La inflación alejó el sueño de la casa propia
Los créditos hipotecarios en Unidades de Valor Adquisitivo (UVA), cuando se lanzaron, acercaron a muchas familias a la posibilidad de contar con un techo propio. Pero el proceso inflacionario se encargó de transformar ese sueño en una pesadilla.
Es que los compromisos asumidos con ese plan obligan a pagos mensuales que se actualizan cada mes, como sucede también con el total de la deuda, ajustados de acuerdo con el índice de precios al consumidor del Indec.
En un país con una economía estable, el sistema habría funcionado bien. Pero no es el caso de la Argentina que, como se sabe, sufre cada tanto las duras consecuencias del aumento generalizado de precios.
Las duras enseñanzas que dejaron las reiteradas experiencias inflacionarias y de hiperinflaciones de la historia económica argentina hicieron que los más memoriosos alertaran ya en 2016, cuando el gobierno nacional lanzó con bombos y platillos los préstamos UVA, que había que tener mucho cuidado con un sistema que daba por sentado que no habría inflación; y que si se presentaba un escenario de alta inflación (lo que finalmente ocurrió) y escasa recomposición salarial, los créditos se transformarían en una espada de Damocles para muchos argentinos.
Hoy se sabe que los pagos de los préstamos, ajustados por la inflación, treparon un 30 por ciento en seis meses y llegaron a un preocupante 47 por ciento si se suman los aumentos registrados a lo largo de todo 2018. Así, quienes asumieron el riesgo con estos créditos en un primer momento comenzaron pagando cuotas accesibles.
La noticia corrió por todo el país y el optimismo volvió a esperanzar a muchos argentinos que soñaban con la casa propia. Se estima que con este sistema llegaron a registrarse 24.000 nuevos propietarios por trimestre. Pero el sueño se derrumbó frente a la incapacidad del gobierno nacional para controlar la inflación, y los resultados están hoy a la vista: los deudores quedaron en un callejón sin salida.
No hay dudas de que frases como “el mejor equipo de los últimos 50 años” y “la inflación es lo más fácil de bajar” actuaron como disparador de entusiasmos de muchos argentinos que ahora temen no poder cumplir con el pago de la cuota mensual.
Una alternativa que tienen los deudores que se encuentran en esta difícil situación es solicitar que se les extiendan los plazos de pago, para que de ese modo se divida el monto adeudado en más cuotas de menor valor. Pero si la carrera inflacionaria no se detiene, quienes tomaron el crédito por montos que están al límite de su capacidad de endeudamiento temen que finalmente se les remate la vivienda ante la imposibilidad de continuar pagando las cuotas.
A diferencia de los antiguos créditos a tasa fija (que luego las recurrentes crisis por las que atravesaba el país se encargaban de licuar las cuotas), los préstamos Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) están indexados a través de la inflación. Cuando se pusieron en marcha y se ofrecieron al público, incluso los más entusiastas defensores de este sistema advirtieron que mientras la disputa entre salarios e inflación siguiera empatada no habría problemas para cumplir con el pago de las cuotas
Pero la inflación continúa ganando por goleada a los salarios; y quienes ven que las obligaciones mensuales que imponen los UVA ya superan el 25 por ciento de sus ingresos no exageran cuando dicen que se sienten defraudados y agobiados ante la posibilidad de perder lo que tanto costó conseguir, la casa propia, por el impacto de una crisis económica que no parece tener fin.
En octubre del año pasado, ante los reclamos de los deudores, el gobierno nacional fijó un tope de diez puntos porcentuales al desfase entre las cuotas de estos créditos y los salarios. Según se explicó en ese momento, lo que quedaba de cuota por encima de esa diferencia se le cobraría al deudor cuando la brecha volviera a estar por debajo de los diez puntos.
Sin embargo, para los tomadores de crédito la medida resultó apenas un paño frío en medio de una fiebre inflacionaria que sigue generando incertidumbre y desvelos en muchas familias argentinas que confiaron en quienes prometieron una economía nacional en crecimiento y una baja de la inflación a niveles más razonables.










