Las manos limpias y el trabajo desinteresado
Hoy existen muchos argentinos que están preocupados. Muy preocupados.
El clima que se vive, a muy pocos meses de unas elecciones generales, se torna, día a día, irrespirable. Hace acordar a las épocas de unitarios y federales, cuando unos paseaban las cabezas cortadas de sus adversarios clavadas en las puntas de sus lanzas. Hoy las imágenes no son aquéllas, pero por lo que se ve y escucha, muy parecidas. “Ministerio de la Venganza”, “fusilamientos”, “escraches”, “exilios”, “ni olvido ni perdón”. Y todo desde ambos lados de esa fatídica grieta que, lejos de desaparecer, cada vez se ahonda más.
Hace décadas venimos degradándonos como país y, de ser uno de los primeros en América Latina y el mundo, hoy estamos a la cola en todos los indicadores y seguimos en estrepitosa caída, encogiéndonos de hombros como si nada pasara. Y todo lo que pasa va en desmedro de las nuevas generaciones que se encuentran cada vez con un país más devastado.
CORRUPCIÓN EN TODOS LADOS
Pareciera que no existe lugar donde no se ha enquistado la corrupción: gobiernos nacional, provinciales y municipales; espacios institucionales como el Congreso de la Nación y las cámaras legislativas de las provincias y hasta el otrora espacio intocable de la Justicia y sus miembros de todos los niveles, hoy todos cuestionados. Y están minados de corrupción y desvirtuados de sus fines específicos los gremios, las federaciones y confederaciones sindicales, las empresarias y hasta las profesionales. Hay corrupción en los sacrosantos recintos donde se imparte el saber cómo las universidades y las escuelas de todos los niveles. Pasa lo mismo en los organismos nacionales, provinciales, comunales, donde se encuentra mugre ni bien se levanta una alfombra, con la anuencia de sus conductores que no pueden hacerse respetar porque sus súbditos conocen sus agachadas.
Esta incompleta descripción de lo que nos está pa sando explica el porqué haya tanta indiferencia y tanta apatía en vísperas de elecciones. Porque los sucesivos gobiernos fracasados han producido que el primitivo fervor de 1983, cuando regresó la democracia, haya caído en este descrédito de la política y de sus instituciones. No existen, y si existen no se los ve, los políticos de vocación. Esos que están convencidos que deben estar al servicio de los demás, dar su tiempo, sus conocimientos, sus fuerzas para cumplir su tarea y luego de un turno, irse a su casa, retomar sus actividades propias y enseñar a las nuevas generaciones. Eso no se ve en ninguno de los sectores: político, gremial, empresario, profesional. Todos buscan los mayores privilegios, cada vez más. Por eso la gente está desorientada y quiere terminar de sólo votar por el menos malo, porque no puede elegir lo que realmente quiere.
CON LAS MANOS LIMPIAS
Este panorama cargado de realismo puede parecer pesimista, pero, si no se lo tiene en cuenta, seguiremos por la pendiente que es impredecible. Terminemos con el pasado, con el ayer y con este presente, porque se pueden hacer cosas que estén alejadas de todo este barro que mal describimos. Y aún en nuestro postergado y castigado Chaco, hoy con una situación de suma gravedad por los factores climáticos que son el producto de corrupciones pasadas, en muchos casos. (Suenan palabras como deforestación, ampliación de la frontera agropecuaria, Bajos Submeridionales, canales de desagote, rutas, alcantarillas ...).
Para demostrar que los ciudadanos pueden cuando hay quienes los incentivan citaremos, a modo de ejemplo, dos hechos de estos días. En el complejo denominado Casa Garraham del Chaco esta semana se descargaron las últimas toneladas de arena que servirán para concluir la tercera etapa de una obra monumental, que se hizo, ladrillo a ladrillo, con el aporte de la ciudadanía. Donde todos pusieron, con mínimas contribuciones que ayudaron al todo. Y que permitieron, con digno trabajo de hormiga, hacer algo del que todos están orgullosos, aún aquellos que para hacer ese tipo de obras llaman a licitación con la plata del Estado y casi siempre “pagan” el doble o el triple de su real valor. (¿?). Esa entidad se llama Ciudad Limpia y marca un camino: manos limpias y trabajo desinteresado. O como esa otra institución, Padres en la ruta que se creó a imagen de la existente en Córdoba y que en estos días cumple 15 años. Logró algo que parecía imposible como es el cuidado de los jóvenes en las rutas y calles, sobre todo los fines de semana. A fuerza de insistir, de sacrificarse, de no claudicar en los fines de semana, sobre todo, lograron terminar con las muertes en accidentes que en esos días (quince años atrás) eran más que frecuentes y a reducir al mínimo el “chapeo” de influyentes.
Dos ejemplos de que la honestidad, el servicio y el amor por lo que se hace pueden cambiar a la sociedad, esa que hoy vemos con mucha preocupación en todos los ámbitos. Hay una luz para esta Argentina (Chaco incluido), del fracaso y del odio. Padres en la Ruta y Ciudad Limpia marcan un camino










