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La inflación, un mal difícil de erradicar

Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), la inflación de 2018 alcanzó el 47,6 por ciento, convirtiéndose así en la más alta de los últimos 27 años. De esta manera, Argentina se ubica en el grupo de países con mayor índice inflacionario del mundo, en un ranking encabezado por Venezuela, y en el que también están naciones como Sudán del Sur, Irán, Yemen y Liberia.

“La inflación es la demostración de la incapacidad para gobernar”, dijo en mayo de 2014 el entonces candidato a presidente de la Nación, Mauricio Macri. La frase hoy es recordada por opositores a la administración de Cambiemos, que remarcan que el índice inflacionario registrado el año pasado demuestra, por un lado, el fracaso del Banco Central de la República Argentina (BCRA) para defender la moneda nacional, y por otro, la improvisación del macrismo a la hora de controlar los precios de los productos que más impactan en los bolsillos de los argentinos. Algunos economistas, en tanto, advierten que es poco probable que en 2019 la inflación descienda rápidamente y observan que las tensiones entre el valor del dólar y la tasa de referencia del BCRA seguirán impactando en el proceso inflacionario.

Pero más allá de la gravedad de la falta de control de la inflación, que se traduce en un duro castigo a amplios sectores de la población que viven con ingresos fijos y que a diario sufren la remarcación de precios en góndolas, hay un aspecto que merece ser analizado. Si durante la campaña electoral para llegar a la Casa Rosada el entonces candidato Macri prometió bajar la inflación y hoy la realidad muestra que está muy lejos de esa meta, cabe preguntarse cuál será la reacción del electorado al comprobar la enorme brecha que hay entre aquella promesa y la realidad que muestra que a tres años del inicio de la gestión de Cambiemos, el presupuesto de este año estima, con mucho optimismo, que el incremento de los precios no superará el 23 por ciento. El gobierno nacional confía en que la inflación se desacelerará levemente este año (que es electoral) y que eso bastaría para volver a prometer mejoras en el futuro. Sería algo así como el “estamos mal, pero vamos bien” que utilizó en los 90 el menemismo. Pero algunos economistas advierten que la suba de precios de este año podría ubicarse más cerca de 30 por ciento que del 23 por ciento calculado en el presupuesto.

Mientras tanto, la Argentina se mantiene en lo más alto del podio, junto a otros países del mundo que tienen las más altas tasas de inflación, con Venezuela y su dramática hiperinflación a la cabeza. Aquí, la administración macrista no ha logrado resolver uno de los problemas crónicos del país. Si se observa la región, salvo el caso venezolano, la mayoría de los países tienen índices de un dígito. Bolivia, por ejemplo, registró el año pasado una inflación acumulada de 1,5 por ciento, una de las más bajas en América del Sur; Uruguay cerró 2018 con un 7.96 por ciento; Chile, registró incluso una caída de precios y registró un 2,6 por ciento; Paraguay concluyó el año pasado con 3,2 por ciento; y en Brasil el índice oficial mostró un 3,75 por ciento para todo 2018.

La inflación vuelve a castigar, una vez más, a los bolsillos argentinos. Queda por ver qué pasará este año con el impacto que tendrá en las mediciones los fuertes aumentos de tarifas de servicios públicos anunciados por el gobierno nacional en la última semana de diciembre, sin olvidar que también aportarán lo suyo los incrementos de jubilaciones y los acuerdos paritarios. Al menos por ahora no hay ninguna señal que haga pensar que el índice de precios al consumidor dará buenas noticias en este año que recién comienza y que tiene la particularidad de ser electoral. Con este escenario de fondo también queda por ver qué pasará con el alto nivel de expectativas generadas por Cambiemos en relación a la lucha contra la inflación y cómo operará la desilusión que provoca este fracaso entre la porción del electorado que en su momento aportó su voto de confianza a la alianza gobernante.

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