El silencioso aporte de los bancos de alimentos
Los bancos de alimentos existen hace unos 16 años en el país y en Resistencia se creó uno hace cuatro meses. CHAQUEÑA dialogó con dos de sus integrantes locales para conocer cómo trabajan.
Fotos de tapa de Jorge Punky Flores

Por cada cinco niños en la Argentina uno no tiene acceso a la calidad ni cantidad de nutrientes necesarios para su desarrollo. Mientras que en el mismo país 16 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician por año, un volumen que representa el 12,5% de la producción nacional.
El Gran Resistencia representa a la región con mayor pobreza e indigencia del país: desde 2017 al presente pasó de 4,4% a 8,8%. Y el 39,2% de la población -más de 150.000 personas- se encuentra en situación de riesgo alimentario. Las proporciones son las puntas de lanza en la presentación en escena del banco local.
Para mitigar el problema del hambre y la desnutrición, coordinar intercambios y contribuir a reducir al mínimo posible el descarte de alimentos aptos para consumo se creó la red de bancos de alimentos.

El sistema conocido mundialmente y presente en 13 provincias argentinas ya cuenta con 14 bancos funcionando y otros tres aún en etapa de formación, mientras dos organizaciones adherentes y otras cuatro iniciativas más.
Con trabajo voluntario, la asociación civil sin fines de lucro cumple tres funciones visibles: clasificar, almacenar y distribuir productos a entidades de ayuda comunitaria.
En un resumen de acciones de finales de 2018 en todo el país figuran cifras impactantes: 12,3 millones de kilos de alimentos rescatados que se distribuyeron a 2.670 entidades y para unas 377.000 personas beneficiadas.
En la capital chaqueña, Fontana, Puerto Vilelas, Barranqueras y Puerto Tirol los pasos son aún incipientes y este mes la organización acaba de obtener su personería jurídica. De unas 18 entidades beneficiarias relevadas, más de 4.400 personas son susceptibles de recibir asistencia. Todo en potencial porque las formalidades y responsabilidades son muchas.
Quince personas del medio local se sumaron a partir de una convocatoria que comenzó a gestarse a partir de que uno de ellos conoció la experiencia rosarina, a otra escala.


En funcionamiento
El contacto de este medio con el grupo fue a la siesta, en el momento que una integrante entregó tres cajas con verduras, frutas y panificados al responsable de un hogar con 30 beneficiarios. Las había retirado minutos antes de un supermercado, y a continuación se trasladó hasta el galpón de una empresa mayorista de donde retiró varias cajas con paquetes de fideos para clasificación y control. Las dos acciones formaron parte de ‘un turno’ en un día de semana, dentro de las funciones y los muchos roles necesarias (administración, donantes, merenderos, logística, generación de recursos, voluntariado y colectas).
En una pausa cabe la explicación sobre en qué consiste la ley donal, un mecanismo que permite ir delegando responsabilidades en quien recibe en cada instancia la mercadería como donación.
Además se rescatan solo aquellos productos que carecen de valor comercial. Esa particularidad tiene varios orígenes: porque está próximo a la fecha de vencimiento, por excedentes de producción, porque tuvo poco éxito en el mercado, se trata de un producto estacional, porque tiene defectos de envasado o tuvo devolución.
Al margen de la recuperación y entrega de mercadería el objetivo del banco es más amplio y complejo, porque apunta a fortalecer la autonomía de las organizaciones; por ejemplo con asistencia en la preparación de alimentos, o de seguridad, o en cuestiones formales de conformación de una entidad.
El trabajo de la fundación Chaco en Desarrollo
“Hoy la necesidad no tiene techo”
La presidenta de la fundación Chaco en Desarrollo Teresita Dansey advierte que en los sectores urbanos marginales “hoy la necesidad está creciendo y no tiene techo”. La organización que conduce entre otros objetivos gestiona la entrega de algunos ingredientes que ocho merenderos necesitan cada día para alimentar a unas 710 personas entre niños, adolescentes, personas con discapacidad y adultos mayores.

Sobre los efectos de la crisis económico financiera, Dansey describe un crítico panorama: “En 2017 empezó a notarse y mucho más en 2018. La gente está muy mal y en el centro pasa lo mismo que en los asentamientos. Donde antes veíamos motos y carros comprando lo más barato, hoy se ven colas de autos. Sé de una trabajadora de clase media que almuerza con la madre para reducir costos. A todos nos toca. Ya vivimos el trueque y las compras colaborativas, no deberíamos vivir nunca más el desquicio”.
En la sede de Fray Bertaca 3.016 coordinan el traslado de alguna mercadería que llega de varias fuentes hacia puntos donde se prepara comida -en una camioneta que les prestan- o para atender una demanda espontánea (casos especiales). Las colaboraciones van a puntos del Gran Resistencia y de Machagai, Pozo del Indio, Las Breñas.
A su vez cada lugar recibe colaboración de varios sectores: mano de obra de vecinas, la provincia (a través de Desarrollo Social), organizaciones civiles como el banco de alimentos, algunos comercios y particulares.

“Por suerte llegó el banco de alimentos, es un gran apoyo. Nos dieron caldos, fideos, cacao y latas de arvejas, lenteja, poroto, choclo y garbanzo”, describe.
Daño irreparable
La descripción de situaciones continúa: en un comedor nocturno se alimentan 196 personas y otras 25 llevan una vianda porque tienen algún integrante que no puede movilizarse hasta ahí. También se arman bolsines para familias que cocinan en su casa, en el registro de la semana hay dos entregas: una de 47 y otra de 60 conjuntos; cada bolsín va dirigido a cuatro potenciales integrantes.
Con muchos años de experiencia en abordaje territorial, incluso desde el Estado, Dansey sostiene que para ella “un merendero es lo peor que le puede pasar a una familia, porque los hijos comen separados de sus padres. Y en algunos casos porque ya no hay para comprar la garrafa de gas. Además una vez que el chico va a uno es difícil sacarlo de ahí, para una familia genera mucha violencia; porque ¿qué madre o padre no va a querer asegurarle la comida a su hijo?”, subraya Teresita.

Jóvenes que se quedaron sin trabajo, especialmente en la construcción o en tareas informales como corte de césped, reparaciones en electricidad o sanitaristas transitan una depresión que no se pueden levantar de la cama. La descripción replantea las prioridades de la fundación y se articula con varias instituciones de formación o capacitación. “Para estudiar una carrera o ir a un instituto superior se necesitan becas”, convocan.
Otras acciones
Con personal estatal la fundación desarrolla un proyecto social y educativo que abarca desde clases de apoyo escolar, para madres, ropero solidario y actividades lúdicas.
En la demanda espontánea se atienden casos de violencia de género, a algunas familias afectadas por emergencia meteorológica y a personas con discapacidad.
La sede anterior de Chaco en Desarrollo fue Dónovan 80; la demanda la reubicó cerca de otras poblaciones, por ejemplo, de tres hogares para niñas y niños, y de tránsito, y de barrios del oeste de Resistencia.
En el diálogo con NORTE intervinieron además Alejandra Mato, María Rosa Centurión, y Héctor Rosciani.










