“Cuando empezás a hacer un consumo responsable ya no hay vuelta atrás”
La ‘loca del taper’ es una activista argentina que a diario se esfuerza por reducir el descarte individual de plásticos y de productos contaminantes.
Además de integrar la oenegé Economía Circular, Nafda Nudelman tiene cinco años de experiencia en el proceso de reciclado en varios proyectos independientes de oenegés, cooperativas y municipios. Y durante todo ese tiempo vio que es muy difícil lograr cambios concretos: “Es muy frustrante porque se recicla muy poco en relación con todos los residuos que se generan y mucho más en nuestro contexto socioeconómico”, admite.

Hace unos años empezó compartiendo en las redes lo que hacía en su día a día y tomó el taper como un símbolo, porque es el objeto que en una ciudad como Buenos Aires le permite comprar comida por peso e incluso helado.
“Cuando empezás a hacer un consumo responsable o consciente ya no hay vuelta atrás. Hay cosas que no podés dejar de hacer. Si empezás a separar la basura, no la volvés a mezclar. Tampoco es un camino fácil, porque implica ir contra la corriente”, describe.
En dos entrevistas con medios porteños -Radio con Vos y La Mega- contó en qué consiste su causa y cómo es posible generar grandes cambios con pequeñas modificaciones individuales.
Plantea que un buen punto de partida es abandonar los plásticos de un solo uso y todo lo descartable: cubiertos, platos, botellas de agua, vasos de isopor o cartón. Yendo de a poco hasta crear un nuevo hábito, con paciencia. En contra de embolsar objetos que se van a usar en un viaje de diez minutos para después descartar el envoltorio y convertirlo en basura, reflexiona: “No todas las cosas necesitan una bolsa, muchas se pueden llevar en la mano, en la mochila u otro recipiente. Es una batalla ínfima pero parece que es necesario reforzar. Necesitamos volver a otros materiales más nobles, durables y amigables con el ambiente”.
Situaciones cotidianas
Cuando Nafda va a un café o bar, saca de la cartera una taza de cerámica que usa en su casa o pide que le sirvan el café en vajilla del comercio, para evitar usar material descartable.

En el bolso lleva además una cuchara tenedor de madera (sponfork), un taper de silicona expandible -para reducir el espacio una vez vacío- y un frasco chico de vidrio, que utiliza como vaso. Las botellas plásticas forman parte de los grandes grupos de objetos a erradicar. Si no se puede llevar un vaso, Nafda propone reutilizar botellitas de medio litro o usar un envase de aluminio, con gran variedad de portátiles en el mercado.
También sustituye los sorbetes de plástico por los de metal, bambú, silicona y hasta recomienda el uso de algunos comestibles. “Todo se higieniza; los sorbetes, las bolsas reutilizables y las botellas”, agrega.
Más alternativas
En contra de la lógica de comprar, usar y tirar, propone romper con el automatismo y pensar que mucho de lo que viene de regalo o es gratis (como los envoltorios) puede ser un elemento no renovable.
Hay varias ciudades donde se prohibió el uso de bolsas plásticas en supermercados y aun así se siguen viendo por todos lados porque se trata de comportamientos que todavía no se incorporan, como por ejemplo llevar la bolsa reutilizable siempre, se planee o no ir de compras.
Otro ejemplo: en varias ciudades argentinas hay privados que ofrecen el servicio de alquiler de vajilla y utensilios -puede también incluir el lavado-, como alternativa a la compra de descartables. “La mayoría de nosotros puede dejar de usarlos. Hay municipios costeros que están prohibiendo bolsas y otros productos plásticos porque una vez que se desechan afectan directamente a la fauna marítima”, remarca.
Como Marie Kondo
En consonancia con el efecto Marie Kondo, la japonesa que se convirtió en una gurú de la organización del espacio personal explicando cómo deshacerse de lo innecesario, Nafda plantea que en el descarte importa pensar también en hacerlo con responsabilidad. Por ejemplo, pensar si un objeto tiene otro uso, si hay otras personas que lo pueden aprovechar, donar, vender o si un producto puede transformarse en otra cosa.

“Así como se revisa si un objeto nos da felicidad pensemos en darle un destino responsable”, contrasta.
Hay un 40% de la basura domiciliaria que es potencialmente reciclable. Si se separa, del 60% restante el 50% es compostable, es decir son residuos orgánicos que se pueden convertir en abono de la tierra (cáscaras de frutas o de huevos, hojas verdes). “Necesitamos ver las cosas de todos los días con otros ojos y compostar es una solución”, invita.










