Picudo algodonero en Argentina: ¿erradicación o convivencia?
La campaña agrícola 2017- 2018 no se destacó por la superficie sembrada pero si por los altos rendimientos de fibra de algodón por hectárea que se han obtenido, contrastando con los otros cultivos severamente afectados por la sequía.
Por Marcelo Gustavo Adrián Polak, FULCPA
Tenemos en Argentina productores de algodón que realizan el cultivo de manera eficiente, en rotación con otros cultivos y respetando las fechas de siembra, logrando un gran aumento en los rendimientos y en la productividad, obteniendo rendimientos de más de una tonelada de fibra por hectárea, ojala sirva esto de impulso para la consolidación de este cultivo que no inició de la mejor manera este nuevo siglo.

La falta de lluvia permitió una siembra más concentrada, esto perjudicó al picudo que completó menos generaciones, por tal motivo el control fue más sencillo, a pesar de esto, los que sembraron en diciembre y enero tuvieron que realizar varias aplicaciones extras de insecticidas para controlar la plaga. Con tan buenos rendimientos, y buenos resultados económicos, la recuperación de la superficie no será lo que podría esperarse, y tiene que ser una señal de alerta para todo el sector.

La productividad es la genuina base de generación de riqueza para cualquier sociedad que quiera progresar. En Argentina hasta hace unos veinte años, el cultivo de algodón aún sin buenos rendimientos de fibra por hectárea, se destacaba por tener los costos de producción más bajos del mundo, y no es que no hayamos mejorado, pero en otros países mejoró mucho más y los otros cultivos que se realizan en el país y que compiten con el algodón como la soja, el maíz y el girasol con un fuerte apoyo en investigación y desarrollo han logrado posicionarse de tal manera, que ni una mala campaña desalienta su producción.

