El drama de un país con una economía sin crecimiento
El estudio comparado de las economías de países que aplicaron fuertes ajustes fiscales, combinados con una reducción del gasto público y suba de impuestos demuestra que, prácticamente, en todos esos casos, semejante experimento casi siempre termina en un rotundo fracaso. En ese sentido, distintos economistas coinciden en señalar que las políticas que ajustan en momentos recesivos, como el que hoy padece la Argentina, lo único que logran es profundizar la recesión.
Sin ir más lejos, basta tomar como ejemplo el caso de los países que participaron de la reunión del G20 que se realizó en la Ciudad de Buenos Aires: sólo Alemania y Corea del Sur pueden mostrar superávit fiscal, el resto no. ¿Cuál es la razón, entonces, por la que el gobierno del presidente Macri insiste con la receta de déficit cero? La respuesta no es simple, pero hasta los opositores bienintencionados advierten que la administración de Cambiemos aplica políticas que recomiendan viejos libros que muestran un mundo que ya no existe. Globalización mediante, hoy se tiene a un gigante como Estados Unidos que, de la mano de Donald Trump, se ha vuelto proteccionista, compitiendo con China que parece apostar más por el libre mercado.
Por estas latitudes, donde se optó por ordenar las cuentas fiscales, sin estabilizar primero financieramente la economía, los resultados no son para nada alentadores. Distintas consultoras estiman que el crecimiento acumulado de la economía macrista será, en el mejor de los casos, de cero por ciento. Vale recordar que, en realidad, la Argentina ya probó con el déficit cero. Fue en julio de 2000 cuando gobernaba Fernando De la Rúa y estaba vigente la convertibilidad. En ese momento, el Congreso aprobó una ley para poner en orden las cuentas fiscales. Se venía de una corrida cambiaria que comenzó en febrero de ese mismo año por la crisis de Turquía, que había devaluado fuertemente su moneda porque había levantado los controles de capitales. Pero el experimento no arroja los resultados que el gobierno nacional de entonces esperaba. Peor aún, lejos de mejorar el déficit que la Argentina venía arrastrando desde inicios de 1999, la situación empeoró y después vino el 2001. Se confirmaba así lo que hoy también advierten algunos economistas: los programas de fuerte ajuste fiscal agravan la recesión y no permiten retomar la senda del crecimiento. En el año 2000 la ley de déficit cero del delarruismo demostró ser ineficaz, ya que no logró detener la corrida contra el peso.
La historia no se repite, pero a veces rima, afirmaba con humor el escritor Samuel Langhorne Clemens, más conocido por el seudónimo de Mark Twain. La experiencia de nuestro país en materia económica le da la razón. Técnicamente, la Argentina está en recesión. Según el Indec, el PBI se desplomó un 3,5 por ciento en el tercer trimestre, continuando así la tendencia a la baja que ya había mostrado en el trimestre anterior. Para colmo, la Reserva Federal de Estados Unidos podría volver a subir las tasas, lo que generará problemas adicionales a la golpeada economía de nuestro país, que debe prepararse para la salida de inversores que, como ya ha ocurrido en situaciones similares, compran dólares en el país para adquirir bonos del Tesoro de Estados Unidos que se presentan más seguros y atractivos que sus pares locales.










