Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

La crisis en el Conicet

La difícil situación generada en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con un continuo ajuste presupuestario y degradación institucional, denunciados por investigadores y becarios, deja en evidencia el desinterés de la administración Macri por el desarrollo científico en la Argentina.

Tras conocerse la decisión del titular del organismo, Alejandro Ceccatto, de solicitar una licencia de dos meses por razones de salud, se multiplicaron las voces que alertaron sobre la crisis institucional a la que fue conducido el Conicet desde que se puso en marcha el proyecto de Cambiemos en 2015, mediante recortes y congelamiento del presupuesto. A modo de ejemplo, tanto integrantes del directorio como investigadores señalan que el presupuesto asignado para 2019 es el mismo que el organismo tenía hace dos años atrás y algunas áreas, incluso, dispondrán de recursos que no llegan a la mitad de lo que tenían en 2017. Ya a fines del año pasado, cinco de los ocho directores del organismo habían alertado sobre la situación presupuestaria y salarial. A través de una carta abierta, denunciaron que el presupuesto 2019 coloca al organismo al borde de la imposibilidad de financiar cualquiera de sus muchos instrumentos de promoción, a lo que debe agregarse que la fuerte devaluación de la moneda nacional dificultó la adquisición de muchos materiales que se emplean en los trabajos de investigación, debido a que la mayoría son importados y cotizan en dólares.

El ajuste también impedirá que el Conicet siga financiando la realización de encuentros y actividades del sistema científico y tecnológico, como congresos, jornadas, simposios y coloquios, que son organizados por universidades, institutos y sociedades científicas, entre otras entidades, y a los que el organismo acompaña con el aporte de fondos. Por otra parte, la pérdida de poder real del salario y de becas fue del 35,6 por ciento y 31,2 por ciento, respectivamente. La estrategia que el gobierno nacional aplica para disimular su desinterés por promover el sistema científico argentino es la misma que aplica en otras áreas: dice una cosa, pero hace otra. La socióloga Dora Barrancos lo expresa mejor: “hoy lo hacen con una narrativa políticamente correcta que no se traduce en acciones. La retórica asegura algo que los acontecimientos no valida”. A comienzos del año pasado, el presidente Macri afirmaba que se en su gestión se había duplicado el presupuesto en ciencia y tecnología. Un informe del sitio Chequeado.com, dedicado a la verificación del discurso público lo desmintió, observando que si bien los fondos ejecutados, que incluyen al Conicet y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), aumentaron casi 50 por ciento en la gestión de Cambiemos, es decir la mitad de lo marcado por Macri, si se cuenta la inflación de ese período, la ejecución real cayó entre un 9 y un 16 por ciento, pero además también bajó su participación en el gasto total y en el PBI.

Por otra parte, desde los sectores más críticos del gobierno nacional, denunciaron que el desfinanciamiento de subsidios a los proyectos de investigación se tradujo en la imposibilidad de seguir generando conocimiento científico en la Argentina. En ese sentido, los investigadores Rocco Carbone y Nuria Giniger observaron que los equipos que no consiguen financiamientos internacionales trabajan problemas relacionados con educación, salud, vivienda, desarrollo productivo, tecnológico y laboral, entre otros campos que no son de interés para la mayoría de las agencias internacionales, pero que son claves para el país y la región. Estos ajustes que sufre el Conicet contrastan con la decisión del gobierno nacional de pagar 7 millones de euros a la empresa europea SES, con sede en Luxemburgo, por el alquiler del viejo satélite de comunicaciones Astra-1H para evitar que la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) quite a la Argentina los derechos de uso de la posición orbital 81 grados oeste en banda Ka, que permite brindar servicios de internet de banda ancha. En esa banda debía operar a partir de este año el satélite Arsat-3, cuya construcción se dejó sin efectos a comienzos de 2016. Ahora, la Casa Rosada tomó la decisión de alquilar un satélite privado, para evitar la pérdida de la posición orbital. La agenda de conocimiento científico argentino que con mucho esfuerzo se había logrado poner en marcha comienza a debilitarse por los continuos ajustes de la administración Macri, que deja a la deriva al sistema nacional de ciencia y tecnología.

Te puede interesar