Ocho años de guerra en Siria
Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza militar de kurdos y árabes apoyada por Estados Unidos, anunciaron la eliminación del califato y la derrota total del Estado Islámico en Siria, pero la ONU advirtió que si bien ambos acontecimientos representan una bisagra en el conflicto bélico que este mes cumplió ocho largos años, la guerra todavía lejos de terminar.
La encargada de Asuntos Políticos de Naciones Unidas, la diplomática norteamericana Rosemary DiCarlo, se refirió a la dramática situación que se vive en Siria al hablar ante el Consejo de Seguridad de la ONU. En su mensaje, DiCarlo mostró un cauto optimismo respecto al anuncio realizado por las Fuerzas Democráticas Sirias al señalar que si bien la eliminación del autoproclamado califato por parte del Estado Islámico es un avance significativo en la lucha contra el grupo terrorista, que ha infligido sufrimientos a innumerables víctimas, en el actual escenario se impone la necesidad de evitar una escalada militar en el noreste de Siria, que podría tener consecuencias devastadoras para los civiles y generar un caldo de cultivo para el resurgimiento de grupos del Estado Islámico que quedaron dispersos tras la derrota.
La guerra en Siria, que comenzó en marzo de 2011, deja un saldo de más de 360.000 muertos. El conflicto, considerado por los expertos como el más sangriento de este siglo XXI, obligó a millones de personas a abandonar sus hogares y buscar asilo en otros países. En su momento, el Estado Islámico llegó a controlar un territorio, entre Irak y Siria, con una superficie similar a la del Reino Unido. Pero esta semana, tras casi cinco años de duros combates, la alianza kurdo-árabe que dio lugar a las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), anunció el fin del “califato”, como denominó el grupo terrorista al espacio conquistado. Sin embargo, analistas que siguen de cerca el conflicto coincidieron con la observación que hizo la encargada de Asuntos Políticos de la ONU ante el Consejo de Seguridad cuando consideró que la victoria no pone punto y final a la lucha contra la organización yihadista. En ese sentido, señalan que en el desierto que va del centro de Siria hasta la frontera con Irak todavía se detecta la presencia de grupos yihadistas que podrían retomar los combates, incluso en los territorios controlados por los kurdos. Un estudioso de los movimientos yihadistas que trabaja para el Instituto Universitario Europeo, Tore Hamming, sostuvo que es muy probable que en este nuevo escenario los miembros del Estado Islámico decidan aplicar tácticas de guerrillas y se enfoquen en realizar ataques puntuales. Según este experto es más remota la posibilidad de que el grupo terrorista centre sus esfuerzos en la reconquista de los territorios en Siria.
Ya el año pasado algunos expertos en política de la región habían observado que llamaba la atención la prolongación del conflicto, ya que tantos años de guerra es un tiempo que genera un enorme desgates tanto para los rebeldes como para el régimen de Al Asad, para poder abastecerse de armamentos y contar con la logística que requiere un conflicto de estas características que, cabe recordar, estalló el 15 de marzo de 2011, en el marco de la llamada Primavera Árabe, un movimiento de protesta que en Siria se expresó contra el régimen que encabeza la familia Al Asad que viene gobernando el país desde hace 40 años con mano de hierro.
Expertos sostienen que fuertes intereses geopolíticos fueron los que alimentaron el conflicto todos estos años y que, en realidad, éstos fueron el verdadero obstáculo para la paz en Siria. También coinciden en que las dificultades para lograr la paz se deben a en que se está frente a algo más que un enfrentamiento bélico convencional, que tiene por detrás un complejo entramado de intereses extranjeros que tienen como objetivo estratégico lograr una mayor injerencia en la región. En ese complejo tablero, no se descarta que la organización terrorista Estado Islámico pueda mutar y a corto plazo siga representando una amenaza para la región ya que, como se dijo, mantiene una presencia dispersa en el desierto y se sospeche que cuenta con células que aún no han sido activadas tanto en Siria como en Irak. Aunque el panorama no es el mejor, la comunidad internacional debe presionar para que este año se ponga fin al prolongado sufrimiento del pueblo sirio, que ya suma ocho penosos años.










