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A 30 años del derrocamiento de Stroessner

La dictadura interminable

Entre la noche del 2 y la madrugada del 3 de febrero de 1989 se produjo la caída de uno de los dictadores más sangrientos y longevos de Sudamérica. El jefe del Estado, del Partido Colorado y de las Fuerzas Armadas ya no servía a unos ni a otras, y era una rémora en un continente que comenzaba a ser gobernado por regímenes democráticos.

   El hombre había combatido en la guerra del Chaco (1932-1935) y era miembro del Partido Colorado (ANR). Tras la guerra civil de 1947, sobre el final del gobierno de Morinigo, Stroessner encabezó un golpe de estado, tras el cual fue elegido presidente sin oposición. Pasado ese primer periodo, estableció una dictadura que duró desde 1954 hasta 1989. Su dominio comenzó antes del golpe de 1955 en la Argentina (él proveyó la cañonera en la huyó Perón), y terminó mucho después del retiro de la dictadura brasileña en 1984.

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Dictador Alfredo Stroessner Matiauda.

   La base de su poder fue el férreo dominio de las riendas del Estado, las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado: en todos era el jefe máximo. Desde ellos ejerció una feroz persecución política, incluso contra miembros de la propia ANR, proscribió a otros partidos, cometió miles de crímenes. Dio refugio al criminal de guerra nazi Josep Mengele.

   Obviamente, promovía el culto personal y premiaba a sus secuaces, muchas veces con tierras malhabidas cuya titularidad es causa de problemas en el país hasta hoy. Su eficaz sistema represivo empleaba espionaje, delación, secuestro, tortura, y desaparición. Para esto empleaba una extendida red de civiles pyragües (alcahuetes), que eran sus oídos y sus ojos entre la población.

Fachada

   Sin embargo, Stroessner supo mantener una fachada democrática con un Parlamento que emitía leyes, y elecciones periódicas basadas en la normativa constitucional, al punto que llegó a modificarla varias veces para que coincidiera con las necesidades de su dictadura. Su gobierno transformó la imagen del Paraguay heroico de la Triple Alianza hasta convertirlo en el ícono continental del tráfico ilegal. El dictador gustaba decir que “el contrabando es el precio de la paz”.

   Sin embargo, la “paz” era sólo para su gente. Desmembró a la oposición, inutilizó los sindicatos, asesinó a dirigentes de movimientos sociales y campesinos. Fue un militante aventajado de la Doctrina de la Seguridad Nacional y protagonista central del Operativo Cóndor, esa criminal asociación de las dictaduras del cono sur. Su época de oro fueron los 60 y 70, amparado en la “lucha contra el comunismo”, durante la cual la embajada estadounidense adquirió el destacado rango que aún hoy ostenta en Paraguay.

Economía 

   Además, Stroessner supo establecer relaciones con gran cantidad y variedad de países y regímenes: desde la Sudáfrica del apartheid, pasando por el Taiwán de los huidos de la China maoísta, hasta la Yugoslavia de Tito.

   En la década del 70 recibió el oxígeno económico y político de los acuerdos de construcción de las represas de Itaipú con Brasil y de Yacyretá con la Argentina, produciendo un boom económico que además convirtió a Paraguay en el mayor productor de energía eléctrica per cápita del mundo. El incremento del comercio mundial permitió un aumento de las exportaciones, recibió varios créditos de EEUU, y en el este se radicó gran número de colonos brasileños.

Declive

   Y ya en los 80, esa gran reactivación económica anterior había generado varios nuevos actores económicos que se agitaron con la crisis mundial de la década. Ya Stroessner y su gobierno representaban un retroceso para la nueva economía paraguaya. Lo sacudían las tendencias regionales a la democratización, y el cambio en la política exterior de EEUU, que ahora promovía “aperturas democráticas”.

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La escueta renuncia que ponía fin a 35 años de tiranía.

  Fue para el stronismo un período de descomposición, que incluyó peleas por la sucesión entre facciones de la ANR. El dictador estaba viejo (superaba en más de una década el promedio de vida del país), no había acuerdo en el reemplazo y no logró manipular a las facciones como antes. Su amañado manejo de la Convención de la ANR de 1987 (con destacada intervención de su secretario privado Abdo Benítez, padre del actual presidente), forzando la expulsión de un gran sector que se oponía a su nuevo periodo en el poder, y su decisión de pasar a retiro a altos cargos del Ejército que no le eran fieles, establecieron la base de la crisis que iba a estallar el 2 y 3 de febrero de 1989.

El golpe

   Los opositores políticos, con Andrés Rodríguez como mascarón de proa (consuegro de Stroessner, colorado y militar como él), planificaron la operación de derrocamiento para la madrugada del 3 de febrero de 1989. Rodríguez le exigió que firmara la renuncia al gobierno. El plan de acción rápida y certera se convirtió en enfrentamiento. El dictador se resistió, y se desataron sangrientos combates en los que se destacó Lino Oviedo, otro militar que luego iba a agitar durante largos años las aguas de la transición.

   Finalmente, Stroessner fue apresado y enviado de inmediato al exilio. Murió en Brasil el 16 de agosto de 2006, sin pagar por sus crímenes, y sin que los bienes malhabidos fueran cuestionados a sus familiares ni a sus secuaces. Es anécdota popular que, cuando supo quiénes integrarían el nuevo gobierno instaurado por Andrés Rodríguez, Stroessner dijo: “Están todos, menos yo”. Así nacía la democracia paraguaya que hoy cumple 30 años.

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