El Gol brasileño que pisó Nurburgring
En 2018 fue el primer auto sudamericano en pisar el mítico trazado después de los Torinos argentinos en 1969.
La historia del Gol se remonta a la segunda mitad de la década de 1970, cuando Volkswagen comenzó a proyectar en Brasil un sucesor para el exitoso Escarabajo y competir con otros vehículos del segmento. El coche tenía un motor longitudinal de 42 CV que parecía quedar holgado en el vano motor.

En diciembre de 1976 el primer prototipo estaba listo. El resultado fue un modelo de dos volúmenes con diseño hachtback de dos puertas. Las líneas angulosas y alargadas le dieron un aspecto deportivo que mantiene hasta el día de hoy y desde entonces mucha agua pasó debajo del puente convirtiendo al Gol en el auto más vendido de América Latina hasta la actualidad.

Menos conocida es la historia de un modesto Gol modelo 1998 que ese año fue exportado por la fábrica brasileña para realizar pruebas en Alemania pero que nunca se realizaron ya que para ese momento había salido a la calle el Gol G3 y el coche quedó olvidado en Europa.
Un ingeniero brasileño de nombre Renato Hinkelmann es el actual propietario del auto y su curioso derrotero. “Tengo el único Gol brasileño que existe en Europa”, relató a la revista Quatro Rodas. “Al coche lo encontré en 2014 en la concesionaria Autohaus Krupp que se dedica a comercializar autos exóticos y antiguos y como yo quería vender una Kombi del año 1974 que apenas tenía 29.000 Km fui a ofrecerla y encontré el Gol en un rincón con apenas 1876 kilómetros”.

Stephan Krupp el dueño de la agencia no quería mandar el coche al desguace porque pensaba que algún valor tendría con tan pocos kilómetros -y como buen conocedor de su rubro- conjeturaba que cada año que el Gol sumase su valor debería ir en alza. La cosa es que terminé comprándolo por 2000 Euros para hacerle lugar a mi Kombi que tiene un precio de reventa mucho más alto”
El coche no tenía ninguna documentación porque en algún momento los papeles se extraviaron así que Hinkelmann tuvo que acudir a los registros de fábrica de Brasil para comenzar los engorrosos trámites en Alemania y lograr que el auto pueda circular por las calles. Finalmente el coche fue llevado a la verificación técnica y se le pidió cambiar el parabrisas levemente rajado, e instalar cinturones de seguridad acordes a la normativa vigente en el país además de faros antiniebla.

“Ya estaba intentando traer el vidrio de Brasil cuando fui a una concesionaria donde tuve que explicar por millonésima vez que se trataba de un Gol, no de un Golf y el empleado encontró el parabrisas para los años 2004 a 2011 en stock, un milagro tratándose de un coche que nunca se vendió en Europa. Fue la única pieza del Gol que buscaba que existía en el stock”, relata sonriente de haber logrado tras 4 años poner su auto en la calle
El infierno verde
Pero las curiosidades con el Gol no terminan con su rescate. El año pasado Heinkelmann comprobó que en Europa sólo hay 4 Gol (BX de primera generación con motor refrigerado a aire) y 3 de ellos están en Portugal así que decidió establecer un “record” extraoficial al llevar su auto a girar en Nurburgring en uno de los “track days” que se realizan en el mítico trazado de 24 kilómetros donde los únicos autos sudamericanos documentados en los registros del autódromo eran los Torino de la Misión Argentina de 1969 que encabezara Juan Manuel Fangio.
Renato contó sonriente que los alemanes miraron con extrañeza su compacto brasileño. “Para los entendidos es una cosa rara y se juntaron alrededor del coche preguntando qué tipo de Golf es ese. Se quedaron aún más impresionados con el motor longitudinal, que el Golf nunca tuvo'.

Finalmente el golcito sacó ventaja del nuevo país. En lugar de la placa que ocultaba la falta de radio, ahora hay un sistema heredado del Golf de tercera generación. Las ruedas de acero originales dieron lugar a las ruedas opcionales del Passat GL 1995, económicas en Europa, pero que en Brasil son carísimas por haber sido usadas en la misma época por el primer Gol GTI 16V.
Renato confiesa que sólo disfruta de la nostalgia de conducir un auto hecho en su país y no le presta mucha atención a mantener estrictamente el modelo como salió de fábrica ya que no podría circular en Alemania, también asegura que no cronometró su vuelta en el “infierno verde”, y sonríe al contar como lo pasaban Ferraris y Porsches mientras el disfrutaba del andar de su Gol 1998, brasileño.










