurisdicciones de Santa Fe (San Jerónimo, 1748), Santiago del Estero (Concepción, 1749), Corrientes (San Fernando del Río Negro, 1750) en la actual provincia del Chaco y Asunción (Timbó 1763).
Estos poblados funcionarán bajo la órbita de los hermanos jesuitas hasta su expulsión en el año 1767, desde entonces las misiones de la región pasarían a estar bajo la administración de los padres franciscanos, situación que devino en diversos cambios en la dinámica cotidiana de los denominados “pueblos de indios” y en el consiguiente despoblamiento de estos.
Ante la expulsión de los jesuitas, Ichoalay intenta un levantamiento general de los pueblos guaraníes en la región. Tras su fracaso viaja a la ciudad de Santa Fe para exigir el retorno de los padres jesuitas en las reducciones. A partir de ese momento la historia de Ichoalay comienza a perderse entre los documentos que llegan a nuestros días.
Destacar el rol que ocupo Ichoalay como diplomático y símbolo de paz que permitió entre otras fundaciones el poblamiento donde más tarde surgiría la ciudad de Resistencia fue el espíritu de Inés Marqués. Su legado perdura en los documentos, acervos y relatos que son parte del patrimonio material e inmaterial del Gran Chaco.
Fuentes:
ALTAMIRANO, Marcos; SBARDELLA, Cirilo, DELLAMEA DE PRIETO, Alba. (1987). Historia del Chaco. Resistencia, Argentina. Editorial DIONE
ALVAREZ DE TOMASSONE, Delia Teresita (Comp). Memoria del pasado chaqueño en el museo Ichoalay (2007). Resistencia, Argentina. Editorial MECyT Chaco. Subsecretaría de Cultura.
DOBRIZHOFFER, Martín. Historia de los Abipones.T.III. (1968). Resistencia, Argentina. Editorial UNNE
LUCAIOLI, C.P. (2011). Creatividad, adaptación y resistencia. Ychoalay, un cacique abipón en la frontera austral del Chaco (SXVIII). Revista Folia Histórica del Nordeste, (19), 91-117.










