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Bajos Submeridionales: intervención en una zona con problemas

NORTE consultó a expertos que concluyeron que “cualquier estrategia de intervención en los Bajos Submeridionales, una zona con problemas de conectividad física, transporte, comunicaciones y de ordenamiento territorial, requiere necesariamente tener en cuenta varios aspectos.

Y resaltaron que el área de históricamente tuvo alternancia. “La reacción histórica de la sociedad: gobiernos, entidades, productores, municipios, etc., ha sido siempre la misma. Cuando hubo inundaciones reclamaron obras de canalización y ante las sequías, retenciones”, afirmaron los consultados.

“El área de históricamente tuvo alternancia de inundaciones y sequías. A raíz de las inundaciones de los años 1966 y 1973, ante precipitaciones similares o superiores a las de este año, se decidió estudiar esta zona”, indicó uno de los consultados.

“De ese estudio surgieron los proyectos y las obras construidas para drenar los excesos hídricos: Golondrinas en el noroeste de Santa Fe, Paraná y Tapenagá en Chaco. Luego de terminada su construcción entre los años 2002/5, comenzó un ciclo de sequía que generé nuevamente grandes impactos negativos, de similares características a las anteriores sequías, que hizo preguntar: ¿Para qué se construyeron esas obras?”, mencionó.

“Esta situación de alternancias históricas de situaciones normales, sequías e inundaciones, tienen en las precipitaciones y en el medio físico -llanura sin arroyos y ríos-, las causas dominantes del funcionamiento hídrico de la región y de los problemas de desarrollo de la misma”, indicó.

“Las precipitaciones caídas desde comienzos de esta temporada de lluvias - Septiembre 18-, hasta la fecha no son las máximas ocurridas, hubo otros años donde llovió más. Tomando como ejemplo los registros anuales de Villa Ángela se observa: Año 1990/91: 2.208 mm, 1965/66: 1.596 mm, 1984/85: 1.449 mm, cuando el promedio mensual es de 1.104 mm. Actualmente ha llovido en esa ciudad desde Septiembre, 1385 mm (hasta Abril). Refuerza la idea que las precipitaciones son cíclicas, períodos de 5 a 10 años, sucediéndose períodos húmedos, secos, normales, y que seguirán con ese comportamiento en el futuro”, aclaró.

“Ambas situaciones y las obras estructurales propuestas se contraponen, y de allí que luego se argumenta: Las sequías son producto de las obras de canalización. Las inundaciones son producto de las obras de retención (terraplenes viales de rutas nacionales y provinciales, ferrocarriles, compuertas, etc.). En los últimos años se agregan como causas el desmonte y el cambio climático”, afirmó.

“Por lo tanto el desarrollo armónico de la región de Bajos se dará cuando todos los sectores comprendan cuáles son las causas más importantes y cuando las estrategias de intervención sean consensuadas entre todos los actores, y desde el punto de vista hídrico tengan en cuenta ambos extremos, tratando de generar un manejo del agua que no sea exclusivamente: inundaciones = sacar el agua, y sequías = retener, sino que se complementen”, indicó.

“También se debe resaltar que las obras construidas y propuestas son un pequeño paliativo frente a las dimensiones de los montos pluviométricos de la temporada de lluvia: No alcanzan a sacar más que el 5 o 10 % de los excesos que se generan. Las retenciones propuestas -luego desechadas por inviabilidad técnica-, tampoco permiten amortiguar el efecto de la sequía, ya que pequeños terraplenes para retener agua generan enormes superficies -por la escasa pendiente del terreno-, que invalidan cualquier otra actividad. De vuelta, ese equilibrio, ese manejo, debe hacerse de forma adecuada y conociendo los efectos que genera una u otra intervención”, señaló.

“Realizando balances hídricos mensuales, a lo largo de varios años, se demuestra de qué volúmenes de agua significan esas lluvias, y sería un punto de partida para el conocimiento de ver cómo funciona ese sistema hídrico, para luego proponer o no, las distintas acciones o medidas que permitan el desarrollo de la región”, dijo.

Obra necesaria

“Si se realiza un ejemplo hipotético de analizar una superficie de 100 km por 100 km, más o menos el área afectada por inundaciones, y se suponen que hay 300 milímetros de excesos (hay más en algunos lugares), y se los quiere sacar con una obra en el tiempo de 1 mes, se necesitaría un caudal total de 1225 metros cúbicos por segundo para lograr sacar todo exceso, habría que construir un canal del tamaño del río Bermejo en crecidas para lograrlo. La Línea Paraná que sane parte del Sudoeste provincial tiene una capacidad total de 22,5 metros cúbicos por segundo”, graficó.

“Una medida útil en esta problemática de las inundaciones rurales en la llanura chaqueña, es el mapa de las zonas con mayor o menor riesgo de inundación, trabajo que Chaco ha generado en el 2006/07 y que indica qué sectores son más o menos inundables, permitiendo identificar rápidamente si un productor es la primera vez que se inunda o ya ha tenido otras en el tiempo. Esa información no se la usa y sería muy útil para estas situaciones de reclamos generalizados. Es un insumo obligado para el seguro agropecuario, para los créditos de bancos a productores y en la compra de maquinarias, que daría un sustento técnico - económico al tema, y un desarrollo agropecuario más sustentable, no solo con el auxilio del Estado, sino que el sector agropecuario en épocas de buenas cosechas, implemente un fondo que permita actuar en los momentos críticos como el actual, sabiendo que en años como estos producir agricultura tiene un riesgo determinado y medible, que se debe asumir en la relación económica de esa producción”, relató.

“Se debe usar el mapa de áreas con riesgo de inundación, como el existente para la zona sudoeste del Chaco en conjunto entre el Ministerio de la Producción. INTA, Facultad de Ciencias Agrarias de la UNNE y la APA, otro plano con nesgo de sequías, otro con las potencialidades de los suelos para las distintas actividades agropecuarias, etc., que identifiquen en qué zonas se puede hacer agricultura con suelos de mejores condiciones, realizar ganadería, o directamente no usarlos porque ambiental es lo conveniente”, indicó. Estudio de suelos

“El estudio de suelos tal como lo realizó Chaco en convenio con INTA, una herramienta señera a nivel país, permite saber con precisión qué suelos son agrícolas, ganaderos o solamente para vida silvestre. Clara medida de planificación que permite una intervención en el medio que hace sustentable la actividad que se realice”, comentó.

Conclusiones

Las precipitaciones tienen comportamientos cíclicos: Húmedos, normales, secos, que se repiten y se repetirán en la historia.

Las obras por sí solas no solucionan el problema de inundación y anegamiento, son un paliativo.

Se deben realizar adecuaciones hidráulicas de rutas nacionales y provinciales, terraplenes de FFCC, que en llanura actúan como verdaderos diques, y no se puede crear un factor más de inundación por la construcción de una obra humana.

Deben implementarse medidas no estructurales en paralelo a las obras: Constituir Comités de Cuencas. Utilizar los mapas de nesgo hídrico agropecuario y de aptitud de los suelos.

Utilizar adecuadamente la perspectiva trimestral de comportamiento de las precipitaciones, como instrumento de planificación de las inversiones agropecuarias.

Impulsar decididamente el funcionamiento del Comité de Cuencas de la región de Bajos Submeridionales, con el objetivo final del manejo del agua en pos del desarrollo de esta postergada región.

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