Vivir en emergencia
Ante lo que viene sucediendo en la provincia desde fines de febrero, pero sobre todo en los últimos días, tanto el gobierno como los gremios docentes, ante la mirada silenciosa de todos los sectores de la vida política y civil (incluidos los padres), parece que se ha decidido declarar un año sabático para la Educación y en consecuencia este año no se dictarán clases.
Por Eduardo López
Esto lo decimos porque a pesar de haber pasado más de un mes de lo que debió ser el inicio del año escolar, no se han dado oficialmente clases, aunque haya muchos maestros que las dicten. Es más: en cada intento las partes, en vez de tener un acercamiento, se han distanciado cada vez más y hoy están en pie de guerra irreconciliable con agresiones de ambas partes, aun a la vista de los alumnos que han de creer que ese es el clima normal para el sagrado objetivo de su educación.
Ante esta situación que no parece tener salida porque ninguna de las partes la quiere encontrar -y los demás miran como si fuera un espectáculo-, el gobierno declaró la emergencia educativa, una medida que no se sabe qué significa, pero que suena lindo y da la impresión de que se han de extremar los medios para hallar las soluciones.
Lo cierto es que según el diccionario emergencia es un “asunto o situación imprevistos que requieren una especial atención y deben solucionarse lo antes posible”. Lo que pasa con la Educación chaqueña para nada es imprevisto. Hace años que viene repitiéndose lo mismo, cada vez con más gravedad. Y por lo que vemos, la solución está muy lejos de alcanzarse, porque parece haberse abandonado definitivamente el camino del diálogo civilizado y ahora solo existe el enfrentamiento, cada vez más violento. Y todo esto ante la mirada atónita de los indefensos alumnos y la indiferente, por no decir complaciente, de los sectores políticos (otros poderes del Estado, partidos políticos, instituciones de la comunidad) y de los padres de los alumnos.
Por todo esto declarar la emergencia educativa es una medida para la tribuna. Querer decir que el Gobierno se ocupa y toma una medida drástica, que lo único que ha hecho fue encrespar los ánimos de los gremios y dejar más abandonados a los alumnos. Si no se reconsideran los dichos y los hechos de uno y otro sector, parece muy lejos algún principio de solución.
Más emergencias
Declarar la Emergencia, así como se plantea, es una medida autoritaria para no decir que no se sabe qué hacer, e implica una modalidad que se viene utilizando más que repetidamente como para decir que se ocupan de los problemas. Hoy en día hay muchos, demasiados sectores, en Emergencia, así declarados en lo que va del año. Hay una emergencia hídrica y agropecuaria declarada tras las copiosas lluvias que asolaron gran parte de la provincia y que han puesto a esas labores al borde del colapso, así como a los núcleos urbanos invadidos por las aguas.
Ante la situación por la que atraviesa la Empresa de Energía Eléctrica (Secheep), su enorme deuda a la proveedora mayorista, el desmanejo empresario, la desidia en la administración y en el cobro del servicio, que ha aumentado en forma desmesurada, la superpoblación de empleados ineficientes, los privilegios sectoriales, etcétera, etcétera, se ha dicho que estamos en una verdadera emergencia energética, todo agravado por la amenaza de cortes en el suministro. Tanto es así que hasta los hoteleros han pedido esta emergencia.
Transporte, violencia de género...
Por los repetidos aumentos, las frecuentes medidas de fuerza de los choferes, las quejas de los empresarios y de los usuarios, se pidió más de una vez ante la Defensoría del Pueblo que se intervenga ante los poderes públicos para declarar la emergencia del transporte que de hecho existe, aunque se haya anunciado un subsidio provincial a las empresas.
Y ya está en las carpetas de los diputados el proyecto de ley para declarar la Emergencia de Violencia de Género, pedida por muchos sectores ante la repetición de hechos lamentables en perjuicio de las mujeres, algo que no se soluciona a decretazos, ni a marchas de repudio ante los juzgados.
Por si todo esto fuera poco ha habido pedidos de declaración de “emergencia laboral” ante la falta de trabajo y de empleos en blanco y la explotación empresaria. Y ante el hacinamiento que existe en cárceles y comisarías se ha solicitado la declaración de la emergencia penitenciaria y por los repetidos hechos delictivos de todo tipo, sobre todo de robos seguidos de muerte, la declaración de la emergencia de la seguridad.
¡Qué bueno que estaría que los ciudadanos declaráramos la emergencia electoral y no votemos a ninguna de las listas que se perfilan para que se den cuenta de que, así como estamos desde hace cuarenta años, vamos de mal en peor, siendo un país de cola cuando antes éramos líderes en el continente!
En una palabra, declarar Emergencias pasó a ser una moda de los gobiernos para mostrar que está ocupado y preocupado, pero que en definitiva es puro blablá, para que nada pase. Si todo esto parece exagerado, será reconocido si se comienza a terminar con la Emergencia en la Educación.