Cultivo relegado
El cultivo de algodón hace muchos años que ya no es el primer cultivo en la provincia del Chaco, ni el segundo ni el tercero, y ha quedado relegado al cuarto o quinto puesto, a pesar de que podría generar más ingreso para los productores y movilizar la economía regional más que los otros cultivos. El picudo algodonero considerado por numerosos estudios como el enemigo número uno de la productividad actúa como un gran factor disuasivo. Otras causas que atentan contra la recuperación del cultivo son: los mayores costos del cultivo de algodón, falta de acceso a créditos, cosechadoras insuficientes, transporte costoso, comercialización más complicada, etc.
Para aumentar la productividad y volver a ser un país algodonero en vez de uno que realiza algodón deberemos devolverle competitividad a la cadena algodonera, desde la producción primaria con semillas con los últimos eventos biotecnológicos, créditos con tasas razonables, el picudo ya erradicado, industria textil con menos impuestos, energía a un precio competitivo y un mercado interno fuerte.
En Argentina intentamos evitar la dispersión del picudo, con un programa de prevención y erradicación del picudo algodonero, que salvo contadas excepciones, nunca pudo funcionar en plenitud, y no pudo evitar la dispersión del picudo algodonero, que le cuesta a los productores y en definitiva a la economía Argentina entre US$ 100 y US$ 200 por hectárea año. Si tomamos el promedio de siembra de algodón de los últimos años, con cooperativas y desmotadoras cerradas para acomodarse a una menor producción, sumaría cientos de millones de dólares en pérdidas para la cadena textil algodonera, es el costo de no tener un programa eficiente de erradicación del picudo algodonero, a pesar de las evidencias no hay un plan para que esto se revierta.
Ya para 1.999 un análisis económico de varios programas de erradicación del picudo algodonero en todo Estados Unidos, arrojó como conclusión una mejora significativa de la situación financiera del productor, al aumentar la productividad del cultivo por mayores rendimientos y menores costos de producción. En Brasil llegan a similares conclusiones, aunque al no poder erradicar al picudo algodonero, los costos se han incrementado, la plaga afecta todas las regiones productoras de Brasil, con un costo de US$ 250 por hectárea, además de las pérdidas de productividad e impacto sobre el medio ambiente y la salud humana.‘Se considera que el control del picudo genera un costo de US$ 200/ha, representados en 17 aplicaciones en promedio‘. Ya para el año 2013 se registró en Brasil un gasto de US$ 300 millones para el control de esta plaga en el área de siembra de 1,1 millones de hectáreas. Brasil es el tercer exportador de algodón del mundo, en los primeros meses del año 2015 ex-portó 313.000 toneladas, lo que equivale a US$ 480 millones. Sin embargo el país enfrenta limitaciones para el crecimiento de la producción principal-mente por los daños causados por el picudo algodonero, ya que puede alcanzar pérdidas hasta del 70 % de la producción.
Pocas trampas
En Argentina pocos productores utilizan trampas de feromonas como una práctica habitual, localizan los lugares donde los picudos sobreviven al invierno y comienzan el control antes de iniciar la siembra, realizan aplicaciones de bordes con maquinas turboso plantes, de esta manera el efecto nocivo del picudo disminuye. A pesar de los buenos resultados que se logran cuando la plaga se maneja, los controles no se dan de manera continua, en los años más secos el efecto de la plaga disminuye, dando una falsa sensación de seguridad a los productores, que suelen bajar la guardia y volver a ser sorprendidos en años más húmedos con pérdidas que no siempre logran poder cuantificar.
Que la información esté disponible, no significa que sea interpretada y aplicada correctamente, en nuestro país no se estimuló la formación de capital humano, y menos aún se hizo algún esfuerzo por armar equipos multidisciplinarios para luchar contra una plaga que se estaba expandiendo y debilitando una fuerte economía regional que también es la base de la industria textil del país. Tampoco hubo una fuerte decisión política de resolver el problema, como si hubo en Estados Unidos donde los productores de los estados del Sur exigieron a sus políticos que presionen a su Congreso nacional, para disponer un programa nacional de erradicación con un fuerte apoyo en la investigación y la extensión.
En este caso el éxito se debió a la fuerte iniciativa de los productores que supieron hacerse escuchar y exigir a sus gobiernos financiados con sus impuestos que trabajen para despejar los obstáculos que los estaban ahogando financieramente, especialmente el picudo algodonero que disminuía drásticamente la productividad. Se logró imple-mentar un programa cuyo altos costo se amortizó en tres años o menos en cada una de las regiones en que se aplicó.
Tuvieron éxito y lograron la erradicación de la plaga constituyéndose como organizaciones del ámbito local, generalmente había una a dos por cada estado, con pequeñas diferencias en la forma de organizarse y actuar, pero basándose en los resultados que se generaban en los institutos de investigación federales. En otras palabras el conocimiento se generaba de manera centralizada (para optimizar los recursos) pero el uso, la aplicación y la gestión de los recursos se administraban de manera local, y en el consejo directivo de cada fundación siempre había un productor o más de uno (que eran elegidos democrática-mente), los votos de los productores dependían de cuanto producían y no de su afinidad política. Los productores algodoneros participaban en las decisiones y tenían control de los recursos que se utilizaban en el programa.
Los desafíos
Los desafíos que tiene hoy el sector algodonero argentino son muchos, de los cuales, aumentar la productividad es el más urgente. En el caso del picudo algodonero, muchas de las actividades que ya realizan los productores, como aplicación de insecticidas, utilización de trampas de feromonas y destrucción de rastrojos, son las mismas que se realizan en un programa de erradicación, pero con un sistema que permite compartir información y coordinar tareas en toda el área productiva, lamentablemente no hay iniciado ningún programa que nos lleve por ese camino y los esfuerzos que realizan algunos productores se diluye por el descuido de otros.
¿Erradicación o convivencia?, parece que nos estamos inclinando por esta última opción, y cada vez más, que es como decir que nos estamos re-signando a la mediocridad, en vez de intentar el camino más difícil ( la erradicación) que nos podría volver más competitivos.
La manera más rápida e inteligente de conseguir algo es seguir los pasos de quienes ya lo hayan logrado. Si comenzamos con un plan ya probado podríamos literalmente convertir décadas de esfuerzos en años de logros. La meta de la erradicación total del picudo es completamente posible y podría devolverle competitividad al algodón, en lugar de controlarlo con numerosas aplicaciones químicas todos los años. Además de la mayor tecnificación, las unidades productivas han aumentado el número de hectáreas, la matriz productiva es ahora completamente diferente a la de hace treinta años cuando comenzó la dispersión del picudo en Argentina. Esto tendría que ser una oportunidad para acelerar los cambios que permita ser un gran país algodonero.
*Publicado en la revista de la Cámara Algodonera Argentina
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