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Con “esta” democracia no se educa, no se come, no se cura...

2019 es un año electoral en serio, porque en él se eligen las autoridades democráticas del país, de la provincia y de los municipios. En realidad, sólo cada cuatro años deberíamos ir a las urnas, sin ese engendro intermedio para elegir algunos legisladores.

Por eso, porque es un año electoral en serio, es que los ciudadanos de a pie, los que decidimos los resultados, tenemos que estar más que atentos para no ser engañados otra vez. Sin embargo, poco tiempo antes de acudir a las urnas estamos en la más negra incertidumbre, sabiendo qué es lo que no queremos, pero no encontrando a quien votaremos.

Para decirlo en forma sencilla y sin rodeos, la mayoría de los ciudadanos, ajenos a los partidos políticos, estamos desilusionados de “esta” democracia que recuperamos con fervor en 1983 para “nunca más” perderla, porque creíamos de verdad de que “Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear, que nos deje de manejar la patria financiera, que no nos manejen minorías agresivas, totalitarias, inescrupulosas que por falta de votos buscan las botas para manejar al pueblo” (Raúl Alfonsín).

Escepticismo

Los sucesivos fracasos han hecho este presente cargado de escepticismo. En la Argentina y en el Chaco, la Educación está peor que nunca, es mayo, quinto mes del año, y no han comenzado las clases (“Con la democracia se educa); el hambre y la pobreza han crecido exponencialmente (Con la democracia se come); la salud vive de paro en paro, se roba la leche y faltan remedios (Con la democracia se cura).

Muchos de los hombres y mujeres que han desfilado por los despachos oficiales, por las bancas legislativas, por los estrados judiciales, en cambio, hoy están ricos, han cambiado su vida junto a sus familiares y amigos porque han comido, se han curado y se han educado a expensas de la democracia y muchos siguen allí cómodamente instalados.

Es decir, la democracia se ha convertido en el salvavidas de unos pocos y en la angustia de muchos, algo ajeno a su esencia. De ahí el escepticismo, porque, además, cuando vienen las elecciones, se promocionan nombres en vez de programas de gobierno. Y eso ya ha cansado a la ciudanía.

Se habla de mengano, de zutano, de perengano y sus caras y sus eslóganes aparecen por doquier y en cualquier lado. Ellos llegan al poder, pero lo que prometieron no se cumple y la desigualdad es cada vez mayor.

Hoy estamos en uno de esos años electorales en los que aparecen los que se postulan, o los que quieren seguir, pero que aquí, en el Chaco, aún desconocemos el calendario. Las disidencias internas del partido gobernante han provocado este atraso, porque ni siquiera ellos saben quiénes van a presentarse, cegados por la ambición y, quizás, en la búsqueda de un salvoconducto para no ir a acompañar a colegas que pasan sus días en la Unidad Penal 7 o esperan con zozobra algún pronunciamiento de la Justicia.

Elegir, no solo votar

Las palabras de un grande de todos los tiempos, Martin Luther King, interpretan lo que muchos piensan hoy: “Necesitamos líderes que no estén enamorados del dinero, sino de la Justicia; que no estén enamorados de la publicidad sino de la humanidad”. Queremos de una buena vez sólo votar para poder elegir y hoy estamos obligados a votar por gente que no queremos porque ya los conocemos y de gente que se postula con engaños que ya conocemos: “Una nueva forma de hacer política”, “Un nuevo Chaco comienza”, “siempre con vos” o cosas parecidas a las de “Con la democracia...”.

Hasta ahora -a cinco meses de saber quiénes nos gobernarán en los próximos cuatro años- está todo en una nebulosa porque los “nombres” se anteponen a las ideas y a los programas de gobierno. Y en los nombres no se ponen de acuerdo en las dos grandes fuerzas políticas. Sigue brillando por su ausencia la verdadera vocación política, esa que es la estar al servicio de los demás, de “todos” los demás, no de unos pocos. Y esto, con estos partidos políticos que tenemos y con estos nombres que se han repetido hasta el infinito no anda.

Hay que decirlo con todas las letras, con “esta” democracia recuperada desde el 1983 se ha fracasado rotundamente porque ni siquiera se puede comer, curarse y educarse. A esta generación le corresponde comenzar a superar ese fracaso. A recrear la democracia. Les va la vida a muchos en ello.

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