La dolorosa historia de Ángel y la lucha de Rosalía, su incansable mamá
Un accidente de trabajo en 2016 dejó al joven cuadripléjico y con lesiones neurológicas irreversibles. Sin obra social hoy vive gracias al cuidado de su madre.
Ángel Morales vive en el centro comunitario Güiraldes porque la vivienda de su madre, Rosalía Giménez, no reúne las condiciones indispensables para su cuidado.

Hace dos años, mientras trabajaba en una obra de construcción el andamio que lo sostenía tocó un cable de alta tensión y la fuerte descarga que recibió le provocó una parálisis casi absoluta.
En el episodio –ocurrió el 8 de septiembre de 2016- murió un primo. Los dos jóvenes eran parte de una cooperativa de trabajo y desempeñaban sus tareas en condiciones de gran precariedad, cuenta María Pucheta, de la asociación Apostando a la Vida, una entidad que da una mano a las personas que acuden al hospital Perrando.
Con lo justo
Como Ángel no tiene obra social que cubra los costos de alimentos, insumos de higiene personal o de cuidado de terceros, la madre se encarga de realizar las gestiones en cada estamento donde le sea posible asegurar lo mínimo.

Entre lo urgente están los dos litros de un producto especial con los nutrientes suficientes para que Ángel viva y es un producto costoso. La leche líquida Nutrison es uno de los insumos indispensables y a veces un verdadero drama para la mujer y su hijo. Como la situación conmueve a propios y extraños, no es raro que se suelan organizar colectas entre varios para comprar una partida.
“Las personas se acercan a llevarle una leche pero es para tapar un agujero, porque seguro necesitará mañana; mientras tanto el Estado hace oído sordo”, se queja María, que vive de cerca la situación porque los visita con frecuencia.
Remodelaciones
En el Iprodich obtuvo una cama ortopédica y una silla de ruedas. Sin embargo la cuestión de fondo es que la casa requiere de refacciones en la instalación sanitaria, una inversión que está muy lejos de las posibilidades económicas de Rosalía. Además la situación se agravó este mes con las intensas lluvias que afectaron de manera irremediable el techo de la modesta vivienda y todo resultó afectado. Por eso se trasladaron hasta el centro comunitario Güiraldes y allí permanecen a la espera de una respuesta de las autoridades que les permita mejorar las condiciones de vida del joven.

Que no se llegue tarde como con la niña wichi
Rosalía percibe una beca y pese a que en la provincia obtuvo el carnet de discapacidad, la pensión nacional se demora en llegar. Una vez que acceda se esperanza con que Ángel tenga cobertura de salud y los beneficios que necesita.
Sobre la cuestión de los arreglos en la vivienda una funcionaria de Desarrollo Social le dijo que por ahora no se podrá hacer la mejora ni el baño con adaptaciones porque no hay presupuesto.
“Da bronca que el Estado esté ausente en estas situaciones, para qué usan la Ley del Cheques, que es para discapacidad y adónde van estos fondos”, agrega María Pucheta.
Los cambios
Al margen de su condición actual la vida de Ángel cambió de manera drástica. Estaba en pareja y vivía en otro lugar. Como después del accidente su compañera se alejó, Rosalía sumió el cuidado de tiempo completo.
Al cuidado especial se suman las gestiones burocráticas y el estrés de no encontrar una salida pronto.
“Ella está todo el tiempo junto a su hijo. Ahora vino una familiar a cuidarlo mientras ella se va a hacer trámites y a buscar lo que necesitan”, describe María.
Por su casa pasaron varias personas que prometieron ayuda y después no se supo más.
Como en el caso de la niña wichi que estaba embarazada producto de una violación y falleció después de una cesárea –en el que tampoco sobrevivió el bebé- María plantea que espera que esta vez el gobernador no vuelva a decir que sea otro caso al que se llega tarde.










