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Enoturismo, escapadas de verano con estilo

El enoturismo argentino está creciendo a pasos exponenciales. La propuesta es tan atractiva como diversa, ideal para escaparse unos días antes que arranque el año, en pareja, con amigos o en familia

En el país hay más de 160 bodegas, repartidas en ocho provincias, que reciben a los turistas para transmitir su cultura y sus tradiciones.

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l enoturismo es un componente importante tanto para la industria del vino como para la del turismo. El vino y el turismo han estado íntimamente conectados por años, pero fue recién en el último tiempo que esta relación ha sido reconocida por los gobiernos provinciales y nacionales, sus entidades, investigadores y hasta las industrias del vino y del turismo en sí mismas.

Para la industria del turismo, el vino es un elemento muy atractivo a la hora de elegir un destino, lo que lo convierte en un factor muy significativo de motivación para los visitantes.

Para la industria del vino, el enoturismo es fundamental para construir una relación directa con consumidores, quienes pueden experimentar de primera mano el romance con las uvas. Además, para algunas bodegas es una fuente de venta directa esencial para su facturación.

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En palabras de Jancis Robinson, una reconocida crítica británica de vinos que pertenece a la Orden del Imperio Británico Master of Wine: "El enoturismo está creciendo de una manera muy importante. Por varios siglos, ni siquiera los comerciantes del vino viajaban, pero hoy hay muchos miembros del público en general deliberando hacer travesías para explorar una región vitivinícola o regiones vitivinícolas. Esto es, en parte, un reflejo del creciente interés por ambos, el vino y la posibilidad de viajar al exterior, pero también porque la mayoría de las regiones vitivinícolas y muchos establecimientos productores se encuentran en lugares atractivos. Los viñedos tienden a ser estéticamente complacientes en todos los casos y el tipo de clima en el que se produce vino es muy agradable durante la mayor parte del año. Tener el control con este formato de especialistas agricultores y habitantes urbanos requiere de una comuna con una naturaleza privilegiada y, generalmente, admirada por conocedores. Y, además, existe la posibilidad de degustar y comprar vinos directamente de la fuente, probablemente a precios interesantes, y rarezas exclusivas."

La visita a los viñedos ha formado parte de viajes organizados probablemente desde la antigua Grecia y Roma. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX en que el vino pasó a ser motivador específico de viajes en Europa. Varios factores coincidieron en aquel momento.

En primera instancia, la revolución del transporte creada por el desarrollo de las redes ferroviarias, que permitió acceso fácil y rápido.

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En segunda instancia, la revolución social en término del crecimiento de una nueva clase media en búsqueda de buenos vinos junto con la aristocracia.

Finalmente, la publicación de la Clasificación de vinos de Gironde en 1855, lo que dio al vino y a las regiones en crecimiento, de manera explícita y oficial, una identidad como destino.

En el Nuevo Mundo, el enoturismo ha pasado a ser significativo. En California, Napa Valley es el principal atractivo para el turismo, mientras que los viñedos de Nueva York y Ontario, en Canadá, rápidamente se han transformado en atractivos para el turismo.

Australia y Nueva Zelanda, regiones target del enoturismo gracias al alto perfil de sus vinos, como también Estados Unidos y varias regiones de Europa, han utilizado el éxito de sus vinos como una herramienta de marketing para atraer visitantes internacionales. Este es un gran momento para el enoturismo en el mundo.

En Argentina, son más de 160 las bodegas que reciben a los turistas para transmitir su cultura y sus tradiciones. Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro y Córdoba son las 8 provincias que dan asilo a bodegas boutique, industriales, tradicionales y modernas.

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Sobre sierras y montañas, se trazan 16 caminos o posibilidades de acceder a hospedajes temáticos, gastronomía de la más alta cocina y servicios enoturísticos de nivel internacional. Como novedad, ahora podemos contar también a Tucumán como una flamante provincia que suma su propio y deslumbrante territorio de los Valles Calchaquíes a los posibles recorridos de los visitantes, con al menos dos o tres bodegas bien representativas de esa provincia.

Los mejores caminos conducen al vino

Al contrario de lo que muchos piensan, el enoturismo es una actividad que propone entretenimiento para todos, incluso para familia con chicos. Se sabe que Mendoza es el epicentro y acapara casi toda la atención, ya que concentra más del 80% de la producción de vinos.

Además, el marco de la Cordillera de los Andes propone un atractivo en sí mismo. Durante el verano las visitas a bodegas se multiplican, más allá que los enólogos estén de vacaciones, descansando y preparándose para encarar la nueva cosecha.

