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Los medicamentos ahora son un lujo para pocos

La extraordinaria suba de precios de los medicamentos y la ausencia casi total del Estado en la regulación del mercado de los fármacos, hicieron que en la Argentina de hoy solo unos pocos privilegiados puedan cumplir con los tratamientos recomendados por los médicos. Según datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos, en el país se compran 100.000 remedios menos por día en comparación con el año pasado.

Estadísticas difundidas por la entidad gremial advierten que el incremento en los medicamentos acumula un aumento promedio de 320 por ciento desde diciembre de 2015, con picos de 800 por ciento en productos como la aspirina, por ejemplo, y del 720 por ciento en remedios para combatir la presión arterial, que son de uso frecuente en muchos pacientes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste, todos los años, sobre la necesidad de que los Estados garanticen el acceso equitativo de la población a medicamentos seguros y asequibles, porque considera que es de importancia vital para que todos gocen del grado máximo de salud que se pueda lograr. Los Estados miembros de la OMS, entre ellos la Argentina, reafirmaron su compromiso con esos principios en mayo de 2008, pero desde que asumió el presidente Mauricio Macri, se ha avanzado en sentido contrario. Cada vez menos argentinos pueden adquirir medicamentos y, de esa manera, el acceso a la salud es hoy un privilegio que gozan muy pocos. En ese sentido, el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos confirmó que la suba de precios de los remedios estuvo todos estos años muy por encima de la inflación, y por eso es que muchos argentinos dejaron de comprar sus medicamentos o directamente abandonaron los tratamientos. Desde la entidad sindical se advirtió que esto derivó en que se duplique la morbimortalidad, es decir las muertes causadas por enfermedades que, mediante un tratamiento médico, pueden ser controladas.

Por otra parte, la falta de una adecuada regulación de los fármacos, el desinterés del gobierno nacional por fomentar la producción nacional o para promover la regulación de la tasa de rentabilidad de laboratorios, por ejemplo, no solo disparó el precio de los medicamentos, sino que derivó en el cierre de unas 250 farmacias en todo el país, según denunció el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos. No es casual, entonces, que se vendan 100 mil remedios menos por día. Esto quiere decir que hoy en la Argentina solo los que tienen ingresos altos pueden pagar por la salud. En el otro extremo del mapa social están los que viven en situación de pobreza, un fenómeno que se ha vuelto creciente en el país y que tiene a más de 14 millones de personas que sufren la ausencia del Estado y de políticas públicas.

En un reciente foro organizado en Sudáfrica por la Organización Mundial de la Salud para definir estrategias que permitan reducir los precios de los medicamentos y garantizar el derecho a la salud de la población, se planteó un problema de alcance global: la falta de transparencia con respecto a los precios pagados por los gobiernos, lo que hace que muchos países de ingresos bajos y medios paguen por algunos medicamentos precios más altos que los países más ricos. Este foro mundial, que se llevó a cabo en la ciudad de Johannesburgo para debatir sobre precios justos y acceso a los medicamentos, contó con la presencia de representantes de gobiernos y de organizaciones de la sociedad civil, que coincidieron en pedir una mayor transparencia de los costos de la investigación y desarrollo de medicamentos, así como de su producción, para que los compradores no tengan que pagar altos precios por estos productos.

Por otra parte, en nuestro país el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el Centro de Estudios Políticos Para Personas Mayores (Ceppema) y la Asociación Latinoamericana de Gerontología Comunitaria (Algec) publicaron un informe en el que señalan que el promedio de aumento de los 50 medicamentos más consumidos por los adultos mayores en el periodo mayo 2015 - agosto 2018 fue del 157,8 por ciento, mientras que en el mismo periodo las jubilaciones subieron un 111,9 por ciento. El continuo encarecimiento de los precios de medicamentos esenciales y la carencia de políticas públicas para evitar que eso suceda atentan contra el derecho a la salud que es, vale recordar, un derecho inalienable e inherente a todo ser humano.

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