El clima, a la clase política la puso de frente a la sociedad
El campo recibió un fuerte sacudón con el clima en el Chaco. Los forestales, llevan casi veinte días sin mover madera. Primero por las fiestas de fin de año, y luego por las lluvias que dejaron caminos intransitables.
“Tenemos gente parada, no las podemos llevar a los montes ni para raleo ni para hacer postes”, comentó un productor de la zona de Los Frentones. Los ganaderos tratan de almacenar agua que hoy sobra pero que puede faltar en invierno, y los agricultores, con una desazón de novela: sembraron con una expectativa de un girasol de 300 dólares por tonelada, y cuando cosecharon les pagan 212 a 220 dólares. La ecuación es simple. Pero a este problema, se le agregaron las lluvias intensas, que paralizaron la cosecha—que según fuentes privadas estaría en el orden del 70%-- con agua en los campos, lo que puede generar pérdidas que aún no han sido evaluadas.
Pero hay más: no hay piso para sembrar soja, en algunos por varios días, en otros menos, y justo en aquellos que se paró la siembra porque no había humedad, como sucedió al norte de Tres Isletas.
Ni para flojos, ni para “envalentonados” con coraza ajena
El Chaco no es para flojos, dicen. Pero tampoco debe ser para los que son funcionarios, sea legisladores o cualquier cargo que ostenten y sean solventados con el erario público y con aportes del sector privado, y no estén cuando las papas queman.
“Ya van a venir a pedir el voto…tenemos que repudiarlos, changos”, arengó un reconocido dirigente ruralista del interior.
“No, muchachos… no hagamos más profunda la grieta: seamos respetuosos aunque ellos no nos respeten ni estén enterados que nosotros aquí andamos chapaleando en el barro tratando de levantar el girasol: participemos, y abramos un espacio donde el campo esté unido, pero sin piquetes”, propuso otro productor, y enseguida, centenares de chacareros de toda la provincia y de distintos grupos de whatsapp se sumaron adhiriendo a la propuesta.
La sábana corta
Con algunos dirigentes y funcionarios de vacaciones, otros que están esperando el turno y, cabe destacar que otros se quedaron y en el caso del gobernador Peppo interrumpió su descanso, se desarrolló un fenómeno climático que terminó siendo una catástrofe.
En tanto, la sabana corta muestra lo que no se hizo de manera sistemática desde hace muchas décadas. El agua que inunda, las obras que no fueron encaradas y sobre todo, mucha gente, muchos productores enojados. Como contrapartida, algunos legisladores que en vano quieren aprovecharse de la situación y quieren llevar agua para sus molinos de la política vana.
Miren los campos y los caminos: “hay gente rogando a Dios para que mejore el clima…en nuestra zona hay camiones apilados que no pueden sacar ni el girasol ni la madera, pero mucho más feo aún: y camiones varados con madera tumbada en las banquinas cuando el martes pasado les agarró la lluvia”, comentó a este periodista una productora ganadera de Los Frentones.
Ese paisaje descripto, significa gente sin trabajar, familias que dependen de la actividad productiva. Y que hoy por el clima está con dificultades para alimentar a sus familias.
El agua descubre que hay otras cuestiones que van mucho más allá del glifosato y de los desmontes. Llegó la hora del sinceramiento y de ponernos a trabajar en forma conjunta.










