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Nuevo paradigma en salud mental

Por primera vez en la historia de la Organización Mundial de la Salud se designó a una mujer en el más alto cargo del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de ese organismo internacional. Se trata de la psicóloga argentina Dévora Kestel, oriunda de Bahía Blanca, quien a partir de este año tendrá el desafío de lograr que los 196 países miembros de la OMS impulsen políticas sanitarias que contribuyan a consolidar un nuevo paradigma para erradicar viejos mitos y tabúes que rodean a la salud mental y al abuso de sustancias.

El reto que Kestel tiene en sus manos no es menor. Se estima que un cuarto de la población mundial tiene algún problema relacionado con la salud mental y de ahí la necesidad de que los países sumen acciones basadas en los programas de prevención, promoción y tratamiento que, en este campo, impulsa la OMS.

En ese sentido, la profesional argentina dijo hace pocos días que una de las metas por alcanzar es que la sociedad logre superar el estigma vinculado con los problemas de salud mental y el consumo de sustancias.

Para la OMS, la salud mental está determinada por múltiples factores de interacción social, psicológica y biológica, de la misma forma en que lo están la salud y la enfermedad en general. En uno de los párrafos del documento elaborado por expertos del organismo y de la Universidad de Melbourne, titulado “Promoción de la salud mental. Conceptos. Evidencia emergente. Prácticas”, se observa que en el mundo desarrollado y en vías de desarrollo el riesgo de las enfermedades mentales está asociado con indicadores de pobreza, incluyendo bajos niveles de educación y, en algunos casos, también con las malas condiciones habitacionales y la pobreza.

Por otra parte, el mismo trabajo propone que los países aborden la problemática con un enfoque interdisciplinario en la promoción de la salud mental. Vale remarcar que para la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Expertos del organismo explican que, desde esa perspectiva, se entiende que se trata del estado de equilibrio entre una persona y su entorno sociocultural que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.

En la Argentina, la Ley Nacional de Salud Mental representó un avance fundamental para el reconocimiento de las personas con padecimiento mental como sujetos de derecho y para la sustitución del manicomio por tratamientos dignos. De esa manera, desde un principio la ley reconoció la autonomía de las personas con padecimiento mental y también a las que tienen problemas con adicciones y prohibió su discriminación.

En opinión de la psicóloga Kestel, en nuestro país la ley nacional de Salud Mental fue muy discutida y contaba con muchos elementos positivos, aunque no fue acompañada por una implementación acorde. Cabe recordar que antes de la sanción de la ley la persona con padecimiento mental era privada del ejercicio de sus derechos, no se la consultaba sobre la elección del procedimiento a seguir ni se facilitaba el acceso a la información sobre el tratamiento. Además, se la consideraba una persona incapaz de ejercer sus derechos y obligaciones cívicas y sociales. Hoy, en cambio, es sujeto de derecho y existe presunción de capacidad de todas las personas, más allá del padecimiento mental que podría estar enfrentando.

La sociedad debe tomar conciencia del cambio de paradigma que plantea la Organización Mundial de la Salud en beneficio de las personas usuarias de esos servicios y que, entre otras cosas, sostiene que todas las personas tienen derecho a la protección de su salud mental y que las adicciones deben ser tratadas en el marco de las políticas de salud mental.

Es importante remarcar también que las personas con padecimiento mental tienen derecho a preservar su identidad y a tener autonomía, a vivir en comunidad y mantener sus vínculos, a recibir atención sanitaria adecuada y a recibir información sobre su estado de salud.

Deben dejarse de lado los prejuicios que consideran que las personas con padecimiento mental son violentas o peligrosas ya que hoy se sabe que no existe una relación directa entre un estado y otro. Es necesario que la sociedad deje de lado estos prejuicios y promueva la inclusión tanto de las personas con padecimiento mental como de las vinculadas con el abuso de sustancias para que puedan integrarse sin ser discriminadas.

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