La recesión también llegó a la fabricación de celulares
La fuerte caída del poder adquisitivo y el efecto de la devaluación se hacen sentir en la actividad de los principales fabricantes de bienes electrónicos de consumo de la Argentina.
El desplome que registró la venta de celulares, estimado en un 28 por ciento en 2018, es una muestra más de la crisis que se extiende a prácticamente todos los sectores de la economía.
Según datos de la Asociación de Fabricantes de Electrodomésticos de la República Argentina (Afarte), la cámara empresaria que agrupa a los fabricantes de equipos de aire acondicionado, televisores, cocinas de microondas y telefonía celular, en este último rubro la producción comenzó a caer en el segundo semestre del año pasado, con un descenso del 15 por ciento, para agudizarse en el tercero, cuando registró un desplome de un 46 por ciento.
Pero el peor indicador llegó en el último trimestre cuando la producción retrocedió un 48 por ciento. El problema es que las proyecciones para este año que recién comienza no son las mejores: todo indica que el escenario recesivo se agudizará, y por lo tanto la producción de celulares seguirá descendiendo.
Las cifras aportadas por Afarte revelan que el año pasado la fabricación de teléfonos móviles en el país pasó de 10,8 a 7,8 millones de unidades, mientras que en este 2019, con mucha suerte, la producción podría llegar a 7,5 millones de aparatos. De acuerdo con los datos de la entidad empresaria, hasta el tercer trimestre del año pasado los teléfonos celulares más vendidos en el país fueron los denominados de gama media, con un 58 por ciento de la demanda del mercado local. Pero en el cuarto trimestre el escenario cambió y los más vendidos en ese período fueron los de gama baja, que alcanzaron el 51 por ciento del total de ventas.
Para algunos analistas, el cambio en las preferencias de los consumidores se debió, fundamentalmente, al fuerte aumento de precios de los equipos, lo que hizo que los que necesitaban renovar sus aparatos optaran por los más económicos ya que los de alta gama se volvieron inalcanzables para la gran mayoría de los bolsillos.
De hecho, apenas un 4 por ciento de las ventas de 2018 correspondieron a los equipos más caros. Pero el mayor temor está en que la industria nacional de bienes electrónicos en general, y la de celulares en particular, sufra este año una mayor caída del consumo.
La mayoría de las plantas que fabrican celulares están radicadas en la provincia de Tierra del Fuego y son las responsables de generar cerca de 9000 puestos de trabajo. Ante el escenario recesivo de la economía nacional, las empresas fabricantes llegaron a un acuerdo con los gremios del sector a fin de garantizar que no se produzcan despidos.
Pese a todos los obstáculos, la industria electrónica argentina, que actualmente fabrica 9,3 de cada 10 bienes electrónicos de consumo del mercado local, lucha por sobrevivir en medio de políticas económicas que destruyen empleo y deterioran el poder adquisitivo de los salarios.
En ese esfuerzo, en los primeros cinco meses del año pasado, las fábricas argentinas terminales de electrónica habían logrado fabricar y poner a la venta 4 millones de celulares, 2 millones de televisores y 300.000 aires acondicionados, alcanzando una facturación de 1.500 millones de dólares.
En un documento difundido por la cámara empresaria del sector se señaló que toda esta actividad fue posible gracias a los esfuerzos de la industria para sostener los niveles de producción, y para mantener las fuentes de trabajo.
También se destacó que las principales marcas internacionales de tecnología confían en las fábricas argentinas para la elaboración de sus productos y eso se traduce en altos estándares de calidad, certificados por normas ISO 9000 y 9001 en más del 75 por ciento de las empresas.
Es lamentable que las políticas impulsadas a partir del año 2015 por la administración Macri hayan generado un impacto negativo en estas empresas que invierten en el país con tecnología de última generación que permite fabricar productos con los más altos estándares de calidad en uno de los polos tecnológicos que fueron creados para fomentar la migración interna, en el marco de un objetivo geopolítico más amplio, como fue la necesidad de poblar la región más austral del país.











