Tres noches a la intemperie por un lugar en el jardín de infantes
Una veintena de personas durmió en la vereda del jardín del barrio Santa Inés desde el viernes para asegurar un lugar. La inscripción comienza hoy.
En varios jardines de infantes de la provincia cada año se ve la misma escena: familias pernoctando en la calle a la espera de conseguir uno de los escasos lugares disponibles para un niño. En un barrio con más de 30 años de historia un grupo de acampantes repetía la historia para un familiar de dos o tres años, la edad con mayor demanda.
En el Jardín Maternal y de Infantes Nº 30 la totalidad de las salitas de cuatro años en dos turnos -mañana y tarde- está cubierta y sólo hay una decena de lugares disponibles para la inscripción que comienza hoy.

Para quienes esperan es poco claro por qué se cubren tan rápido esas vacantes, hablan de dudosos parentescos en las reservas de bancos, piden más transparencia y menos inconvenientes.
A la sombra de un arbolito se genera una conversación: una persona comenta que alguien le dijo que había que inscribirse por Internet, otra pregunta cómo hacen los que no tienen acceso a la tecnología o no la manejan bien. Una tercera persona agrega que el trámite es poco confiable porque también puede fallar o cargarse mal algún dato. Al final las tres posiciones acuerdan que lo mejor es ir personalmente.
ACUERDOS PREVIOS
La guardia del Santa Inés comenzó el viernes, casi al mediodía. Una mujer cuenta que cerca de las 17, cuando finalizó un acto de cierre del año calendario, una portera quiso sumarse en los primeros lugares de la cola pero las personas que estaban antes -desde las 13 y bajo el sol- se lo marcaron. Para evitar conflictos, las reglas son claras: hay un registro y se controla; si se deja el lugar vacío, se quita a esa persona de la lista. ‘Porque hay personas que vienen y se quieren meter de colados y no es así‘, explican.
Una adolescente tiene una casa de conocidos a una cuadra y la madre la suple cuando se va a bañar o duerme un par de horas a la siesta. Guarda el lugar para una mamá soltera que trabaja muchas horas diarias y acordó remunerarla, por eso la chica insiste en pedir mantener nombres en reserva, para honrar el acuerdo.

Entre las incomodidades de dormir a la intemperie menciona las ganas de ir al baño de madrugada y que el viernes a la noche refrescó bastante. Al lado hay otro joven, dice que el momento del día que se le hace más largo es la siesta. También es su primera vez acampando pero a diferencia de su vecina tiene más rotación porque hay más integrantes de la familia que van alternando en la silleta. Él también cuida el lugar, es para un conocido: ‘Iba a hacerle el favor de onda y él igual dijo que me iba a pagar‘.
ABUELAS Y MAMÁS
La primera en la fila es Paula Fernández, asegura que con la mayoría se conoce por su trabajo en un local del centro comercial del barrio. Está ahí por una nieta y bisnieto, los dos de la misma edad -dos años- y tiene la ventaja de vivir cerca para abastecerse de lo indispensable.
Mientras que Abigail Márquez, tereré en mano, cuenta que vive al otro lado de la Malvinas y si necesita algo avisa a su pareja que viene en la moto. A la pregunta sobre por qué elige ese jardín responde: ‘No tengo referencias, este año sabré bien, porque es la primera vez que mi hijo va al jardín‘.
Rosana Chávez y su nuera guardan dos lugares para unos mellizitos que entrarían a la salita de tres, en el turno tarde. ‘Creemos que son los dos últimos bancos‘, cuenta.
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