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Taco Pozo y la experiencia de asegurar unas 4.000 raciones diarias de comida

Llovió toda la noche en Taco Pozo, la última ciudad chaqueña antes de adentrarse en tierras de Salta. El agua y el barro están por todas partes y más en los centros de atención alimentaria, donde una amplia mayoría de chicos se amontona esperando llenar sus tapers con la comida que llevarán a sus casas.

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Pero eso será dentro de un rato, más cerca del mediodía. Ahora son las 9, en el comienzo el recorrido por seis centros que funcionan en la ciudad del oeste provincial, lo que más llama la atención son los fogones donde de a poco se irán instalando grandes ollas de aluminio para cocinar polenta, estofado o guisos con carne.

Está fresco y el fuego es una invitación danzarina que atrae. Mientras las cocineras se animan a compartir la palabra: “Esto ayuda, pero no alcanza, es todo muy caro, sobre todo las tarifas eléctricas”, dice Lucía en el barrio Esperanza. En los seis centros la municipalidad entrega diariamente raciones a unas 4.000 personas con dificultad para proveerse de alimentos debido a la crisis que atraviesa el país.


La asistencia trata de evitar que los chicos coman fuera de su casa, por eso se entregan raciones para compartan en familia. El sistema funciona incluso los sábados y se ideó para contener el almuerzo, una de las ingestas más importantes del día, además de que las raciones se pueden aprovechar mejor porque pueden servir para otra comida. Por otro lado, sin la necesidad de construir infraestructura donde funcionen comedores el dinero se destina a la compra de mercadería.

“LA PLATA NO ALCANZA”

NORTE recorrió los barrios en donde funcionan los centros y Walter Ruiz oficia de guía. Las imágenes de mujeres ante grandes ollas se repiten en la visita, gente llegando con sus tapers. Cada lugar cuenta con ayuda de los vecinos. El barrio Itatí, también llamado barrio Centro, es el primero en la recorrida. Tres ollas están sobre las llamas, debajo de unos paraísos. El coordinador Luis Cortez cuenta que en ese lugar buscan comida jubilados, amas de casa y chicos, alrededor de 900 personas, “y los días de lluvia, con más razón”.

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La organización de la asistencia busca que las raciones se retiren de los centro de cada barrio para que se compartan en cada vivienda.

Es que con todo húmedo es difícil prender el fuego, y muchas veces el precio de la garrafa de gas la hace inalcanzable en la zona. A unas seis cuadras, en la zona Sur, en el centro del barrio Luján, van unas 700 personas, aunque a veces no alcanza para todas, cuenta la encargada, Viviana Cortez. También ahí hierven tres ollas de aluminio, esta vez en un fogón debajo de chapas. Algunos niños comen antes de ir a la escuela.

El centro del barrio Mocoroa, en la zona oeste, funciona en el fondo de un terreno, detrás de un tinglado. Cerca de un algarrobo seco dos fogones calientan las tres ollas de aluminio donde se preparan las raciones para unas 1.000 personas (que se calcula llega a 1.200 con el núcleo familiar).

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Los vecinos se fueron organizando solidariamente, sobre todo las mujeres, cuenta el presidente del Concejo deliberante.
No alcanza la plata ni para pan, para nada, es triste todo lo que está viviendo la gente”, concluye la concejala Norma Navarro, de fajina y con delantal, es una más de las cocineras. Por esos días (primero por las vacaciones y luego por el paro) están proveyendo la comida para los chicos en edad escolar que comen en la casa y después van a estudiar con algo en el estómago.

En el barrio Esperanza, en el este, otras 900 personas retiran sus raciones para alimentar a cerca de 1.000. “Esto ayuda, pero no alcanza, es todo muy caro, sobre todo las tarifas eléctricas”, asegura una cocinera: “Todos los quiosquitos cierran, no corre más la plata”. Allí la encargada es Lucía del Carmen Vizgarra. La asfixia de la depreciación de los salarios y la suba de las tarifas es tema que se reitera. “Pagando la luz, a la gente no le queda para que coma”, dicen las cocineras del barrio Sagrado Corazón, en el norte del pueblo.

Ahí la encargada es Mercedes Acosta y se entregan raciones para 510 personas. Para llegar a la galería donde se retiran hay que seguir la huella de los ladrillos puestos para no pisar el barro. Ya se acerca el mediodía y los comensales (mayoría niños) esperan el momento del reparto. También en el barrio 42 Viviendas, o Puerta del Sol, otra vez en la zona este, los fogones, las ollas y el reparto de comida se hace en el fondo de un terreno. Al llegar servían las 400 raciones que se preparan a diario. La encargada es Eva Caro.

La gente retira para sus hijos y cada familia tiene cuatro a cinco chicos; es muy complicada la situación económica y la gente no puede más”, dice la cocinera casi llorando, después queda sumida en un silencio incómodo. El hambre del segundo semestre Los centros de atención alimentaria de Taco Pozo comenzaron a ponerse en práctica en 2018 cuando se advirtió que había vecinos con problemas de alimentación.

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“Las políticas neoliberales aplicadas en nuestro país también avasallan la dignidad”, sostiene el intendente Carlos Ibáñez.
Hasta entonces algunas familias se arreglaban con sus sueldos, pero con la inflación del 50% más las tarifas que aumentaron el año pasado, luz, gas, transporte, teléfono, ya se les hizo imposible acceder a la mercadería para el sustento diario, relató a NORTE el presidente del Concejo, Alfredo Mercado.

Además la municipalidad detectó que los niños menores de cinco años, la etapa en que más necesitan tener una buena nutrición, no tenían la alimentación adecuada y al no estar escolarizados no contaban con los refrigerios que se dan en las escuelas con comedor. A partir de diciembre de 2018 la situación se profundizó y el intendente Carlos Ibáñez determinó que se organice la asistencia alimentaria en “la mayor cantidad posible, “algo tan básico para familias numerosas, gente que tiene escasas fuentes de trabajo”, sostuvo Mercado.

UNA AYUDA A LA ECONOMÍA FAMILIAR

“Una vez más la ciudadanía tacopoceña afectada por la inflación colabora con quienes resultan más afectados por las políticas económicas recesivas”, sostuvo el intendente Ibáñez, y agradeció al gobernador Domingo Peppo por acompañar la iniciativa.

“Con las familias que se ahorran al no cocinar en su casa al mediodía se alivia su situación y se garantiza que van a tener un plato de comida”, aseguró. Ibáñez sostiene que con las raciones diarias un hogar se evita gastar unos $300. En 24 días al mes la cifra asciende a unos $7.200.

“Es un monto de inversión muy importante”. Taco Pozo tiene unos 19 mil habitantes entre planta urbana y zona rural. En la década del 2000 vienen realizándose obras e iniciativas públicas: la construcción de un edificio municipal, una planta potabilizadora de agua (ante la presencia de altos niveles de arsénico en la zona), el nuevo hospital, la refacción de la parroquia Santa Rosa de Lima, así como el avance de la pavimentación de calles, la creación de una peatonal y el mejoramiento de paseos y plazas.

Hubo también acciones en parajes rurales, con numerosas perforaciones para provisión de agua a puestos de parajes. También se encararon obras de mejoramiento en barrios y en el área educativa se firmaron convenios con el Instituto Miguel Neme y la Universidad Nacional del Chaco Austral (Uncaus) para la apertura de nuevas carreras.

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