El amor y la contención van de la mano en la Fundación San Javier
Brindar espacios de contención y de promover al desarrollo integral de niños y niñas en situación de riesgo son pilares fundamentales en la Fundación San Javier de Resistencia, cuyo presidente actual es el párroco Marcelo Larotonda, que cumplió 25 años de importante labor solidaria en la comunidad.

El sacerdote de la iglesia homónima, Pablo Ferreiro, recordó los inicios de la organización, allá por 1993, cuya iniciativa surgió del sacerdote Jorge Lugones cuando estaba al frente del templo y vio la “necesidad de muchos niños y niñas que venían al lugar a pedir comida y refugio”, dijo.
La obra de la compañía de Jesús de los Jesuitas en Resistencia y en Argentina, integrada por sacerdotes, laicos y fieles ayuda de una manera sistemática a los niños que estaban en situación de calle en los noventa. En la fundación funcionan los hogares San Javier y Santa Teresita.
El primero alberga a ocho niños y en el otro a 13 mujeres, que llegan a la institución producto de medidas judiciales que determinaron que deban ser separados temporalmente de sus familias. Ferreiro resaltó la interesante tarea que realiza hace 15 años un matrimonio que demuestra el amor al prójimo.

“Laura y Walter son como los papás de chicas y chicos”. La pareja que vive en el hogar Santa Teresita por calle Franklin también es la figura materna y paterna que quizás varios niños no han tenido durante su infancia; “Les brindan amor, contención, cariño y educación”, sostuvo el sacerdote. En esa labor diaria también hay empleados que trabajan en los dos hogares que cocinan y que realizan tareas que necesitan las casas.
DESARROLLARSE EN UN AMBIENTE SANO
En los hogares de la Fundación San Javier se trata de que los niños puedan crecer en un ambiente sano, estudiando o formándose en un campito que se llama Los Girasoles. En la institución abierta a otros jóvenes y chicos con discapacidad se realizan tareas de agricultura, carpintería y vivero.
Un objetivo primero es el desarrollo integral de los niños, otorgándoles educación, por eso van a los colegios de la zona tanto en establecimientos primarios como en secundarios. Muchos terminaron la secundaria y se fueron del hogar; donde permanecen hasta los 18 años. Hay algunos que por necesidad no pueden egresar a esa edad y entonces todavía siguen viviendo en el lugar.
EL PROYECTO DE LA ALDEA

Ante esto último, Ferreiro expresa que el sentido de existir del proyecto de la aldea -iniciativa del sacerdote Miguel Ángel Arais- es darle una posibilidad a los chicos que deberían egresar de los hogares. En la actualidad hay algo construido para los mayores, para que puedan ir seguir realizando también diversas tareas laborales.
TAREA DE CONTENCIÓN

“La mayor parte de los chicos que llegan a los hogares provienen de un contexto violento, de situaciones conflictivas, de familias desestructuradas, de violencia que ellos han recibido en la primera infancia”, describe el padre Pablo.
El trabajo con ellos consiste en darle un espacio sano no solo de contención, sino también de promoción de las posibilidades que cada uno de ellos tiene. Ayuda médica y psicológica también se les brinda; pero principalmente a través de relaciones sanas: Laura y Walter crean un vínculo con ellos como una madre y como un padre que los cuidan, quieren y contienen, entonces los chicos también van sanando interiormente.
UNA GRAN FAMILIA
Para el sacerdote existen diferencias con otras instituciones públicas y de hecho hay varios chicos y chicas que llegan al San Javier o Santa Teresita y advierten el trato y vínculo que los cuidadores crean con ellos. “Es que no se trata solo de un trabajo que los cuidadores hacen sino de una dedicación para que cada uno de los chicos pueda desarrollar lo mejor que tiene”, sostuvo.
EL RESPALDO
Los hogares reciben un apoyo económico del Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social, sin embargo la ayuda principal también proviene de las parroquias San Javier y San Antonio y de la gente que ayuda con muchas donaciones, gracias a esas manos solidarias se pueden mantener las dos obras.
NUEVOS RUMBOS Y REENCUENTRO
Para los sostenedores de la obra, en los últimos 25 años la realidad es gratificada cuando se ven logros de quienes estuvieron de paso en ese lugar, teniendo en cuenta que la premisa del trabajo se sustentó en la solidaridad.
“Hay muchos chicos y chicas que han formado familia, que siguieron estudiando en una universidad y se recibieron, muchos tuvieron una carrera. Han podido iniciar una vida de forma autónoma muchas veces trabajando, después se casaron, formaron familias. Estos chicos siempre vuelven al hogar y nos solemos juntar para las fiestas, para Nochebuena y año nuevo”, comentó el padre Pablo. Varios de los egresados cuentan sus experiencias y es un aliciente para la tarea de quienes continúan trabajando en el acompañamiento de niñas y niños. Como dice la misión de la compañía de Jesús: el servicio de la fe y la promoción de la justicia es un acto de justicia.
OBRA DE LOS JESUITAS
El hogar es una de las obras de la compañía de jesuitas en Resistencia junto con la parroquia San Javier, con la casa de oración de Colonia Benítez y de la parroquia san Antonio. “Nuestra misión es la reconciliación y creo que lo hogares y la fundación San Javier es un aporte, primero que los niños y las niñas se reconcilien con su propia historia y después que tengan acceso a oportunidades que no han tenido en sus familias y que puedan crecer como hombres y mujeres de bien”, resumió el sacerdote.
Dónde llevar donaciones
Para el sostenimiento de los hogares San Javier y Santa Teresita se reciben donaciones a través de feligreses que concurren diariamente a la parroquia San Javier. Los alimentos no perecederos se pueden dejar en la sede de la parroquia de Colón 428 o bien preguntar por el sacerdote Pablo Ferreiro o el párroco Marcelo Larotonda.
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