Las alternativas que ofrece el enoturismo son cada vez son más entretenidas y abiertas a todo público. Las actividades no solo se limitan a una recorrida por la bodega y los viñedos, terminando con la cata de los vinos en el wine shop. Hoy, las bodegas ofrecen experiencias en torno al disfrute del vino. Por eso la gastronomía es uno de los complementos más importantes y que mejor se ha desarrollado, pero no el único.

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El placer de descansar y disfrutar la naturaleza que ofrece el paisaje vitivinícola ha posibilitado la aparición de muchos lodges y hoteles boutique entre viñas. También, las bodegas entendieron que hay que entretener a todo aquel que se digne en ir hasta la bodega. Es por ello que en los programas hay actividades para todos los gustos, desde juegos infantiles y espacios para dibujo dedicados a los más chicos, hasta la posibilidad de convertirse en enólogo por un día.

El turismo aventura también forma parte de la oferta con caminatas, cabalgatas y bicicleteadas por los viñedos. También se pueden hacer deportes como golf y tenis, o relajarse en los diferentes spas.

Pero todo eso pasa a segundo plano, ya que el foco está puesto en la gastronomía para lograr que los visitantes vivan momentos únicos, siempre acompañados de vinos. El objetivo es que cada uno se lleve recuerdos inolvidables que puedan revivir cada vez que descorchen una botella en casa.

Epicentro, Mendoza

Existen muchos restaurantes de bodega en la Primera Zona (Luján de Cuyo y Maipú) para visitar antes o después de hacer las degustaciones, y el recorrido de esta “ruta del vino” se puede hacer en el Bus Vitivinícola, al mejor estilo hop on-hop off como en las grandes ciudades del mundo.

Pero a media mañana se puede empezar por visitar una pequeña bodega como Cruzat, la única dedicada exclusivamente a la elaboración de vinos espumosos bajo el método tradicional, que ofrece cuatro programas diferentes (en español, inglés y portugués). Un entretenido recorrido por la “fábrica de espumosos”, donde chicos y padres aprenden sobre todos los procesos: viñedo, producción, degustación y práctica de aromas.

Durante la degustación que hacen los adultos (3 espumosos a su elección), los chicos diseñan y pintan la etiqueta de la botella de Cruzat que se llevan sus padres de souvenir. ($430 por persona +18 años).

Para los amantes de las burbujas, hay una experiencia para conocer el exclusivo Cruzat Millésime 2006, el ícono de la casa. Contempla desde el manejo de los viñedos hasta el añejamiento en botella, con degustación del vino base para futuro Millésime, dos espumosos de la línea Cuvée y el Millesime 2006 ($590 por persona).

“Creando burbujas”, además de un recorrido por los viñedos y el área de producción, es una actividad que propone dejar de ser turistas para convertirse en “elaborador de espumoso”, agregando el licor de expedición a su botella, corcho, bozal y etiquetando a su gusto, más allá de degustar tres vinos ($460 por persona).

Otros destinos vínicos

Más allá de la Patagonia, con el Alto Valle de Río negro y Neuquén como protagonistas, la región vitivinícola más visitada después de Cuyo es, sin dudas, Salta. Con Cafayate como epicentro, allí hay numerosas bodegas que ofrecen hospedaje y alta gastronomía, como Patios de Cafayate en Bodega El Esteco y Finca El Recreo de la familia Lavaque.

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El Grace Hotel, en medio de un barrio privado de viña con campo de golf de 18 hoyos, es uno de los lugres más exclusivos elegidos por los visitantes. Un poco más arriba, la bodega Colomé también ofrece hospedaje y alta gastronomía.

Pero la gran novedad del enoturismo lo ofrece la costa argentina, donde también se puede disfrutar del enoturismo. Allí, hace un par de años inauguró Trapiche Costa&Pampa.

En esta bodega experimental, ubicada a sólo 6km de la zona marítima en Chapadmalal, se pueden vivir atardeceres de verano entre viñedos que reciben la influencia del mar, rodeados de increíbles campos que finalizan en el Atlántico Sur.

 Costa&Pampa propone una experiencia enológica única para poder conocer en detalle el proceso de elaboración de los vinos de influencia oceánica, recorrer los viñedos y hasta realizar un bike tour. Además de las diferentes degustaciones, para acompañar hay una propuesta gastronómica que incluye variedad de quesos y fiambres de campo.

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