El riesgo de naturalizar los discursos de odio
Los ataques a mezquitas en Nueva Zelanda, que dejaron un saldo de 49 muertos y al menos 50 heridos, volvieron a poner bajo la lupa a fanáticos de extrema derecha que justifican matanzas en nombre de la supuesta amenaza que representan las minorías étnicas en sus países. El fenómeno no es nuevo, pero sí lo es la posibilidad de difundir a escala global discursos de odio a través del uso de redes sociales.
Brenton Tarrant, de 28 años, es el autor de la masacre que conmueve estos días a Nueva Zelanda y al mundo. Antes de cometer el ataque decidió subir a su cuenta de Twitter una especie de manifiesto titulado “La gran sustitución: hacia una nueva sociedad” donde, además de exponer delirantes teorías, remarca su odio hacia los musulmanes y legitima su persecución, llamándolos “invasores de Occidente”. Según su particular mirada xenófoba, la cultura occidental está bajo la constante amenaza de los movimientos migratorios, especialmente de personas que profesan el islam. Tras ser detenido por la policía, Tarrant dijo que para cometer el ataque tomó como ejemplo la matanza cometida por el terrorista noruego de extrema derecha, Anders Behring Breivik, que en el 22 de julio de 2011 asesinó en la isla de Utoya a 77 personas, la mayoría de ellos jóvenes, que participaban de una jornada organizada por el Partido Laborista noruego. En las últimas horas, a medida que se conocen más detalles del ataque a las mezquitas en Nueva Zelanda, más similitudes se encuentran entre este crimen y el ocurrido en Noruega: en ambos casos los autores se definen como supremacistas blancos que rechazan las políticas migratorias de sus países y el multiculturalismo. ¿Existe riesgo de contagio de estas conductas guiadas por el odio que puedan inspirar nuevos actos de violencia? El interrogante, que se plantea por estas horas en distintas partes del mundo, intenta llamar la atención sobre el riesgo de naturalizar los discursos xenófobos, sobre todo si son alentados por figuras destacadas de la política. El auge de los partidos políticos con posturas en contra de los inmigrantes en algunas naciones de Europa como Alemania, Suecia, Italia, Reino Unido, Polonia y Austria, y el resurgimiento de las ideas xenófobas y racistas con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, son algunas de las muestras del clima de intolerancia y de desprecio de los derechos humanos que puede actuar como caldo de cultivo para conductas violentas. La institucionalización del desprecio a las minorías puede convertirse en el paso previo a ataques como los cometidos en Nueva Zelanda y en otros lugares del mundo en contra de la llamada “inmigración indeseable”.
Un artículo escrito por el argentino Leandro Morgenfeld, titulado “Estados Unidos: Trump y la reacción xenófoba contra la inmigración hispana”, sostiene que el fenómeno de ese desplazamiento “no deseado” por algunos es global. “El capital tiende a eludir las barreras nacionales, pero los Estados las refuerzan, respondiendo a lógicas no siempre compatibles. Se negocian y ponen en vigencia tratados de libre comercio que consagran la libre movilidad de las mercancías y los flujos financieros, pero no así de las personas, otorgando así al capital mejores condiciones para explotar al trabajo”, reflexiona el investigador, tras plantear que en Estados Unidos, por ejemplo, en los últimos años con la llegada de millones de migrantes de origen hispano, se está produciendo un cambio demográfico significativo. “Como reacción, se erige un muro en la porosa frontera con México, crecen las deportaciones y resurge un discurso racista y xenófobo, llevado al paroxismo por el presidente electo Donald Trump”, advierte Morgenfeld. ¿Es pura casualidad que el terrorista que atacó las mezquitas de Nueva Zelanda se haya declarado un ferviente admirador de Trump, al que definió como un ejemplo “de identidad blanca renovada”? ¿Existe algún vínculo entre los discursos antiinmigrantes del presidente norteamericano y el incremento de los ataques racistas contra latinos en Estados Unidos? ¿El auge del odio racial en Europa tiene relación con el resurgimiento, de la mano de partidos de ultra derecha, de los nacionalismos étnicos?
Los discursos de odio también tienen portavoces en América Latina. Algunos, incluso, por convicciones ideológicas o simple oportunismo electoral comenzaron a hacer gala de su intolerancia, envalentonados tras el triunfo de Bolsonaro en Brasil. Frente a estas amenazas, se impone la necesidad de promover una ciudadanía que comprenda la importancia de la convivencia pacífica, de no tener miedo al otro, sobre todo si ese otro pertenece a una minoría o a un grupo vulnerable.










