La brecha salarial que perjudica a las mujeres
Un informe difundido por la organización Economía Feminista advierte que en la Argentina la brecha salarial por género es de 27,5 por ciento. Según esa misma fuente, las mujeres tienen que trabajar un año y tres meses para percibir ingresos similares a los que obtienen los hombres en solo un año.
En rigor, las disparidades de remuneración por razón de género perjudican a mujeres de casi todo el mundo. Un reciente documento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reveló que, a nivel global, en los últimos 27 años la brecha salarial apenas ha disminuido y se mantiene en torno al 20 por ciento, en detrimento de las mujeres. Por otra parte, según el Foro Económico Mundial (también conocido como Foro de Davos), entre los años 2017 y 2018 se desaceleró el ritmo al que crecían los salarios y por eso, si todo sigue igual, las mujeres necesitarían esperar casi dos siglos para cerrar las diferencias salariales con los varones.
La organización Economía Feminista señala que en nuestro país en el cuarto trimestre de 2018 la brecha salarial alcanzó el 30 por ciento. En ese período, el ingreso medio de los varones fue de 21.792 pesos y el de las mujeres de 15.241 pesos. Esto significa que las mujeres ganaron alrededor de 85.000 pesos menos que sus pares varones durante el año pasado. Pero para las trabajadoras que se encuentran en situación de informalidad, la situación es mucho peor. En este caso la brecha salarial se amplía a más del 36 por ciento. Además, estas trabajadoras son más de un tercio del total y entre ellas se encuentran las empleadas domésticas, quienes tienen las tasas más altas de precarización laboral y los peores salarios de la economía.
Existe la falsa creencia de que las diferencias en los niveles de educación entre mujeres y hombres que tienen un empleo asalariado explican las disparidades de remuneración por razón de género. Pero eso no es cierto. En ese sentido, la especialista en econometría y salarios de la OIT Rosalia Vázquez Álvarez observa que en muchos países las mujeres tienen un nivel de educación más alto que el de los hombres pero perciben salarios inferiores, aun cuando trabajen en las mismas categorías profesionales. Advierte, además, que los salarios de las mujeres y de los hombres también tienden a ser inferiores en las empresas y las profesiones con una fuerza de trabajo predominantemente femenina. Por lo tanto, considera que a fin de reducir las disparidades de retribución por razón de género es necesario adoptar medidas más efectivas para garantizar la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres, y para rectificar la infravaloración del trabajo de las mujeres. A nivel local, expertos coinciden en señalar que en la Argentina esta situación se agrava por la poca participación femenina en el mercado laboral; a lo que debe sumarse un factor que está presente tanto en el país como en resto del mundo: las mujeres con hijos generalmente perciben salarios inferiores a los de las mujeres que no tienen hijos. La OIT considera que esto puede estar relacionado con múltiples factores, como las interrupciones en la carrera profesional, la reducción del horario de trabajo, trabajos que permiten conciliar la vida profesional y la familiar con salarios más bajos o decisiones estereotipadas sobre los ascensos a nivel empresa.
Por otra parte, según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, en Argentina solo el 58 por ciento de las mujeres trabaja o busca trabajo, mientras que el 80 por ciento de los hombres lo hace. Esto sucede porque ellas son las encargadas de las tareas de cuidado y del hogar, y muchas veces les es más costoso contratar a alguien que las ayude mientras salen a trabajar.
Frente a este panorama, es necesario que se impulsen políticas públicas que sirvan para erradicar las fuentes de desigualdad económica que privan de derechos a las mujeres, como la persistente brecha salarial, las barreras y obstáculos que se ponen al ascenso y el ingreso de las mujeres en ciertos sectores del mundo laboral y la desigual distribución del trabajo doméstico no remunerado en el hogar entre mujeres y varones. Si bien en los últimos años tanto en el país como en otras naciones del mundo se han registrado avances significativos en la participación de las mujeres en el campo de la economía, todavía falta mucho por hacer para lograr una sociedad con menos injusticias y menos desigualdades.










